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Mayo 2012

Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Abril 2008
Año VII | Edición N° 69

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Abril 2008

Edicion Abril 2008


Manifestaciones en la Ciudad

¿De quién es la plaza?

Por Fernando Casasco

Es la plaza en la que el pueblo quería "saber de qué se trata" en las jornadas de Mayo de 1810. Aquella en la que las huestes montoneras de López y Ramírez ataron sus caballos en 1820. Más cerca, en el siglo XX, vivió con alborozo la llegada del radicalismo y don Hipólito Yrigoyen al poder. Pero también se asomó para mirar con estupor la llegada de las tropas a la Rosada, en el golpe del año ’30.

Años después se llenó de "cabecitas negras" que reclamaban la liberación del coronel Juan Domingo Perón. Ese "subsuelo de la patria sublevado"como lo llamó Scalabrini, mojó las patas en la fuente y protagonizó el mayor movimiento político de la historia argentina. Después la plaza fue testigo de masivas movilizaciones peronistas, pero también víctima de la masacre provocada por los bombardeos que buscaban voltear al gobierno popular. Vio sucederse golpes militares y presidentes más o menos democráticos.

plaza
17 de octubre de 1945

A ella volvieron las masas, con el retorno del peronismo al poder. Y fue también escenario de la división de esas masas cuando el "Viejo" echó los montoneros. En los años del terror, sólo un ramillete de mujeres con pañuelos blancos se animó a rondarla, pidiendo por sus hijos o nietos desaparecidos. Se colmó de nuevo cuando la aventura bélica de un dictador alcohólico revitalizó el sueño compartido de recuperar a la "hermanita perdida". El sueño terminó en pesadilla.

Tras tanta represión y muerte, la plaza volvió a llenarse cuando Raúl Alfonsín desde el Cabildo prometía que "con la democracia se come, se cura y se educa". Esa misma democracia que muchos miles salieron a defender cuando vieron pintarse la cara a un teniente coronel. Pero pese al deseo de "felices pascuas", quedó claro que la casa no estaba "en orden".

Y llegaron los ’90. Entonces hubo una "plaza del sí", armada –paradojas del destino- por opinólogos liberales para un presidente justicialista. Así como el Estado desapareció por aquellos años, la plaza pública, la plaza de todos, se despobló y se volvió mero tránsito de oficinistas que iban de la calle Hipólito Yrigoyen a Rivadavia, o de Balcarce a Bolívar.

El nuevo siglo

Una década después, aquella ilusión de un país del "primer mundo" y del "1 a 1" terminó trágicamente: el 19 y 20 de diciembre de 2001 miles de argentinos dijeron basta en la histórica plaza, al ritmo de cacerolas. La reacción terminó en tragedia, con siete muertos en la ciudad, y más de 30 en todo el país.

La patria se incendiaba: la plaza vio pasar cinco presidentes en una semana, cientos de ahorristas reclamando sus ahorros, miles de piqueteros pidiendo pan y trabajo.

Finalmente las instituciones y la devaluación hicieron su trabajo y, a duras penas, se llegó a elecciones en 2003.

No fueron pocos los que se ilusionaron y aún se ilusionan con la etapa iniciada por Néstor Kirchner y continuada por su esposa Cristina. Un gobierno que decidió cambiar la composición de la Corte Suprema, que impulsó el juzgamiento de los represores, que se plantó soberanamente frente a los acreedores y al Fondo Monetario Internacional, que propició la integración sudamericana, que mantuvo altos índices de crecimiento económico. Pero también es el gobierno que no llevó a cabo reformas estructurales en una economía cada vez más concentrada y que sigue incumpliendo con la prometida redistribución de la riqueza, por no señalar otras cuantas deudas pendientes.

Los unos y los otros

En las dos décadas y media que llevamos de gobiernos elegidos por el voto popular, los argentinos ya aprendimos que sólo con la democracia no se come, se cura ni se educa; y que tampoco el mercado solucionará todos nuestros problemas. Sin embargo, cuando el Estado decide actuar a favor de unos y en contra de las ganancias de otros, hay sectores a los que esto molesta.

