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Ignacio Di Toma Mues
Septiembre 2008
Año VII | Edición N° 74
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Septiembre 2008
Por Aldo Barberis Rusca
Quien tenga la inmensa fortuna de contar con una guía de calles de la ciudad y en un arranque de afán geográfico decida buscar cuales son las características que hacen del pasaje Balboa un lugar distinguible, descubrirá que esta ignota calle se encuentra en uno de los lugares más inhóspitos del barrio de La Paternal, y de la ciudad misma, y que el comienzo de la altura 200 se encuentra exactamente en medio de una manzana pentagonal, toda una rareza en un municipio dominado por el diseño en damero.
El pasaje Balboa al 200 se encuentra rodeado de depósitos, fábricas y casas tomadas; a menos de cien metros se alza el Cementerio de la Chacarita y a pocas cuadras un centro de formación policial que fuera antes un instituto de menores y mujeres. El conjunto se halla en una especie de isla limitada por el cementerio, los depósitos de Warnes, las vías del Ferrocarril Urquiza por un lado y las del San Martín por otro, y el mencionado centro policial más allá del cual reinan los hipermercados.
En medio de esta zona ruinosa, de calles de difícil tránsito, oscuras y solitarias, se alza la Escuela Municipal de Música Nº 1 "Juan Pedro Esnaola", única institución oficial destinada a formar maestros de música en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.
Decir que la escuela "se alza" en el pasaje Balboa 210 es, al menos, un eufemismo; cuando no una ironía o franco cinismo. Más propio sería decir que en dicho emplazamiento la EMM Nº1, o la Esnaola, se desmorona literalmente.
Antes de contar las penurias y desventuras que viven alumnos y docentes valdría la pena detallar que más allá de los docentes de música que egresan todos los años del establecimiento, la Esnaola forma músicos de excelencia y exquisitos ejecutantes de piano, guitarra, flauta traversa, violín, viola, violonchelo, contrabajo, clarinete, saxo, percusión, y bandoneón.
Entre los proyectos institucionales figuran los ensambles de vientos y de música latinoamericana, el grupo de percusión y la orquesta y coro de la escuela que, con más de ciento cincuenta integrantes entre docentes y alumnos, es una de las formaciones más dignas de conocer, y más desconocidas, de la Ciudad de Buenos Aires.
Entre sus alumnos se forman cotidianamente decenas de conjuntos que ejecutan desde obras clásicas hasta repertorio de rock, folclore y diversos ritmos populares que se presentan durante los actos escolares y que reúnen a los estudiantes avanzados con los de iniciación en un ambiente de respeto y colaboración que no figuran en los planes de estudio, pero que les es inculcado permanentemente.
Pero si volvemos a nuestro mapa podremos observar que el 210 del pasaje Balboa corresponde a un edificio minúsculo, de cerca de cien años de construido, flanqueado por dos inmensos galpones, uno de los cuales alberga sustancias inflamables.
La escuela Esnaola es una de las más de cien que no cuentan con gas debido al deterioro de las instalaciones, una de las que periódicamente se quedan sin energía eléctrica al sobrecargarse por alguna causa la red, una de las tantas a las que la buena fortuna hizo que los techos se derrumben fuera del horario de clases.
Pero más allá del deterioro, las instalaciones resultan definitivamente insuficientes e inadecuadas para el normal desarrollo de las actividades educativas y artísticas.
Cuando la escuela se fundó, allá por el año 1974, se crearon otras veinticuatro escuelas y centros polivalentes que permitían a los alumnos estudiar distintas disciplinas artísticas (cerámica, dibujo, pintura, música, danza) a contra turno del bachillerato común para así facilitar "...el acceso a las fuentes del conocimiento a través de los centros de enseñanza estatales... con el objetivo de poner la educación artística al alcance de todos aquellos jóvenes con vocación". Extrañas palabras a esta altura del Siglo XXI.
Lo cierto es que la Esnaola paso por varios edificios (en Villa del Parque y en Villa Urquiza) hasta recalar en el que actualmente ocupa, y nos ocupa, del Pasaje Balboa 210; que también debía ser transitorio pero, como decía el filosofo Tusam, "puede fallar". Y falló.
Si eL edificio no es adecuado para que una escuela funcione correctamente, lo es menos aún para que funcione una escuela de música. Sin gabinetes, salas de ensayo ni auditorios; sin instrumentos suficientes ni presupuesto para su actualización y reparación, sin comodidades, en suma, para un buen desarrollo de las actividades; los resultados obtenidos son, por lo menos, sorprendentes.
Y todo esto se completa cuando varias veces a la semana, una fina nevada de cenizas provenientes de los crematorios del cementerio de la Chacarita cubre los patios y las cabezas de los estudiantes.
En el año 2006 las cosas parecieron tomar un nuevo rumbo; el Gobierno de Nuestra Muy Amada y Soberanamente Autónoma Ciudad de Buenos Aires, decidió construir un nuevo edificio con capacidad para 1500 alumnos, un auditorio con 450 localidades, una escuela de luthiers e imprenta en el denominado Polo Educativo Saavedra, un predio de cuatro hectáreas ubicado en la intersección de Galván y Crisólogo Larralde donde, además de la Esnaola, se instalarían varios establecimientos educativos municipales más.
La obra avanzó hasta que empezaron los problemas. Las napas, los cálculos, las losas de supresión, el presupuesto, los certificados de los contratistas, etc., dejaron el nuevo edificio detenido en un módico treinta por ciento de su construcción cuando el anterior jefe de gobierno decidió desviar los fondos hacia terrenos más prometedores, a saber, su campaña política.
Cuando Macri lleva ya una gestión que está más cerca del año que de los seis meses, la obra sigue parada y a la espera de un acuerdo entre el gobierno de la ciudad y la empresa constructora por actualización de costos.
El caso de la Esnaola es uno en el universo de la educación en la Ciudad de Buenos Aires signada por un masivo retiro de recursos del sistema público sumado a una importante transferencia hacia el sector privado.
En efecto, mientras desde el gobierno comunal se retiran becas, subsidios a cooperadores, raciones a los comedores escolares y se congela de hecho el salario a los docentes aduciendo que no hay fondos; al mismo tiempo se envía un proyecto a la legislatura aumentando el subsidio a los establecimientos privados en cien millones de pesos.
El gobierno comunal, bajo la máscara del control de gastos, está produciendo una centralización inusitada del manejo de fondos que, además, no llegan nunca donde deberían ya que la manía del control derivó en ineficiencia, por un lado y paranoia por otro. Hoy nadie se atreve a autorizar una partida de nada por temor a quedar pegado.
Y no es para menos, desde el Ministerio de Educación se ha prohibido mantener cualquier contacto con la prensa, se ordenó a los docentes abandonar los establecimiento tomados por los alumnos que reclamaban por la becas, y se amenazó con la prolongación de clases o dictado en fines de semana.
A todo esto los chicos del Esnaola protestaron haciendo lo que mejor saben hacer; un concierto frente a la legislatura reclamando por las condiciones del edificio y por la terminación del nuevo establecimiento en Saavedra
La propuesta de cortar el pasaje Balboa por tiempo indeterminado fracasó por falta de tránsito.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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