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Por
Hernán Diez
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Cada lector tiene para sí
mismo una especie de mapa mental en el que se puede seguir el
recorrido que ha realizado hasta llegar a un libro. En un
artículo de Cortázar, "Algunos aspectos sobre el
cuento", se la menciona a Katherine Mansfield. Tiempo
después, alguien nos habla de la autora en un bar, en un aula, en
una librería, en un cruce de calles cualquiera.
Cierta
vez, damos con un libro de Mansfield en una librería o en una
biblioteca. Este recorrido que sigue un lector –al que podrían
añadirse infinidad de variantes y detalles- es parte de una
lectura y de un viaje. Acaso la Feria Internacional del Libro sea
una agencia internacional de turismo o un shopping. Para
adentrarnos en este tema entrevistamos al escritor, editor y
librero, Héctor Álvarez Castillo.
(Héctor
Álvarez Castillo): La Feria del Libro es, ante todo, un enorme
supermercado, donde cada año se ven más puestos de saldos y
stands de libros comunes que de libros difíciles, raros,
distintos. Lo que se les ofrece a los lectores en el predio de la
Rural no dista demasiado de lo que éstos pueden hallar cualquier
día de la semana por la Avenida Corrientes, desde el Obelisco
hasta el dos mil. La diferencia está en la parafernalia y en la
experiencia de cruzarse con algún escritor por los pasillos, en
un stand o en una sala, con motivo de una conferencia o una
presentación. No debe dejarse de lado que en esas tres semanas,
las editoriales tienen la oportunidad de limpiar stock. Y por
cierto que algunas lo aprovechan muy bien. Lo positivo es que para
mucha gente, como salida social, se da la oportunidad de hacer del
libro una experiencia intensa durante ese día o en las horas que
dure la visita. Y eso puede ser disparador a posteriori de otra
relación más perdurable, constante. Nunca se sabe cuándo y
cómo nace un lector. Y entre libros siempre hay más
posibilidades que se dé esa comunión única que es la relación
del ser humano con el libro.
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Desde hace algunos años, pequeñas editoriales y diferentes
grupos vinculados al mundo del libro organizan ferias
independientes. ¿Qué alternativas te parece que ofrecen estas
experiencias con respecto a la Feria del libro oficial?
(HAC):
Las ferias independientes no dejan de ser dependientes de dos
cuestiones esenciales que hacen al espectáculo denominado feria
del libro: exhibir y comercializar el catálogo. Lo que uno lleva
hacia esos movimientos, que tienen una disposición al menos no
tan comercial, es cierta idealización acerca de la propuesta. Y
creo que esta idealización es correcta cuando abren un espacio
–sesgado en la Gran Feria– a autores y géneros que no
aprecian los grupos editoriales dominantes. Recordemos que estos
grupos son puntas de icebergs de capitales extranjeros que bien
pueden manejar una editorial, un supermercado o una automotriz. Al
editor que convive con esa visión del libro se lo percibe –desde
el armado de colecciones hasta la fabricación de autores a la
carta– más preocupado por hacer circular lo que la masa de
lectores consume fácilmente, que por atreverse a provocar a ese
mercado domesticado. Lo terrible es que esa mediocre demanda de
escribidores, que van desde la novela rosa hasta los textos de
autoayuda, es la que pasa, finalmente, a determinar el criterio
que conforma el catálogo editorial.
Lo
que las pequeñas editoriales, las ferias no-oficiales, los
recitales de poesía, las lecturas de cuentos, todo este tipo de
expresiones, tienen como primera función, es oxigenar el ambiente
adocenado por los suplementos culturales, que viven de la
publicidad de las grandes editoriales. No hay que ser muy sagaz
para descubrir cómo estas editoriales manejan el mercado desde
las vidrieras de las principales librerías de nuevo, hasta las
tapas de esos suplementos y sus principales contenidos. Cada fin
de semana nos sorprendemos ante la evidencia de que al mismo
tiempo coincidieron en dar con el escritor que está llamado a
convertirse en el nuevo clásico. Cuando las operaciones de prensa
son tan alevosas, sobran las palabras y los juicios.
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Sin duda, la literatura infantil es uno de los segmentos que más
vende en la Feria. El libro infantil está dirigido al niño y al
mismo tiempo a los padres. ¿A qué factores te parece que
responde la oferta de literatura infantil?
(AHC):
El libro mantiene –algo mágico hay en esto– un prestigio
social alto. Y como al niño se lo tiene como privilegiado,
regalarle un libro, acercarle un libro para su divertimento y
lectura, está bien visto, en primera instancia por aquel que lo
hace. El libro parece que opera brindándole un futuro distinto al
adulto que ese chico, que ahora depende de nosotros, algún día
será. Y nosotros queremos ser cómplices en esa gesta.
Al
mercado esto no se le pasa por alto y evalúa estrategias, toma
decisiones, abre colecciones, promociona tanto a autores como a
personajes. No deja pasar la oportunidad. Y crea clásicos,
digamos nacionales, contemporáneos, para las nuevas generaciones
de lectores. Algunos con más talento y originalidad que otros; la
mayoría presos de clichés y lugares comunes que me hacen dudar
de que por esa vía surjan lectores futuros que vean en el libro,
en la literatura –que es lo que amo- la puerta para una vida
más rica y profunda.
En
lo que hace a literatura infantil lo que más me molesta es esa
costumbre actual de pautar todas las colecciones. Estos libros son
para el nene de siete, éste es para el de ocho, éste es para
nenas, éste para varones. Y lo más triste es cuando los propios
padres, los abuelos, los tíos, caen bajo el embrujo de ese
criterio mezquino. En mi librería me cuesta buen trabajo
explicarle a muchos compradores que las niñas también pueden
leer La isla del tesoro, de Louis Stevenson. Y por cierto que no
creo que la saga de Harry Potter sea lo más aconsejable a la hora
de regalarle un libro a un niño, aunque –dada la fama alcanzada–
tampoco se debe perder la oportunidad de que ésa sea la llave que
abra la puerta de entrada al maravilloso mundo de la literatura.
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Héctor
Álvarez Castillo es
escritor, editor y librero (Dickens Libros, calle Cuenca, muy
cerca de Álvarez Jonte, en Villa del Parque).

Entre
sus principales obras, se cuentan: "El faro de la tempestad y
otros poemas" (poesía, 1991), "El prisionero. Historias
para una puesta teatral" (teatro, 2003), "Camino a
Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges y otros textos sobre
literatura" (ensayo, 2004), y las colecciones de cuentos:
"Metamorfosis" (2005), y "Gerstrauss o el
Amor" (2009). Recientemente, ha prologado y compilado el
volumen de ensayos y narraciones sobre vampirismo: "Los
Vampiros no nos dejan dormir" (2009) y el volumen:
"Cuentos de la noche" (2009). En el año 2008, la
compañía teatral Los Cazadores del Arte Perdido, bajo la
dirección de Charly Palermo, estrenó en el Teatro Macondo de San
Telmo su obra: "El prisionero. Una tragedia en soledad".
Ha colaborado en las décadas del ochenta y noventa con los
suplementos culturales de los diarios La Prensa y La Nación, de
la Ciudad de Buenos Aires, y con la revista "Proa",
entre otros medios.
También
ha escrito una serie de trabajos sobre distintos aspectos del
campo editorial. Los mismos pueden consultarse en:
www.barcoebrio.com.ar
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