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Ignacio Di Toma Mues
Febrero 2007
Año VI | Edición N° 55
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Febrero 2007
Por Aldo Barberis Rusca
No caben dudas. No cabe ningún tipo de duda. Nadie llega ni siquiera a cuestionarlo, discutirlo, debatirlo, disputarlo, reñirlo o altercarlo. El Gallego jamás se ha tomado un solo día de vacaciones en su puta vida. La pertinaz presencia del patrón detrás del mostrador es una verdad indiscutible, como la ley de gravedad.
Es que hay cosas que no cambian, no mudan, que hay leyes inalterables del hombre, de Dios o de la naturaleza que son irrefutables: Gardel canta cada día mejor, el segundo gol de Maradona a los ingleses es superior a todo lo conocido en el mundo, Evita fue la abanderada de los humildes y el programa de Mirtha Legrand trae suerte. En esta categoría entra la infalible asistencia del Gallego al frente de su comercio, cual alumno sanjuanino, sin importar el día, el clima, las circunstancias políticas o el estado de salud. Siempre, en todo momento, el Gaita está, estuvo y estará atendiendo el boliche junto a su implacable chaqueta té con leche con cuello Mao y botones de latón cromados.
Es que el Gallego pertenece a esa, hoy ya casi extinta, categoría humana conocida como "los inmigrantes".
Cuando en la Argentina se hablaba de "los inmigrantes" se hacía referencia a aquellos que entraron al país entre la década de 1860 hasta casi 1950 y que, contrariamente a lo deseado por los pensadores de la Organización Nacional que hubieran deseado un origen anglosajón, provenían principalmente de España e Italia.
Efectivamente, en el período 1860 – 1930, el 80% de la inmigración tuvo su origen en estos dos países del sur de Europa cuyo desarrollo, comparado con los del norte industrializado, se encontraba sumamente rezagado.
Todo comenzó en 1853 con la Constitución Nacional que, según su prólogo, se sanciona "para nosotros, para nuestra posteridad y para todos lo hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino". Más adelante, en el Art. 20 amplía este concepto otorgándole a los extranjeros todos los derechos civiles del ciudadano, permitiéndoles "ejercer su industria, comercio y profesión, poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos…"
Sin embargo, los redactores de la CN no tenían en vista la llegada de cualquiera y nos lo hacen saber en el Art. 25: "el gobierno nacional fomentará la inmigración europea y no podrá, restringir, limitar ni grabar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes..."
A partir del concepto alberdiano "gobernar es poblar" se buscó generar interés en los extranjeros para venir a nuestro país a participar del proyecto social y económico.
Así es que en el año 1853, se genera un importante plan nacional de población entre el gobierno de Urquiza y la empresa colonizadora de Don Aarón Castellanos, cuyo resultado fue la llegada al puerto de Rosario de los primeros inmigrantes el 24 de marzo de 1854 a bordo del vapor Asunción.
El éxito del plan colonizador fue rotundo; entre 1863 y 1869 entraron al país 94.000 extranjeros, cifra que subió hasta los 313.000 en 1874.
Es fácil entender las necesidades poblacionales de la Argentina y mucho más las ansias de progreso y bienestar de los inmigrantes; lo que no es siempre bien entendido es la motivación de los países en desprenderse de sus hijos en forma tan alegre.
Los países del norte de Europa estaban viviendo un proceso de intensa industrialización con su consecuente demanda creciente de mano de obra, lo cual no los ponía en una posición demasiado beneficiosa para desprenderse de sus ciudadanos.
Contrariamente, España e Italia necesitaban, por distintas razones, establecer enclaves ultramarinos.
A partir de la perdida de sus colonias más importantes en América, España necesitaba con urgencia recuperar mercados para sus manufacturas, suplantadas por la agresiva política mercantil inglesa. A este efecto, la política colonizadora argentina le vino de perlas. En efecto, España ideó un sistema que le permitiría ubicar manufacturas, alimentar a sus esclavos en la antillas, hacerse de azúcar y cacao y desarrollar una flota mercante.
El plan era simple: España mandaría inmigrantes a la Argentina lo que generaría un mercado que demandaría productos de la metrópolis al tener aun un vínculo afectivo con ella. La flota mercante española traería a estas playas vinos comunes, azafrán, pimentón. aceite de oliva, conservas de pescado, sidra, aceitunas, sal, manufacturas textiles, etc.
Los mismos barcos partirían hacia las antillas cargados de carne seca destinada a la alimentación de los esclavos que producían fundamentalmente azúcar, cacao y algodón, los cuales eran embarcados hacia España cerrando un triangulo que no tenía contra.
Italia, si bien en su momento apostó al desarrollo mercantil con las "colonias", obtuvo un beneficio mayor de las remesas de dinero que los inmigrantes mandaban a sus familias. Aunque parezca mentira unos pocos pesos mandados por varios cientos de miles de inmigrantes, ayudaron a Italia a equilibrar su balanza de pagos luego del largo y doloroso proceso de unificación.
Este primer proceso migratorio duró hasta la década del 30 donde comienza otro de características absolutamente disímiles.
El ascenso en Italia del régimen fascista, la guerra civil española, la aparición del nazismo, la inminencia de un conflicto armado en Europa y las persecuciones políticas reavivaron el proceso inmigratorio pero esta vez integrado por una población sustancialmente distinta.
Socialistas, comunistas, judíos, gitanos y cuanto perseguido europeo había recaló por estas playas dando a la sociedad argentina la fisonomía definitiva que conserva, con algunos cambios, hasta hoy.
El proceso migratorio no se detuvo ahí. Luego de terminada la segunda guerra mundial se volvió a generar una fuerte corriente proveniente de España e Italia. De hecho en los años 1947 y 1948 se firmaron acuerdos con Italia y España fomentando la llegada de inmigrantes de esos orígenes.
Vaya uno a saber en que momento de la historia llegó el Gallego dueño del boliche a nuestro país, pero su historia es la de muchos: comenzó como dependiente de almacén, siguió como mozo de bar y terminó comprando el bodegón que nos convoca.
Durante décadas y décadas trabajó desde el amanecer a la noche sin parar, sin fines de semana, sin feriados, sin vacaciones y, sobre todo, sin darse jamás un gusto.
Aquí se casó, aquí tuvo sus hijos que a su vez se casaron y le dieron nietos. Uno de sus hijos volvió a España en la crisis, el otro, abogado, lo convenció de sacar los dólares del colchón y lo dejó en la ruina.
Y ahora, después de una eternidad, los parroquianos llegan al boliche y, por primera vez, encuentran un cartel en la persiana metálica.
CERRADO POR VACACIONES
Continuará…
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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