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Ignacio Di Toma Mues
Noviembre 2006
Año V | Edición N° 52
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Noviembre 2006
El Programa Cultural en Barrios cumplió recientemente veintidós años de su creación, dispone de 38 centros que funcionan en distintas zonas de la ciudad y emplea a 400 docentes que coordinan 1.200 talleres, que cuentan con 40.000 vecinos inscriptos. Pero la gran mayoría de los centros no tiene sede específica, los docentes trabajan en condiciones precarias, el Programa carece de proyecto y la orientación es más recreativa que formativa. Este trabajo describe distintos aspectos, plantea la problemática laboral y examina esencia y objetivos del Programa.
Por Haydée Breslav,
para la Cooperativa de Editores de Publicaciones E.B.C.
La problemática laboral
El 24 de octubre último, funcionarios del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad, encabezados por el subsecretario de Gestión Cultural, Roberto Di Lorenzo, se reunieron con miembros de la junta interna de la Asociación de Trabajadores del Estado -ATE- que representan a los trabajadores del Programa Cultural en Barrios y del Circuito de Espacios Culturales. En la oportunidad los funcionarios se comprometieron por escrito a elevar los meses de contratación a doce, a partir del 1º de enero de 2007, y a abrir una paritaria sectorial de cuya fecha se informará el 1º de noviembre próximo. Representaron a los trabajadores Carlos Briolotti y Daniel Conte, acompañados por el secretario general adjunto de ATE Capital, Rodolfo Arrechea.
En consecuencia, los trabajadores decidieron suspender la serenata artística que habían decidido realizar el 27 de octubre frente al domicilio del jefe de Gobierno, Jorge Telerman, para reclamar condiciones laborales dignas. Entre las principales reivindicaciones se encuentran el pase a planta permanente, un aumento salarial que contemple el índice de inflación y trabajar durante todo el año.
La reunión es el resultado de actividades y gestiones realizadas por los trabajadores en procura de soluciones a problemáticas que afectan no sólo a sus condiciones laborales, sino también al funcionamiento de los centros, como la falta de mantenimiento edilicio y de insumos, y la carencia, en muchos casos, de sedes específicas: la mayoría funciona en escuelas, fuera del horario de clases de éstas.
Según informa el Gobierno de la Ciudad, el Programa cuenta con 38 centros culturales diseminados (sic) en toda la Ciudad de Buenos Aires; alrededor de 400 docentes coordinan aproximadamente 1.200 talleres. Cada centro está a cargo de un coordinador, que es quien decide qué cursos se dictan, y designa a los respectivos docentes; cuenta asimismo con uno o dos promotores, cuya función consiste en promover las actividades del centro y establecer vínculos con las demás instituciones barriales, pero que en la mayoría de los casos se limitan a cumplir tareas administrativas. Además de los docentes, los centros tienen personal administrativo y de limpieza.
Los trabajadores prestan servicios bajo la figura de contratos temporales y precarios, sin el reconocimiento de beneficios como la antigüedad; en el caso de los docentes, los contratos duran sólo de marzo a noviembre, con la particularidad de que empiezan a trabajar antes de haberlos firmado y cobran el salario tres meses después de haber comenzado sus tareas.
En cuanto a los haberes, un coordinador de centro cultural percibe $831,24; el personal de limpieza, $870; un docente que trabaja todos los días no alcanza a cobrar $730. Cabe destacar que desde 1987 no se otorga a estos trabajadores, que no tienen ningún tipo de regulación escalafonaria, un aumento de salario.
Esencia y objetivos
El Programa Cultural en Barrios, dependiente del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad, fue creado el 12 de julio de 1984 por decreto Nº 3967 del entonces intendente municipal de Buenos Aires, Julio César Saguier, de acuerdo con "la propuesta presentada por la Secretaría de Cultura tendiente a implementar un programa recreativo cultural"; el titular de esa Secretaría era Mario O’ Donnell. (el destacado es nuestro).
Entre los talleres que se ofrecen, junto a los tradicionales -literario, dibujo y pintura, teatro, canto coral, etcétera- funcionan otros como acrobacia, autoestima, cirio, decoración de tortas, maquillaje, peluquería, recreación, velas artesanales y zancos, por no citar más que algunos. Son raros, por el contrario, los dedicados a estimular el pensamiento crítico, el debate y el intercambio de ideas.
Todo esto hace suponer que se le ha asignado al Programa una finalidad de contención, o de solaz y esparcimiento, en consonancia con la posmoderna concepción de la cultura como espectáculo; según lo define la politóloga Silvana Nobile, se trataría de "una versión vecinal de la industria del entretenimiento".
Contribuye a afirmar esta presunción la ausencia de una política coherente que tienda a darle identidad y sentido al Programa; los propios trabajadores dicen que "no hay un proyecto que le dé entidad", y han planteado en asambleas "la falta de un estatuto que defina para qué y cómo se trabaja", así como "el perfil de coordinadores, promotores y docentes, y la modalidad de ingreso al Programa", que en sus 22 años de funcionamiento no ha organizado concursos.
"Una herramienta desaprovechada"
Para el comunicador social Pablo Zamorano, que trabajó para el Programa coordinando talleres de periodismo, "si bien la idea primaria del Ejecutivo al instituirlo fue el entretenimiento, como se desprende del texto que lo creó y de declaraciones de funcionarios en su momento, el Programa podría ser una excelente herramienta a disposición del Gobierno, y sobre todo de los vecinos, para desarrollar expresiones diferentes de la cultura espectáculo, que son las que actualmente están proliferando; durante estos años se perdió un tiempo valiosísimo y una oportunidad para generar expresiones culturales propias."
"Por el contrario", explica, "las políticas de los gobiernos de turno variaron entre utilizar la existencia del Programa como mera propaganda de su gestión, hasta los intentos directos de vaciamiento y liquidación o cierre; siempre supeditadas estas políticas a los intereses de los funcionarios, que no vacilaron en entregar el control de centros culturales a punteros adictos. Algunos de estos centros funcionan como pequeños feudos a manos de sus coordinadores, quienes los consideran como de su propiedad y organizan las actividades a su gusto y conveniencia, sin tener en cuenta los requerimientos y aspiraciones del barrio."
A su juicio, esta situación se deriva de "una falta de objetivos, de estrategias políticas y de esencia del Programa, que nunca los tuvo", y ejemplifica: "no se han realizado estudios serios sobre la identidad de cada barrio y las necesidades y aspiraciones de los vecinos; no se han tenido en cuenta los aspectos socioeconómicos, históricos, tradicionales, etcétera."
En estas complejas circunstancias, rescata la iniciativa y el empeño de los trabajadores: "Aun cuando el Gobierno de la Ciudad se sirve de este Programa para promocionar su gestión cultural, son los trabajadores quienes lo sostienen; gracias a ellos, y al apoyo de la gente que ellos convocan, se han logrado en forma aislada expresiones muy dignas e interesantes, que demuestran que el Programa podría ser una excelente herramienta si se lo pusiera al servicio de la participación popular para la construcción de una cultura alternativa a la hegemónica."
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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