Edición de Septiembre 2002


ANTE LA FALTA DE AUTORIDAD...
  
BARRANCA ABAJO
La sociedad asiste, pasmada, al espectáculo de sangre, terror y muerte que nos ofrece una delincuencia fuera de control. El sombrío cuadro social lo completa la prepotencia de algunos inadaptados. La clase política sólo se ocupa de los próximos comicios y su permisividad genera sospechas.
                                                                                                                                
Por Sergio Varanzuela

Hace pocos días, el Ministro de Seguridad Bonaerense Juan Pablo Cafiero dijo que “hay sectores de la policía bonaerense que no piensan como yo”, Nadie se atrevió a decirle que, en realidad, es casi un país entero el que no piensa como él. Puede uno preguntarse qué lleva a los políticos a ser tan ineficientes y no encontrará respuesta; pero la hay. Todo comienza a aclararse cuando se conoce la “ideología” del hombre en cuestión. Imagínese usted a Sergio Schocklender “estudiando” los legajos policiales a pedido del “Juanpi” Cafiero.
Este último se espanta cuando escucha hablar de políticas autoritarias o políticos autoritarios que “quieren crear el pánico entre la población”, o sea que el mensaje es: “Los delincuentes, asesinos y secuestradores no deben causar pánico, pero un autoritario (que combata la delincuencia) si”.
Mi abuelita solía decir que una persona “que parece marica, habla como marica, y opina como marica, es marica”. Así, según mi abuelita, claro, el que justifica delincuentes, defiende a los delincuentes y persigue a los
que persiguen a los delincuentes es un delincuente y SANSEACABO.
¿Cuántos ciudadanos y policías murieron hasta ahora por estas políticas?
¿Porqué hay Jueces “garantistas” que se preocupan más por la seguridad jurídica del delincuente que por la vida del policía? ¿Alguna razón ideológica quizá?. ¿Qué importa más, la vida de un inocente o las condiciones carcelarias de los asesinos que tanto desvelan al “Juanpi”?.
Pero, si a un juez distinto a los mencionados, se le ocurre combatir al narcotráfico, a ese si: “prisión” por meterse con los poderosos a los que periodistas de “mal cartel” llaman todos los días desde la televisión o la radio y se pelean para hablar con ellos. Rialmente, uno no sabe qué pensar.
Estamos en manos de esta clase de gente, de “argentinos basura”. Indigna ver la prensa que tienen los familiares de los delincuentes y aún ellos mismos.
Nos da asco ver como, luego de la aparición del cadáver de Diego Peralta en El Jagüel, las “bestias” saquean negocios de comerciantes honestos solo porque: “Estamos jugados” como suelen decir. Y ¿el comerciante, qué?.
Y los secuestros, ya no de poderosos industriales, sino de cualquier persona que tenga la “desgracia” de tener un auto o una casa pasables.
Los cortes de ruta, calles, las marchas y escraches a toda hora, en todo lugar y por los motivos más inverosímiles. ¿queres pasar? sos un “carnero” y pobre tu auto. Mientras tanto, una oficial bonaerense evita uno de los tantos robos que su madre sufriera en su almacén, hiriendo al delincuente (que, usted ya sabe, roba porque está jugado) y al intentar detenerlo (porque éste abrió fuego) una chusma de lanza y boleadoras (lo atávico incide) asalta la casa y el almacén de la damnificada, destrozan todo y quieren linchar a la oficial.
¿Sigo sumando? Los “descerebrados” por las drogas nos pintan con aerosol nuestras casas, nuestros monumentos, nuestras plazas y todo lo que se les ocurra; ¡Cuidado con decirles algo! ¿Cómo prohibirles la libre expresión?
Y circulo en bicicleta o en moto a toda velocidad y en contramano, y si te atropello además te insulto ¿o no soy un “motoquero”?
Y pongo mi puesto de venta callejera en la puerta de tu casa y no me importa si podes salir o entrar por que “Yo estoy laburando, vieja” te espetan.
Y vendo drogas a la luz del día y en la plaza; decirles “algo” es una sentencia de muerte, ¿hacer la denuncia?, acordate de Bernasconi.
Entonces nos preguntamos ¿Qué nos pasó a los argentinos?.
Permitimos que toda esa lacra moral nos maneje la vida, por que la ley no se impone o no se aplica, porque la autoridad no existe y porque nosotros se lo permitimos. Cuando la ley, el orden y una sociedad sana ponga “violentamente en caja” a los “inadaptados”, se acaban los problemas en un abrir y cerrar de ojos. Es muy simple: “O ellos nos vencen o nosotros los frenamos”. Por el momento, nos seguimos “colombianizando”. Tiene que llegar la hora de los biennacidos o los malparidos nos seguirán amargando la vida. Existen derechos legítimos y hay un orden natural que ninguna ley cubre. Nos están haciendo un gran mal, van a recibir un gran remedio.
 

 

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