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Ignacio Di Toma Mues
Octubre 2006
Año V | Edición N° 51
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Octubre 2006
Qué fue lo que hizo que Severo Lisanti se convirtiera,
de ser un modesto operario de una fábrica de galletitas,
en un peligroso revolucionario es el misterio más arcano
de todos los misterios que guarda el bodegón;
incluyendo el origen del inmundo café que hace el gallego.
Por Aldo Barberis Rusca
Las conjeturas son muchas y cada tanto el tema se reaviva entre los parroquianos, sobre todo cuando algún recién llegado pregunta acerca del misterioso poema que cuelga solitario en la pared del fondo, al lado de la entrada de los baños, ya casi ilegible por el paso del tiempo y la grasitud acumulada sobre el cristal que teóricamente lo protege pero que, algunos sospechan, intenta ocultar.
El poema es la última, y única, herencia del Revolucionario Inerte: Severo Lisanti. El único testimonio del breve pero febril periplo que lo llevó desde la apatía proletaria a la apatía revolucionaria y durante el cual produjo una innumerable cantidad de escritos que fue dejando abandonados en distintos lugares, sobre todo en la mesa de la ochava, y que el gallego no guardó y Lisanti no reclamó.
Dicen los que se jactan de haberlo conocido, y aún de haber leído sus inhallables cuadernos, que Severo llevaba ya varias décadas como operario de la fábrica de galletitas cuando tuvo lugar lo que algunos refieren como "la iluminación", "la revelación" o aún como el momento en que "al viejo se le voló la peluca".
Parece que Lisanti cumplía desde hacía años el horario de 6 a 14 con asistencia perfecta y estaba a cargo de la bañadora en chocolate para las vainillas, cubanitos y obleas. Al parecer era un hombre solo, sin familia ni amigos, que todos los días a las 14:10, trabajara o no; entraba al boliche, almorzaba el plato del día, dormitaba un rato (las piernas estiradas bajo la mesa, los brazos cruzados, el mentón clavado en el pecho) y se iba puntualmente 15:30. Esta rutina la mantuvo durante añares; siempre en la misma mesa, la de la ochava, siempre en los mismos horarios, siempre lo mismo.
Hasta que un día, en la mesa de siempre, apareció un diario matutino olvidado o abandonado por un cliente anterior y, quien hasta ese momento había sido un parroquiano habitual pero anónimo, se convirtió en Severo Lisanti, El Revolucionario Inerte.
Cuando el gallego le llevó el plato del día (según el patrón ternerita con arroz, según otros mondongo o lentejas) el cuarto de tinto, soda y una panera, el hombre estaba absorto y concentrado en la lectura del matutino como si nunca en su vida hubiera visto uno. Tanto que no tocó la comida ni la bebida; que luego de un rato fue retirada de la mesa, y seguramente recalentada y servida a otro comensal.
Severo leyó y leyó, de punta a punta y detenidamente todo el diario. Cada nota, artículo, editorial, reportaje, copete, epígrafe, solicitada y propaganda fue cuidadosamente repasada y, cuando cerró la página de las historietas, muy pasadas las 15:30, levantó la cabeza del periódico; con la mirada perdida y estupefacta recorrió el salón sin ver nada y emitió el primer manifiesto de lo que luego sería conocida como "La Revolución Inerte" o "Alerismo Revolucionario".
Este primer "Manifiesto Alerista" o "Declaración del Bodegón" fue breve pero contundente. Después de recorrer todo el salón con la mirada y, como si estuviera en medio de un trance extático manifestó: "Esto se está yendo todo a la mierda".
Claro que nadie, o casi nadie lo escuchó. Tal vez estuvieran jugando al truco o al tute cabrero, tan de moda por ese entonces; tal vez fuera la hora del noticioso, o el Narigón Cildañez estuviera editorializando sobre algún tema de actualidad. Lo cierto es que los habituales concurrentes al bodegón se convirtieron en involuntarios testigos, y hasta partícipes, del movimiento revolucionario más radical, fundamentalista y sedicioso que diera boliche alguno en el mundo entero y en toda la historia de la humanidad.
Nada se sabe de los fundamentos de La Revolución Inerte o, como más exactamente debería llamarse, del Alerismo Revolucionario. Solamente un breve y extraño poema nos da alguna pauta del pensamiento vivo de un hombre que, pudiendo estar destinado a ser un nuevo Marx o Mao, llegó a ser el mayor olvido de que se tenga memoria.
