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Edicion de Septiembre 2002 |
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Editorial A justos revueltos, ganancia de pecadores En la edición del mes pasado hicimos una nota que titulamos “Las penas son de nosotros.. los cartones y papeles son ajenos” Y en ella decíamos: “En el otrora granero del mundo, la gente tiene hambre y cuando hurga en las basuras buscando algo está cometiendo un delito, así son nuestras leyes. Las penas son de nosotros los papeles y cartones ajenos” Muchos piensan igual que el Sr. Macri, pocos lo dicen. Muchos hace poco tiempo atrás, en nuestro barrio, clamaban que a los pobres linyeras que dormían en los galpones de la estación los erradicaran definitivamente. Muchos cortaron las vías para impedir la invasión de villeros allá por julio del año pasado. Seguramente nunca hubieran imaginado lo que sus ojos hoy ven. Se habla de inseguridad, de violencia. Estamos asustados y no hay peor cosa que un humano asustado y desorientado. El fantasma de la indiscriminada violencia defensiva, el famoso anticuerpo para erradicar la enfermedad, es tan peligroso como la violencia actual. Ninguna institución pareciera estar libre de sospecha, sospechamos de los jueces, de la policía, de los legisladores, de los funcionarios de gobierno. No podemos distinguir el honesto del corrupto. Es como las clásicas comedias de enredos, donde hay dos personas iguales, uno es el malo y el otro el bueno por demás. Pero suceden muchas cosas hasta que se descubre la verdad. En el caso del ejemplo mencionado, siempre el final es feliz, pero lamentablemente en la vida real casi siempre termina en tragedia. Al dicho de “a río revuelto, ganancia de pescadores”, habría que agregarle “siempre pagan justos por pecadores”. Ahora, Ud. me dirá ¿quiénes los justos? ¿quiénes los pecadores? Para esos interrogantes les dejo la respuesta en manos de Don Arturo Jauretche: “Me acusan de falta de ecuanimidad... pero olvidan que estamos bajo la ley del embudo y terminan por creer que lo angosto del mismo no existe aunque pase por allá la casi totalidad del país...Con una sensibilidad de pétalos de rosas consideran falta de ecuanimidad la menor violencia, así sea verbal, de los oprimidos, del país oficialmente inexistente, pero sobre el que carga el peso de todos los sacrificios y responsabilidades. El país debe ser austero, prudente, amoroso, mientras les desborda la grasa a los que colocados en lo ancho de embudo gozan de todos los privilegios, ejercen el monopolio de los derechos cívicos y sociales y pueden injuriar y calificar sin comprometer la famosa “conciliación de la familia argentina” |
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