Es lógico que a los productores agropecuarios les jorobe pagar más impuestos, en forma de retenciones. Lo que no parece tan lógico es que paralicen todo el país en nombre de su protesta. Y menos lógico aún que ciertos sectores de la clase media porteña se muestren solidarios con los patrones rurales y salgan nuevamente a batir sus cacerolas en contra de la decisión presidencial.

protesta
Cacerolazo en apoyo al look out del campo

La histórica Plaza de Mayo, la de tantas manifestaciones de tan diverso signo, fue escenario hace unos días de ese descontento de sectores de clase media con un gobierno al que definitivamente no quieren: lo demostraron en las elecciones del año pasado, con los triunfos sucesivos de Mauricio Macri (dos veces) en los comicios comunales, y de Elisa Carrió en las presidenciales. Y también fue lugar de encontronazos y conatos de violencia con un sector de piqueteros, encabezados por Luis D’Elía, que a golpes de puño quiso salir a demostrar su adhesión al gobierno democráticamente elegido. Luego pasaron piqueteros "duros", encabezados por Raúl Castells, partidos de izquierda (como siempre desunidos) y piqueteros oficialistas. Pocos días después, el oficialismo movilizó a más de 50 mil personas que brindaron un fuerte apoyo a la jefa de Estado.

Más allá de los impresentables de un lado y del otro (D’Elía repitiendo hasta el hartazgo su "odio a la puta oligarquía"; Cecilia Pando junto a anónimos manifestantes que pedían "Volvé Videla") y de la violencia manifestada de ambos lados, la pregunta quedó flotando: ¿de quién es la plaza? ¿De los porteños, de los provincianos, de todos los argentinos? ¿De la clase media, de la oligarquía, de los trabajadores? ¿Del "pueblo"? ¿A qué llamamos pueblo hoy, en el 2008?

Este artículo tiene más preguntas que respuestas. Sin embargo, a riesgo de navegar contra la corriente de los medios masivos y de la "opinión publicada", aquí se arriesgarán algunas ideas. Se dirá que lo que molesta a cierta clase media es la soberbia del gobierno, que se niega a abrir el diálogo plural con distintos sectores sociales. Es totalmente cierto. No obstante, lo que encubre esa crítica es la propia soberbia de los que la esgrimen, que mientras piden pluralidad al gobierno, son incapaces de tenderle la mano al prójimo, se llame este piquetero, cartonero u obrero.

Entonces, el pedido no es para que el gobierno baje su tono soberbio, sino una distinta jerarquización en ese estilo: que los que manden, los que puedan opinar y presionar, sean los mismos de siempre.

Por otra parte, es peligrosa la opinión imperante acerca de que las movilizaciones son mejores si son espontáneas y se descalifica a las organizadas. A cada rato escuchamos a comunicadores y oyentes destacar que "el cacerolazo fue espontáneo" y rechazar una manifestación en la que sus miembros "fueron por $30" o "por el choripán y el vino". Los que dicen alegremente estas frases son los mismos que ante un piquete, corte de calle o de ruta afirman que "esto en un país normal no pasa". La contradicción es manifiesta: en países "normales" (se supone que se habla de Europa o EE.UU., modelos únicos para el zonzo criollo) TODAS las manifestaciones son organizadas.

¿Alguien alguna vez vio en España una movilización contra ETA que no fuera convocada por los grandes partidos y organizaciones sociales? ¿O en Francia un paro que no sea llamado por los sindicatos?

La admiración por la "espontaneidad" se contradice con otros reclamos de estos mismos sectores, que piden una sociedad más "ordenada y segura" y el reclamo para que "se cumpla la ley" y nos dejen transitar libremente por la 9 de Julio a las 6 de la tarde.

Quedó dicho antes: este artículo contiene más preguntas que respuestas. No podemos dilucidar de quién es la plaza.

A falta de una aseveración contundente, conviene celebrar que en ella nos podamos manifestar todos: la "puta oligarquía" y los "cabecitas negras"; sindicalistas gordos de la CGT o señoras gordas de Barrio Norte; los adeptos al gobierno y los que lo aborrecen; usted y yo.



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Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO

mural madres plaza de mayo

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