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Enrique y Susana: CARTAS DE AMOR
Don Enrique Palacio: ¡PALACITO! Cartero y Amigo.
Por Ignacio Di Toma Mues
Enrique me cuenta de su historia, como tejiendo calles
logró ser millonario en amigos: "No tengo un mango,
pero en la calle soy Gardel , soy millonario del
mundo". ¡Palacito! ¡Palacito!, es el saludo
constante a su paso. Condarco, Bolivia y al fondo los
pabellones, pares de Artigas hasta Mosconi, cuarenta años
y más llevando buenas y malas, esperanzas y certezas.
"Siempre estoy de buen humor, me gusta hacer chistes,
aunque también uno tiene lo suyo", nos dice Enrique
David Palacios.
Susana, su mujer, me trae un café mientras Enrique me
cuenta su historia: "Cuando terminé sexto grado mi
viejo me dijo, estudiás o trabajás, y a mi estudiar no
me gustaba. Me consiguió un trabajo como cadete en una
ferretería y laburé desde los 13 hasta los 17 años en
ese lugar hasta que mé aburrí. Luego entré a trabajar
en una casa de electricidad en la calle Uruguay y
Córdoba. Un día trabajando casí me electrocutó, estaba
arreglando una de esas arañas grandes , como de cuarenta
luces, y no quise saber más nada". "Nos mudamos
a Colegiales y entré en una algodonera; trabajaba de las
nueve de la noche a las cinco de la mañana. Un amigo me
preguntó si quería entrar al correo y durante un tiempo
hice los dos trabajos a la vez. Mi mamá me convenció
para que dejará la algodonera y me quedé nomás en el
correo." Desde 1948 hasta 1989, se dedicó a
conquistar amigos y corazones: su verdadero oficio.
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La Familia
Enrique es el menor de tres hermanos, el mayor era gerente
en Obras Sanitarias y el del medio cantor de tangos. Tiene
un hijo, Jorge Eduardo -también conocido, para la
alegría de los pibes, como el payaso Virulana-, y su
esposa Susana: "me conoce desde que yo tenía 9
años, cuando comenzó en la zona. Me fui haciendo
señorita, empezó con sus infaltables bromas y al final
me conquistó". |

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Anécdotas
En Condarco al 5700, más o menos, vivía un señor de
apellido Fernández, anciano ya. Durante meses aguardó en
su puerta con ansiedad mi pasada. Esperaba
desesperadamente la citación para el primer cobro de su
jubilación. Y yo siempre con la misma respuesta: "No
hay nada señor Fernández". Por fin, recuerdo como
si fuera ahora, un sábado la gran noticia. "Carta
para el señor Fernández".
No olvidaré nunca la alegría de aquel rostro.
¡Que poco duró! El lunes siguiente noté un raro
movimiento en la casa, ¿qué habrá pasado?,
me pregunté.
Enseguida tuve la triste respuesta: estaban velando al
señor Fernández.
Su corazón no resistió la tremenda emoción.
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PALACIO
de Felix Coluccio
Ilustración Dario Peruchena
Desde siempre
Recorrió las calles
De la villa.
Conoce uno a uno
A los vecinos,
Y era feliz
Cuando entregaba
La misiva esperada
Del, del hermano
O de la amada.
Palacio era un poco
El mago que hacía ciertos
Sueños y esperanzas,
Aunque a veces
La carta que llegaba,
Traía una pena
Hecha tinta y papel.
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Quién no lo recuerda
Cartera al hombro
Andar feliz
De casa en casa
Con su grito de guerra
¡ Cartérooooo...¡
Sabiendo con certeza
Si entregaba una dicha
O un desconsuelo...
Los años de cansancio
Y de fatiga, ya se fueron
La nostalgia
De su figura amiga,
La sonrisa
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Que siempre regalaba.
A veces, en la mañana
Hechas de sol,
Un fantasma
Recorre Pueyrredón
Con la cartera repleta
De cartas, libros y revistas
Se detiene y grita:
¡ Cartérooooo...!
Nadie lo ve,
Pero yo sé
Que allí está Palacio
Repartiendo...
Porque quedó la memoria
Del cartero más querido. |
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