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Ignacio Di Toma Mues
Marzo 2008
Año VII | Edición N°68
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Marzo 2008
El próximo 24 de Marzo se cumplen 32 años del último golpe de Estado que sufriera nuestro país. EL BARRIO VILLA PUEYRREDÓN visitó la ex ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), donde funcionó uno de los Centros Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio más cruento de la Argentina, dirigido por quien en ese momento tenía el máximo cargo en la marina, el almirante Emilio E. Massera. En octubre del 2007 se realizó la última etapa de entrega del predio, hoy convertido en "Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos".
Por Mariana Vaccaro
La visita comienza por uno de los caminos que atraviesa el jardín que se observa desde Avenida Libertador (al 8000); la guía explica que hay 35 edificios en las 17 hectáreas que conforman el predio mientras caminamos hasta el Casino de Oficiales, ubicado a la izquierda del edificio central que tiene cuatro grandes columnas. En éste lugar se alojaban los militares de alto rango, al mismo tiempo que funcionaba como Centro Clandestino de Detención y Tortura (CCDyT) por el que pasaron 5 mil personas. Allí operó el Grupo de Tareas 3.3.2, dirigido por Jorge "el Tigre" Acosta, desde 1976 a 1983.
Se accede por la puerta del contrafrente - por donde eran ingresados los detenidos – y el primer lugar al que se entra es al sótano. Allí la frescura del aire exterior cambia por una atmósfera más densa y fría producto de la mezcla del olor a humedad de las paredes descascaradas que le dan al lugar un aspecto tétrico, sumado a los escalofríos que provoca tener la certeza de que para muchas personas esa fue la última parada antes de ser asesinadas en los vuelos de la muerte.
Desde el sótano salían los "trasladados". Generalmente los días miércoles los detenidos eran bajados del lugar de reclusión (Capucha) hasta la enfermería donde eran inyectados con "pentonaval" (como llamaban los marinos al pentotal) químico que los dejaba totalmente debilitados con el propósito de ser llevados como bultos hasta el Aeroparque, a una base marino-aérea, y finalmente eran arrojados vivos al mar.
Lugar de reclusión denominado Capucha
El lugar está totalmente vacío, las bombitas de luz colgando de los cables iluminan tres grandes carteles que muestran como, según las necesidades que tenían los militares, se armaban y desarmaban habitaciones con madera aglomerada. De este modo, en el transcurso de la dictadura, funcionaron allí: un laboratorio fotográfico; una enfermería; un micro cine; oficinas y salas de tortura, las que aumentaron rápidamente: hasta mediados de 1976 había una y para octubre de 1977 eran cinco. Conectando las habitaciones se extendía el pasillo al que los represores llamaban con ironía "Avenida de la felicidad".
"Somos los dueños de la vida y de la muerte" repetían con frecuencia quienes torturaban con picanas eléctricas, se apropiaban de los bebés nacidos en cautiverio, violaban, golpeaban, decidían cuando y qué se comía, obligaban a realizar trabajo esclavo, mantenían a los detenidos inmóviles y en silencio, evitaban los suicidios pero asesinaban.
La supervivencia era la excepción, a través de una decisión arbitraria que no estaba relacionada al tiempo de detención, al grado de militancia o a la realización de trabajo forzado.
La mayoría de los detenidos eran recluidos en un altillo oscuro del último nivel, allí todavía se pueden ver las marcas en el suelo de los tabiques con los que armaban, entre la estructura de hierro que sostiene el techo a dos aguas, los cubículos donde permanecían encerrados día y noche muchos desaparecidos. Este lugar era llamado "Capucha" por la condición en que mantenían a los secuestrados: encapuchados, engrillados y esposados; entre ellos se encontraban las monjas francesas, la dirigente montonera Norma Arrostito y Azucena Villaflor, una de las primeras organizadoras de las Madres de Plaza de Mayo.
En ese lugar debían permanecer acostados sobre un delgado colchón con la cabeza hacía el pasillo. "Permanecíamos en Capucha todos acostados y separados entre nosotros por tabiques bajos de madera aglomerada que terminaba en forma de T, para acentuar más el aislamiento y limitar al máximo la visión, había música todo el día y toda la noche, la guardia solía escuchar la radio sintonizando radio Del Plata a todo volumen, la luz artificial también estaba prendida continuamente eran otras formas más de tortura" Víctor Basterra (1984), este es uno de los testimonios que se muestran en este lugar.
Muy cerca de Capucha, en el mismo nivel del edificio, se encontraba "Pañol Grande", "La Pecera" y una maternidad clandestina. Ésta última funcionaba en 2 habitaciones pequeñas con una ventana a la que solían referirse como "La Sarda" (por el conocido hospital materno-infantil).
No solo las mujeres embarazadas recluidas en la ESMA parían allí, sino que también llevaban mujeres de otros centros clandestinos cuando cumplían el séptimo mes. Asistidas por médicos o compañeras se calcula que dieron a luz a alrededor de 35 chicos, quienes fueron apropiados por militares. Cuando faltaba poco para el nacimiento, a las madres les hacían redactar una carta en donde dijera qué nombre le iban a poner y a quién debían dejarle el bebé; en realidad los niños eran expropiados y las mujeres asesinadas.
Por otro lado en el sector del "Pañol grande" se almacenaba el botín de guerra constituido por bienes robados a los secuestrados o familiares durante el operativo de secuestro o posteriormente a éste.
Las dimensiones del pañol se redujeron para montar en parte de este espacio "la Pecera", donde se realizaba trabajo (esclavo) político intelectual. Los detenidos que trabajaban en él trataban de crear la necesidad de que otros compañeros los ayuden para que sus condiciones de vida mejoraran un poco, ya que no debían pasar todo el tiempo inmóviles.
Si bien la falta total de mobiliario y las malas condiciones edilicias hacen que parezca un lugar abandonado, en el transcurso del recorrido la información brindada por la guía y los carteles, más los comentarios de otros visitantes que recuerdan esa época de terror en la Argentina generan que todos los espacios vacíos se llenen hasta rebalsar de fuertes imágenes y violentas emociones que provocan dolor en una herida social que aún espera justicia para sanar.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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