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Ignacio Di Toma Mues
Junio 2007
Año VI | Edición N° 59
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Junio 2007
Cada vez son más las plazas enrejadas en la Ciudad y aunque algunos sectores de la sociedad lo aprueban, otra parte critica duramente la medida.
Por Natalia Saavedra, natalia@elbarriopueyrredon.com.ar
No existe mayor símbolo de nuestra infancia que pasar una mañana o una tarde en la plaza. Columpiarse en las hamacas, subir los interminables escalones del tobogán para lanzarse a la nada, raspar el arenero para colmar los baldes, correr, gritar, bailar… jugar. Todos estos momentos no sólo forman parte de nuestra memoria y nuestra infancia sino también de un espacio colectivo donde aprendemos a estrechar lazos sociales y con ello, a vivir en sociedad. En otros términos, la plaza forma parte del espacio público. Si buscamos en un diccionario podemos definirlo como “el lugar donde cualquier persona tiene el derecho de circular, en oposición a los espacios privados, donde el paso puede ser restringido, generalmente por criterios de propiedad privada, reserva gubernamental u otros. Por tanto, espacio público es aquel espacio de propiedad pública y dominio y uso público”. Es aquí donde reside el conflicto sobre la implementación del enrejado. Si las plazas forman parte del espacio público, ¿enrejarlas no sería negar nuestro derecho a utilizarlas libremente?
El Ministerio de Espacio Público es el encargado de trabajar en la puesta en valor de las plazas de la Ciudad de Buenos Aires. Según la página oficial del ministerio, en seis meses, se han recuperado más de 50 espacios verdes de la ciudad y se encuentran en obra más de 30. Los trabajos incluyen la recomposición del césped y la reposición de bancos, juegos y bebedores. En la mayoría de los casos la medida de utilizar rejas se realiza con el propósito de mantener los arreglos realizados, de evitar suciedad y para otorgar una mayor seguridad.
Esta medida, que comenzó a implementarse a principio de los ´90, con el enrejado del Jardín Botánico y el Parque Thays, no deja de sumar rivalidades entre los habitantes de la Ciudad. Algunos profesan que las rejas protegen los espacios públicos de los robos y actos de “vandalismo”, mientras que otra gran mayoría repudia tal actitud.
Según una nota publicada en el diario La Nación en febrero de 2006, el entonces secretario de Medio Ambiente del gobierno porteño, Marcelo Vensentini, explicó que “la idea es enrejar los espacios verdes cuyo mantenimiento y seguridad no se puedan garantizar de otra manera” y agregó que: “Es por un tema de cuidado: hay que poner un límite para no perder las plazas”.
El enrejado parece partir de las necesidades de una mayor seguridad, limpieza y conservación de la plaza a la que todos tenemos acceso. Se plantea la necesidad de una plaza más limpia pero no existe conciencia sobre la utilización de los cestos para arrojar la basura y menos aún, sobre la recolección de los excrementos caninos que los dueños depositan en ella. El año pasado, frente a las tareas de mantenimiento y enrejado, las quejas sobre la suciedad y olores en las plazas fueron en aumento debido a la imposibilidad de transitar por las veredas de las mismas sin pisar algún tipo de excremento que descansaba allí donde las rejas no podían llegar.
La legisladora porteña Marta Varela, escribió una nota para el diario La Nación sobre esta problemática diferenciando los espacios verdes de acuerdo a sus usos y características indicando que “dentro de ese análisis, la colocación de rejas se decidirá si sirve para mejorar la sustentabilidad del espacio público” y agregó que “la instalación de una reja no puede ser nunca una decisión aislada”.
Uno de los casos más resonantes fue la participación de los vecinos del barrio de Caballito frente al enrejado de la Plaza Irlanda, situada en las Avenidas Gaona y Donato Alvarez. El proyecto original del gobierno incluía rejas pero los vecinos se opusieron y se comprometieron a cuidar la plaza ellos mismos. Lejos de repetirse estas actitudes, la “actitud Buenos Aires” parece reducirse al encierro, a la no participación. El Estado tiene que mantener el espacio público y, en este caso, se encarga de realizar los arreglos necesarios y de mantenerlo pero la permanencia en el tiempo y el cuidado continuo debería ser tarea también de los usuarios de ese espacio. Aún tampoco se han especificado los horarios de cierre y apertura de las puertas del enrejado.
Una reja refleja el símbolo de la seguridad pero ¿es suficiente para combatirla? Una reja ¿evita la suciedad en la plaza? Mientras tanto, una de cada cuatro plazas está enrejada y en pocos meses, se colocarán más de 21 kilómetros de rejas diseminados en más de 60 parques, plazas, plazoletas, jardines y patios.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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