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Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Abril 2007
Año VI | Edición N° 57

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Abril 2007

Edicion Abril 2007


Reflexiones desde un bodegón

Refutación de la memoria

A pesar de la implacable resistencia del Gallego, día tras día un ejército de vendedores ambulantes, predicadores, repartidores de volantes y mangueros varios invaden en incesantes oleadas las apacibles instalaciones del bodegón; así como las veredas, los colectivos, los subtes y los trenes...

Por Aldo Barberis Rusca

El vendedor ambulante es un personaje que ya está férreamente incorporado al paisaje urbano y que resiste a lo quebracho los embates de intendentes, inspectores, policías obstinados en mantenernos libres de actividades ilegales; y de centros de comerciantes que ven en los "buscas" desleales competidores de sus legítimamente constituidas actividades.

Los "buscas", término que resulta de la reducción de la palabra buscavidas, designa a aquellos que hacen cualquier cosa por ganarse el mango de cada día, o hacerse la diaria en forma medianamente legal.

Claro que para las autoridades, tan propensas al maniqueísmo, lo "medianamente" legal, resulta absolutamente ilegal y, por ende, pasible de ser extirpado del seno de la sociedad.

Evidentemente esto responde solamente a una necesidad discursiva e impositiva para con los comerciantes que ven en los buscas, sobre todo en aquellos que instalen sus puestos callejeros en las veredas de los centros comerciales más concurridos, competidores que corren con la ventaja de no pagar alquileres, impuestos, servicios, etc.

Avalar estas actividades, aunque sólo sea por omisión, equivaldría a poner a los comerciantes en un virtual estado de desobediencia fiscal. Pretender el exterminio de la actividad ambulante correría parejas con acometer con la extinción de las hormigas, en ambos casos uno se contenta manteniéndolos medianamente controlados.

Así y todo la venta, literalmente, ambulante prospera y prolifera, sobre todo en los medios públicos de transporte.

Hasta hace algunos años un viaje entre terminales de la línea B de subterráneos nos ponía frente a un par, a lo sumo tres o cuatro, vendedores de lapiceras, encendedores de cocina, libros infantiles o guías de calles. Incluso estos eran casi siempre los mismos; personajes identificables por sus voces y su particular manera de vocear su mercadería.

Hoy entre dos estaciones nos venden, nos piden y nos aturden con sus músicas cantidades de buhoneros trashumantes que se cruzan en un mismo vagón, cosa impensable antaño cuando se respetaban ciertos códigos de tradición no escrita.

De todas formas, somos legión aquellos que no entendemos el viaje en transporte público sin la compañía del mercader errante; quienes sentimos la imperiosa compulsión de comprar cuanta porquería nos vendan, quienes jamás protestaremos si la citada porquería es, efectivamente, una porquería.

Este cronista de taberna aun recuerda con espanto como un vendedor igualito a Rattin, famoso zaguero del Boca Juniors de los ’60, se propinó a sí mismo un violento puñetazo en plena cara luego de bajarse de un colectivo de la línea 25 en que no había logrado colocar ni uno solo de los artículos que ofrecía. Tal vez por eso siempre rechaza las ofertas con cierto grado de culpa.

Afortunadamente los mercachifles que rondan el figón del gallego no son tantos y, en general, ofrecen cosas útiles (biromes, anotadores, medias y estampitas del gauchito Gil) y que nunca está demás tener a mano.

Cierta tarde de un mes de Marzo, apenas comenzado el otoño porteño, ingresó al salón familiar un ambulante de gesto melancólico y ceñudo, aunque prevenido y conocedor de su oficio. El hecho de evitar el salón principal para no ser expulsado de inmediato lo catalogaba como un experto en su arte.

Entró con la seguridad que le daba saber que en su morral cargaba con una mercadería imposible de rechazar; de hecho, luego de unas pocas horas de trabajo, solamente le quedaba por vender una sola unidad. Si lograba colocarla ahora, aún tendría tiempo de llegarse hasta el mayorista a buscar más, cuando se consigue mercadería "caliente" no hay que dejar pasar el tren.

Florencio Azcárate siempre elegía para sentarse el salón familias con lo que se mantenía a salvo de las discusiones, los comentarios futbolísticos y, sobre todo, del televisor, después de todo él sólo pretendía sentarse frente a un vaso de moscato, mirarse incansablemente las manos huesudas y reumáticas y recordar.

"Buenas tardes, dijo el vendedor, me atrevo a distraer un momento su amable atención para presentarle un exclusivo producto que Grandes Laboratorios Argentinos comercializa por este único medio por ser un remanente de exportación, ya que no se vende en el mercado local. Me atrevo a decirle, sin temor a equivocarme, que difícilmente se le vuelva a presentar otra oportunidad como esta, por calidad y precio.

