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El
Club Comunicaciones, conocido, entre otras cosas, por sus famosos
bailes de carnaval, fue fundado en 1931 por empleados de la
compañía de Correos y Telégrafos, siempre perteneció al Correo;
y su estatuto sólo permitió que sean socios activos los empleados
de este. A pesar de ello siempre contó con una gran cantidad de
socios externos.
Actualmente,
la institución ocupa el predio ubicado en el barrio de Agronomía;
éste fue conferido por el Estado a la entidad en el año 1954
cuando el Congreso Nacional aprobó la Ley Nº 14.313 que cedió
"a favor del Club Comunicaciones la fracción de terreno
propiedad del Estado Nacional Argentino, (…) con una superficie
total aproximada de 20 hectáreas, para ser afectadas a las obras y
demás instalaciones necesarias para el desarrollo de las
actividades deportivas, sociales y culturales de la mencionada
institución".

Julio
Marsano explicó que el club se endeudó porque al pertenecer
históricamente al Correo Argentino – de propiedad estatal -,
todos los trabajadores postales aportaban una cuota que se les
descontaba del sueldo. En la década de los 90 la situación cambió
abruptamente con la privatización del Correo y la afiliación dejó
de ser obligatoria, la pertenencia al club pasó a ser voluntaria y
como la mayoría no usaba las instalaciones deportivas y recreativas
ese aporte desapareció.

Como
radiografía de la decadencia que sufrió el club con el paso del
tiempo, se puede tomar el número de socios: en sus mejores épocas
llegó a 50 mil, cantidad que decreció y ahora está cercana a los
tres mil.
Desde
el año 2000, cuando terminó la convocatoria de acreedores, hasta
ahora el club está en situación de quiebra. Existen numerosos
acreedores: ex empleados; gente que brindaba servicios a la
institución, Rentas de la Ciudad (se debe el impuesto Inmobiliario)
y la AFIP, entre otros.
Este
es el octavo año que Comunicaciones funciona bajo la ley de
fideicomiso (conocida como "ley Racing"), es administrado
por el Juzgado Nacional de 1° Instancia en lo Comercial Nº 7,
Secretaría Nº 14, a cargo del Dr. Fernando D’Alessandro. Este
magistrado nombró un órgano fiduciario que administra la
institución integrado por un abogado, un contador y un especialista
en deportes.
"Una
de las falencias más grandes que tiene esta ley es que la gente que
conduce el club no lo conoce" criticó Marsano, quien agregó
que no hacen nada para que mejore la situación, sólo administran
la quiebra para que las cuentas cierren. Además, denunció que
"durante todos estos años se les han presentado innumerables
proyectos, muchos de ellos sin costos, que eran muy favorables
porque eran socios que querían mucho al club, (…) pero ni
siquiera recibieron una contestación, desestimaron las propuestas
sin considerarlas".
Al
respecto sugirió que debería modificarse la ley para que el club
pueda ser conducido por su propia gente, controlada por el
fideicomiso.
Una
de las propuestas de saneamiento del pasivo, normalización
institucional y levantamiento de la quiebra que recibió el juez D’Alessandro,
que tenía la oposición de los socios del club, fue la de la
Federación Argentina de Trabajadores de Edificios de Renta y
Horizontal (FATERYH), dirigida por Víctor Santamaría. La misma
había tenido muchas probabilidades de ser concretada, pero
finalmente fue rechazada por el juez.
Una
de las varias razones con las que el tribunal argumentó la negativa
hacia la FATERYH fue la pretensión del sindicato de "mantener
las disciplinas deportivas que se practican en el Club a que las
mismas no resulten ‘inadecuadas`, ‘deficitarias` o ajenas a ‘su
interés`". En buen romance: hubiese tenido el poder para
suprimirlas.
Julio
Marsano, representando a los socios, manifestó que dicha oferta era
"una compra encubierta a precio vil de la institución de parte
de la FATERYH" y explicó que el sindicato de los porteros iba
a hacer inversiones en el club por 1 millón 500 mil pesos y en un
período de 10 años terminaría con la quiebra, "lo cual nos
parece que es una manera de trabajar y levantar la quiebra con lo
mismo que va produciendo el club". Y añadió que, en una de
las cláusulas querían hasta cambiar los colores del club (amarillo
y negro, distintivo de los colores internacionales del correo).
También afirmó que de haberse aceptado la oferta de la FATERYH, en
un período de seis meses todos los empleados de la federación
podrían haber sido socios activos del club, lo cual les hubiese
permitido tener la conducción total; en este caso los socios de
hace más de 20 años quedarían de lado.
Por
su parte, la dirigencia del club está trabajando con un grupo
empresario inversor que respetaría la filosofía de la
institución, mantendría el estatuto y estaría de acuerdo en que
la gente del club se encargue de la conducción. Sólo se limitaría
a hacer las inversiones necesarias y tendría un plazo suficiente de
años de contrato para recuperar la inversión y obtener ganancias.
Sin
embargo Todavía no se sabe el destino que tendrá el club de los
carteros, donde los vecinos desarrollan gran cantidad de actividades
deportivas, entre ellas: fútbol, handball, hockey sobre césped,
hockey sobre patines, levantamiento de pesas, lucha olímpica,
patín artístico, pelota paleta, taekwon-do, tenis con paleta y
voley femenino, todas con nivel de federado. Simultáneamente, se
practican deportes como: baseball, básquet, gimnasia localizada y
musculación, gimnasia rítmica y Hata yoga. Por razones de
infraestructura sólo en verano se utilizan las piletas, que están
al aire libre, para la práctica de natación.
Conjuntamente,
dentro del predio, funciona el Instituto Comunicaciones, una escuela
de nivel inicial, primario y secundario, recuperada por sus docentes
quienes formaron una cooperativa de trabajo; dos centros de
jubilados y el centro cultural "Comunidad integrada".
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