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Ignacio Di Toma Mues


Diciembre 2006
Año V | Edición N° 53

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Diciembre 2006

Edicion Diciembre 2006


Paco mata en la Ciudad

Por Martina Noailles,
para la Cooperativa de Editores de Publicaciones EBC

Nota relacionada: La desintegración

paco mural

Es una enorme masa de cemento gris. Un esqueleto de hormigón, ruina de una época paralizada en sus ladrillos corroídos. Desde su última ventana el cielo parece más cerca. En las habitaciones sin paredes de la planta baja, una aspirada más puede atraer a la muerte. Bajo su inmensa sombra negra sobreviven las casas chiquitas de un barrio de varios nombres. En la oscuridad de lo que no fue, los pibes comparten su pipa de desechos de cocaína entre ratas, tuberculosis, basura y murciélagos.

Ese fue el último lugar que pisó Carlos antes de llegar a la granja con su metro noventa y sus 48 kilos pegados a los huesos. En la abandonada estructura del "hospitalito" - un hospital construido, pero nunca terminado por el gobierno de Perón- "paran" a consumir paco muchos chicos y chicas de la Villa 15. O Barrio General Belgrano o "Ciudad Oculta", como se lo bautizó durante la dictadura, cuando los militares levantaron un paredón para esconderla de la vista de los turistas que venían al Mundial de Fútbol ’78.

"Yo interné a mi hijo, de 22 años, el 17 de agosto pasado", se presenta María Rosa. "Carlos trabajaba y estudiaba. Me tocó muy a fondo. Empecé a ver qué hacían, a buscarlos en los rincones. No hay lugares donde llevarlos. Es urgente que se abran granjas", enumera en frases inconexas pero que sin embargo resumen la situación que sufren muchas mamás que ven cómo sus hijos se van muriendo de la mano de la pasta base de cocaína y la pobreza.

Al igual que en otros barrios de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires, en la Villa 15 el paco y la falta de una política integral están dejando a los pibes cada vez más flacos, cada vez más expuestos, cada vez más solos. Ante lo imposible de no ver, muchas organizaciones y mamás de la zona se están reuniendo en busca de alguna respuesta. Golpean las puertas de hospitales, centros de internación, psicólogos, y trabajadores sociales para encontrar la manera de evitar que esta droga siga avanzando.

nene con el mural de paco de fondo

Es que el paco pisó la ciudad hace ya algunos años y su consumo se multiplica a un ritmo demasiado rápido. Su bajísimo precio, su rápido efecto y la gran adicción que genera física y psíquicamente la convirtieron en una droga "masiva". Llegó de la mano del cambio de la industria de la cocaína, de la instalación de laboratorios de cocaína en la Argentina, especialmente en el Gran Buenos Aires. Desde allí parten al exterior kilos de droga de "buena calidad", cuyas sobras y desechos terminan en las manos gastadas de pibes de barrios sin nada. Se re territorializa la narcoeconomía, se re territorializa el consumo.

"Nos juntamos con los chicos que vienen a pedir que los internen, también con mamás desesperadas. Convocamos hasta a los jardines de infantes para ver cómo transmitirles a los chiquitos, entre juegos, qué cosas están mal", explica María Rosa del comedor "El jardín de los abuelos" de Villa 15.

Pero las villas y los barrios más pobres no son los únicos destinatarios de la pasta base de la cocaína. También surca, invisible, los sectores sociales medios. Por lo menos eso es lo que se desprende de la investigación que realizó Intercambios, una asociación que aborda la problemática del consumo de drogas desde la perspectiva de reducción de daños. "Rápidamente siempre se mete en la misma bolsa el ser pobre, joven, drogón y chorro. Ese paquete estigmatiza. Sin embargo, en el estudio pudimos ver que aunque no se vea, aunque se realice de manera más privada tanto la compra como el consumo, también existen usuarios de paco en los barrios de clase media", aclara Alejandro Corda de Intercambios y agrega: "Lo que es claro es que, al igual que en otros ámbitos, casi no existe la asistencia".

Ante esta situación, una de las preocupaciones más grandes que surge entre las mamás y las organizaciones es qué hacer con los chicos. "Por lo general, el Sedronar (Secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico) los deriva a neuropsiquiátricos que los empastillan para frenar la crisis y los mandan a las casas. El sistema de salud no está preparado para atenderlos", grafica María Rosa, quien después de mucho caminar consiguió que el párroco del barrio le recomendara una granja de recuperación para su hijo.

Pero además de buscar sitios de internación, en distintos barrios se comenzaron a organizar actividades para los chicos, eventos al aire libre, talleres, microemprendimientos. "Hay que contenerlos, darles un espacio porque es un círculo... no hacen nada, no tienen trabajo, no tienen futuro...", explica Armando, un papá que aunque sus hijos no son adictos observó que los pibes están gran parte del día en la calle y decidió abrir un centro cultural.



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