Además del poema "Bajo el alero" que, se supone, el mismo Lisanti hizo enmarcar y colgó donde se aún hoy encuentra, los más consuetudinarios parroquianos esbozan, de vez en cuando, solapadas alusiones a la doctrina alerista; pretendiendo haber leído uno o varios de aquellos curiosos cuadernos escolares de noventa y seis hojas, forrados en papel araña azul, con una etiqueta de bordes rojos centrada y sobre la parte superior de la tapa, escritos con una Scheffer de pluma descubierta muñida con cartucho azul lavable y con la caligrafía redonda y dibujada de escolar aplicado que aún hoy se adivina en el manuscrito del poema.
Según estos, para ellos discípulos, para otros mitómanos; en aquellos cuadernos se encontraba el pensamiento vivo del revolucionario inerte Severo Lisanti y, de haberse conservado hubieran adquirido la dimensión que hoy tiene "El Capital" o "El Contrato Social" pero que, si se encuentran perdidos es por que el propio Lisanti así lo quiso ya que no toleraba la posibilidad de que una sarta de exegetas inmorales y oportunistas desvirtuaran su doctrina que, por otra parte, se resumía en el primordial "Manifiesto Alerista" o "Declaración del Bodegón": "Esto se está yendo todo a la mierda".
Lisanti comenzó a escribir al día siguiente de emitir su manifiesto y lo hizo febrilmente y sin pausa durante los siguientes seis meses, el tiempo que duró su accionar subversivo. Al principio seguía con la rutina diaria; solo que en lugar de dormitar, después del almuerzo sacaba su cuaderno y su lapicera fuente y escribía hasta bien entrada la tarde, a veces hasta el anochecer. Pero durante el último tiempo llegaba al boliche muy temprano por la mañana y no se iba hasta entrada la noche.
En esos tiempos se lo veía desmejorado, poco aliñado y con una mirada atormentada. Sus ocasionales biógrafos dicen que estaba buscando un andamiaje teórico para su doctrina y que por más que escribiera y escribiera no llegaba a dar con una formula que tuviera la simpleza del "Manifiesto Alerista" y que al mismo tiempo marcara un plan de acción revolucionaria.
Poco antes del final se lo notaba seriamente perjudicado en su salud, muy frágil y enclenque. Caminaba con paso vacilante y discutía permanentemente con alguien a quien solo el veía, o tal vez el tampoco. Pero el fuego de su mirada parecía arder como nunca antes se había visto. Dicen que estaba llegando a la revelación definitiva.
Como era previsible, un día desapareció. Nadie se preocupó demasiado, aunque algunos insistan en que lo buscaron infructuosamente durante largo tiempo. En realidad al pobre Severo Lisanti nadie le llevó el apunte nunca, ni cuando desapareció sin dejar rastro; por más que hoy muchos se las den de discípulos.
Sólo algunos días después alguien reparó en el pequeño cuadrito que colgaba en la pared del fondo, al lado de la entrada de los baños. Un cuadrito que enmarcaba un poema escrito a mano con tinta azul lavable sobre una hoja rayada de cuaderno escolar y la caligrafía redonda de un alumno aplicado.
Severo Lisanti nos dejó solamente una frase y un poema. Nadie sabe si con ese escaso legado pretendía cambiar al mundo; tal vez solo pretendía entenderlo. Lo demás, los títulos, los nombres y las interpretaciones corrieron por cuenta de los exegetas, aquellos que el Revolucionario Inerte quería evitar.
Una frase y un poema de puño y letra es mucho más de lo que se conoce de algunos filósofos que marcaron la historia del pensamiento humano, ciertamente no es este el caso.
Vení, sentate
acercate un poquito
más la silla
aquí abajo no es
tanto lo que llueve
aunque el agua de
a ratos nos salpica
Mirá como se matan,
mirá como se va
desmoronando
el mundo;
acercá unas ramitas
al brasero,
da vuelta la bombilla,
hay poca yerba.
Mejor que nos
quedemos
en silencio
total, qué importan
ya nuestras palabras
si nadie nos escucha
Y lo que vos digás
ya lo escuche mil veces.
Dejá de hacer roncar
esa bombilla
Dame el mate y correte
El alero es angosto
y yo me estoy mojando.
Sabés. Va a ser mejor
que vayas yendo
Se ve que a vos
te gusta andar mojado
Y a mi con el brasero
y la pava me alcanza.
Si volvés a pasar,
Fijate si podés
traerme yerba.
Y si no te acordás,
no te preocupes
Agua me sobra
y este mate aguanta.
Trascripción del poema atribuido a Severo Lisantique se encuentra en la pared del fondo del bodegón, al lado de la puerta de los baños
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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