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Ignacio Di Toma Mues
Octubre 2007
Año VI | Edición N° 63
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Octubre 2007

Entrevista con
José Luis Mangieri,
editor de
"La Rosa Blindada" y
"Libros de Tierra Firme".
Por Hernán Diez y Gabriel Fava
Hernán Diez (H.D.)- ¿Cuáles fueron tus primeras experiencias en el campo editorial?
José Luis Mangieri (J.L.M.)- Empecé en Eudeba, con Boris Spivacow, uno de los más grandes editores de nuestro país (sin olvidar a otro gran editor de poesía: Manuel Gleizer, que editó a toda la generación del 22). Luego trabajé en el Centro Editor de América Latina y después hicimos con Brocato (que era un excelente linotipista y poeta) "La Rosa Blindada".
H.D.- ¿"La Rosa Blindada" comenzó con la publicación de la revista?
J.L.M.- Comenzamos a publicar libros y después apareció la revista. "La Rosa Blindada" era una revista político-cultural. En esa época creo que no había revistas así. Nos acusaron de ser foquistas porque fuimos los primeros que publicamos a los vietnamitas, a Mao Tsé Tung. Además publicamos toda la línea del conflicto chino-soviético y tomamos partido por los chinos. También apoyamos la Revolución Cubana desde el principio. Creo que "La Rosa Blindada" fue la primera revista que publicó en América Latina un texto de Fidel Castro. Publicamos "El Hombre Nuevo", aquel ensayo tan conocido del Che; también un ensayo de Cooke y otro de Rozitchner, que tenía un título muy vigente: "La Izquierda sin sujeto".
Yo en esa época estaba afiliado al Partido Comunista, del que me expulsan en 1961 justamente por hacer "La Rosa Blindada". No era una revista anticomunista, para nada, pero en aquella época había mucho sectarismo, del cual ahora felizmente se curaron.
En libros publicamos a Gelman, Rivera, Lamborghini… todos autores que después fueron muy conocidos. En el staff de "La Rosa Blindada" estaban Carlos Brocato, Emilio Jáuregui, Juan Gelman, Carlos Gorriarena, Octavio Getino, Tito Cossa, Norma Aleandro, Ferrigno, Vera Gruner, Alberto Fischerman, Pino Solanas, entre otros. La revista tenía una tirada de seis mil ejemplares y se agotaban. En el caso de los libros, yo copié la experiencia de Eudeba de los cuatro libritos con una faja. Era para sacar nuestros libros de poesía: el de Brocato, el de Acevedo, el de Tuñón y el mío. Después publicamos a Bretch, a Touché, a Gelman, a Rivera y a Lamborghini. Así editamos varios centenares de libros y los nueve números de la revista. Esto fue así hasta el golpe de Onganía.
Gabriel Fava (G.F.)- Los famosos golpes…
J.L.M.- Uno a veces se dice: "qué fabuloso país sería este sin los golpes de estado". Uriburu lo tira abajo a Hipólito Irigoyen y de ahí entrás al problema de la depresión. Con Lanusse la cosa fue más liviana. Incluso llegué a publicar un libro muy importante: "La insurrección armada", y no pasó absolutamente nada. Digo esto porque mucha gente liga a Lanusse con toda la cadena de golpes y milicos, y creo que Lanusse fue otra cosa. Luego vino el golpe del 76.
H.D.- ¿Cómo se vendía la revista en esa época?
J.L.M.- En ese tiempo se dio un hecho que no se volvió a repetir: nuestros libros se vendían fundamentalmente en los centros de estudiantes y en los sindicatos. Creo que nuestro grupo era el único en el que todos éramos trabajadores (Brocato y Casal eran gráficos, yo trabajaba en prensa). Los libros tenían en la tapa la ilustración de un pintor que, como Gorriarena, Alonso y Onofrio, eran integrantes de la Sociedad de Artistas Plásticos. Todos militábamos en nuestros sindicatos, íbamos a las asambleas y teníamos una experiencia gremial. Por eso la revista pudo ser una revista político-cultural. Los otros grupos eran eminentemente distintos. Aclaro que no lo digo con desprecio, ellos hacían publicaciones importantes, como "El Grillo de Papel" o "Gaceta Literaria". Nuestra revista estaba muy politizada, a tal punto que (quizás con justicia) se la consideró una revista foquista. También distribuíamos en las librerías. La librería Hernández, sobre todo, nos dio una gran mano. La librería era un foco cultural. Hernández fue muy valiente, no aflojó nunca. En ese sentido, Eudeba y el Centro Editor de América Latina también eran focos político-culturales. Por esa razón no solo cerraron esas editoriales, sino que además quemaron sus libros. Una de las cosas que hay que tener en cuenta es que en este país los libros se quemaban. En la época de Levingston vinieron a mi casa con tres enormes camiones municipales y me llevaron toda la biblioteca. Tenía, por ejemplo, toda la colección de poesía argentina (editada por Glaizer), desde Carriego (que murió en 1912) hasta la generación del 22, y unas primeras ediciones de los libros de Borges. Hoy si tuviera esos tres primeros libros de Borges ya no trabajaba más: se acaban de vender a 10.000 dólares cada uno. Tenía también todos los primeros libros de Roberto Arlt, editados por Claridad.
H.D.- Muchas veces se dice que la poesía no se lee o que se lee poco en relación a la narrativa. ¿Qué pensás acerca de esa idea tan generalizada?