Habrá usted escuchado y, por qué no, comprobado que los argentinos no tenemos memoria. Por lo tanto un grupo de investigadores nacionales ha desarrollado, y ya le develo la incógnita, ese fabuloso tónico cerebral capaz de hacerle memorizar la tabla de logaritmos en apenas veinte minutos; y no solamente memorizara la tabla sino también para que sirve.

Cuatro cucharadas diarias del tónico cerebral le aseguran una memoria que el propio Funes envidiaría, ya que en su composición figuran células cerebrales de elefante, y todos conocemos la proverbial memoria de estos simpáticos paquidermos. Le aclaro que las células han sido clonadas "in vitro" ya que el elefante es un animal en peligro de extinción.

Cuatro cucharadas al día del tónico cerebral y ya nunca más repetirá el pasado, ya nunca más cometerá los mismos errores, nunca más tropezará con la misma piedra.

Eltónicocerebralesinofensivosiselotoma
segúnlasindicacionesantecualuierduda
consulteasumedicoófarmaceúticodeconfianza
"

Don Florencio apartó lentamente una silla e invitó al mercante a sentarse a su lado, tomó la botellita que le ofrecía, la miró con detenimiento y, por un momento, pareció estar interesado en la oferta "imposible de rechazar". Sin embargo…

"Mire amigo, comenzó a decir al tiempo que dejaba la botellita, hace muchísimo tiempo una profesora de cuarto año del bachillerato nos obligó a memorizar todos los ríos de la cuenca del Desaguadero, se lo cuento porque en ese momento me saqué un diez recitándolos de norte a sur en el orden exacto y sin saltear ninguno y a la semana sólo sabía que existían el Tunuyán, por la sidra; el Atuel, por el cañón; y el Diamante, vaya uno a saber por qué.

Sin embargo llevo en mi recuerdo el sabor de unos berros salvajes que crecían a orillas de un arroyo de montaña y que yo comía junto a unos amigos descalzos y andrajosos en medio del calor del verano.

Algunas noches, cuando el viento sopla en las hojas de los árboles, me llega el aroma del cabello de una niña que durmió conmigo abrazada junto ese mismo arroyo, temerosa de que nos descubriera su padre y a la que no amé porque aun éramos muy jóvenes y no sabíamos que era eso.

La memoria, mi amigo, es un bien que se encuentra un tanto sobrevaluado últimamente. Tal vez por escaso, pero hay temas en que el mercado y la ley de oferta y demanda no deberían meterse.

Mire, ya hace muchos años que vivo de mis recuerdos y en este tiempo he aprendido que el olvido está bien lejos de ser el villano de la película, como algunos pretenden.

Un día tras otro me siento en esta mesa y repaso uno a uno mis recuerdos. Le puedo asegurar que cada vez son menos, y estoy agradecido de que así sea.

De mi padre me ha quedado el recuerdo de un pulóver gris clarito en una mañana fría de domingo detrás del rotograbado de La Nación. Todos me decían que no fue un buen padre, sin embargo aquel color gris y el sepia del suplemento del diario me llevan a un lugar feliz de mi vida.

Lentamente, piadosamente, el olvido va borrando nuestra memoria; y no para liberar espacio como en las computadoras; sino para que no interfiera con nuestros recuerdos.

La memoria es como el álbum de fotos que guardamos en el cajón del armario. ¿A usted no lo pone triste mirar fotos? A mi sí, ¿sabe por qué?

Un día miraba una foto de mi hermano mayor que murió muy joven hace ya mucho tiempo; y de pronto me di cuenta que ya no reconocía a ese pibe vestido con el uniforme del tres de infantería. Sabía que era mi hermano, conocía la foto y sin embargo, ese rostro no me decía nada, no me despertaba ningún sentimiento. El olvido lo había borrado de mi memoria y ninguna foto me lo podía hacer recuperar.

Si se obstina en traer algo desde el olvido, seguramente llegará seco y sin vida, como Agamenón clamando por venganza, o como el padre de Hamlet. ¿Le gusta el teatro? A mi más o menos.

¿Sabe qué me gustaría recordar? El gusto de la cuajada. Nunca más volví a comer cuajada. Mi vieja la preparaba en una olla grande, le metía un cachito de cuajo de vaca y revolvía, revolvía. Cuando era pibe me encantaba, igual que la gordura que se le hacía a la leche cuando se la hervía. Pero mejor, creo que ahora me daría asco"

Hacía ya rato que el vendedor ambulante había seguido su camino.



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Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO

Mural Madres Plaza de Mayo

Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"

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