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Ignacio Di Toma Mues
Febrero 2007
Año VI | Edición N° 55
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Febrero 2007
En estos días hemos presenciado (por T.V.) manifestaciones que ofenden la ética y la moral. Y no estoy hablando de ‘‘Gran Hermano’’.
En Villa Soldati, Barracas y Parque Patricios vecinos indignados (así son calificados por los movileros) rechazaban la ubicación ‘‘permanente o transitoria’’ de las familias víctimas del incendio de ‘‘Villa El Cartón’’.
Vecinos que creen poseer la capacidad de la indignación a partir de su enfado, de su disgusto (inquietud causada por una contrariedad).
Se indignan porque creen ser dignos.
Humillan porque niegan esa condición en el otro.
Vecinos que creen ser ciudadanos a partir del pago de sus impuestos y de su carácter de propietarios.
Humillan porque niegan esa posibilidad al otro.
El escritor Damiro Sáenz, en el prólogo de su novela ‘‘La Patria Equivocada’’ dice que la humanidad ya no fue la misma cuando dejó de segar de rodillas el trigo con una hoz y enderezó su espalda e irguió su cuerpo empuñando una guadaña, aunque muchas veces después fue obligada a arrodillarse.
En el párrafo final de ‘‘La Patria Equivocada’’ la humillada le dice al humillador:
“Usted no entiende. Yo no quiero vengar la muerte de mi padre. Quiero dejar atrás dos recuerdos que me impiden vivir. Que haya cazado a mi padre como a un animal sarnoso; que lo haya dejado de a pie y obligado a caminar en cuatro patas implorando por agua. En la confitería, cuando usted hablaba de ese tigre, dijo: Qué puede saber de dignidad un ser que no conoce otra cosa que eso. Los hombres como usted no saben qué es la dignidad, porque no conocen la humillación. Mi primer patrón, un veterinario de provincia, siempre decía: El pescado recién conoce el agua cuando lo sacan de ella. Acá, sobre esta mesa voy a dejar una jarra de agua fresca, y voy a quedarme hasta oírlo suplicar por un trago de agua. Lo voy a dejar morir de sed, pero antes voy a saborear el nacimiento de su humillación. Y ver qué clase de dignidad demuestra ante la muerte.”
Muchos sucedidos y acaecidos han hecho de nuestra patria una patria equivocada.
Pero por suerte, muy de vez en cuando, ‘‘enmemoriando’’ el olvido, Héctor Roberto Chavero, más conocido como Don Atahualpa Yupanqui, vuelve a nuestros corazones para recordarnos aquello de:
“Yo tengo tantos hermanos que no los puedo contar y una hermana muy hermosa que se llama LIBERTAD’’
Por Ignacio Di Toma Mues
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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