J.L.M.- Es difícil que alguien relea una novela, pero el libro de poesía se lee varias veces. Además, un libro de poesía que tiene una tirada de 500 ejemplares no representa 500 lectores, son 1000 o más, porque el libro se presta. Yo pienso que la poesía hace que el lector se sienta identificado con el poema, como si el poema hablara de él. Eso es algo que a veces distancia al lector de la poesía, porque puede no gustarle que hablen de él. En la narrativa, por lo general, siempre se habla del otro. En la poesía el lector siente que él está dentro del poema. Los libros de narrativa no sé si se prestan y se releen con la asiduidad con que se prestan y releen los libros de poesía.
Por otro lado, creo que hay editoriales de poesía importantes, como "Ediciones del Dock" y "Bajo la Luna" (las dos son editoriales alternativas). Hay gente valiosa, como María Medrano o Fabián Casas, por ejemplo. Al mismo tiempo existe una cantidad enorme de editoriales y de grupos de poesía en Internet y que también son experiencias interesantes. Muchos de ellos son gente muy joven, como lo éramos nosotros en los 50 y 60. En Argentina, a pesar de los golpes, a pesar de los crímenes y de los exilios, hay una continuidad. La poesía va a estar presente siempre en la vida humana. Sin poesía yo creo que no se puede vivir demasiado.
Tuñón decía que "todo poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta". Y no lo decía con un criterio elitista, de ninguna manera. Él era un hombre pobre, humilde, modesto. Se jubiló en Clarín y no tuvo la vida fastuosa que tuvo, por ejemplo, Pablo Neruda. Tuñón no fue dueño ni de isla negra ni de isla blanca. Creo que ha sido un gran poeta al que todavía no se le ha dado la importancia que merece su obra. A diferencia de Neruda, Tuñón nunca manejó las relaciones públicas. Él era un tipo que iba de Clarín a su casa, en la calle Amenábar 335, una casa humilde y alquilada, porque jamás tuvo casa propia. Sin embargo, Neruda no es superior a Tuñón, para nada.
H.D.- Se lee poesía. Sin embargo, la poesía suele quedar totalmente afuera de los espacios de difusión y de publicidad a los que accede la narrativa, como ocurre en el caso de los suplementos culturales.
J.L.M.- En los suplementos de los diarios grandes la poesía está ausente. Hay libros muy buenos pero no los tienen en cuenta. Además hay un maridaje entre los suplementos literarios, los libros que comentan y los avisos de las editoriales. Nuestra época es la de la globalización…
G.F.- En los suplementos no es frecuente hallar comentarios de libros, pero sí la lista de los más vendidos.
J.L.M.- A veces en las columnas de los libros más vendidos inventan los libros más vendidos. Por ejemplo: ponen un libro en un tercer lugar, a la otra semana aparece en el segundo y finalmente lo convierten en un éxito editorial.
H.D.- Experiencias editoriales como las de "La Rosa Blindada" o las del Centro Editor y Eudeba dan cuenta de que en la actualidad se lee de otro modo ¿Cómo ves ese cambio?
J.L.M.- El público lector ha cambiado y se lee menos. Creo que "los valores de la dictadura" subyacen hoy en buena parte de la sociedad argentina. Si ves los diarios, por ejemplo, te das cuenta de que antes eran diarios de opinión y hoy son de información. Vos hace años veías a la gente leyendo el diario en el colectivo. Hoy no ves a mucha gente leyendo el diario. Se dice que es por la televisión… Hasta por ahí no más.
El público lector no es el de antes ni en cantidad ni en calidad. Leer un libro te lleva tiempo. Hoy la gente tiene menos tiempo que antes, vuela con el trabajo… hay una velocidad tremenda. Antes vos tenías ocio creador, como decían los griegos. Hoy tenés que tener dos o tres trabajos y volás de un lado a otro. Llegás a tu casa cansado y ya no podés ponerte a leer después de la cena o en los medios de transporte. Creo que las condiciones de vida han empeorado en general. Me parece que algo cedió la desocupación, por ejemplo, pero realmente el costo de todo eso es el tiempo, el ocio creador.
G.F.- Una editorial sacó unos libros chiquitos que dicen ser para el hombre actual, para leer en los medios de transporte… En un principio editaban todo tipo de libros, pero ahora empezaron a recortar obras clásicas para que la gente pueda saber a qué se hace referencia cuando se habla del Quijote, por ejemplo.
H.D.- Fijáte la distancia que hay entre un lector de Sartre de hace cuarenta años y ese que lee en el colectivo una edición del Quijote de cuarenta páginas.
J.L.M.- En los sesenta, si hacía un libro Sartre o Simone de Beauvoir, a los dos meses Losada ya lo había traducido y lo tenía en venta acá. Camus o Lacán se leía más acá que en Francia. Los libros que aparecían en el extranjero a los pocos meses ya estaban traducidos y editados acá, y con buenas traducciones. Había editoriales como "Pasado y Presente", grupos que trabajaban. Ahora estamos todos un poco sueltos, ¿no? Sin embargo, hoy hay grupos de gente joven que se reúne, hacen sus periódicos, sus publicaciones… (el trabajo de "Hecho en Buenos Aires", por ejemplo, me parece interesante) Modestamente, con dificultades, pero los hacen. La resistencia continúa.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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