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Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Noviembre 2009
Año VIII | Edición N° 88

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Noviembre 2009

Edicion Noviembre 2009


Escándalo por espionaje en la ciudad

El espía imperfecto

Agente 86

“La función de un servicio de información secreta, anunció Smiley con firmeza, no consistía en jugar al ajedrez sino en dar información a sus clientes. Si no lo hacía, los clientes intentarían llevar a cabo el servicio por sí mismos, con técnica de aficionados. Y la organización secreta se desmoronaría”. John Le Carré, “El Honorable Colegial”.*

La gente del ‘Fino’

Los espías de la vida real suelen tener muy poco que ver con el glamoroso James Bond ideado por Ian Fleming, y con el que Hollywood generó una larga saga que se extiende hasta nuestros días. En cambio, los “confidenciales” se identificarían más con los protagonistas de las novelas del maestro del espionaje, John Le Carré. El protagonista de la trilogía que lo hiciera famoso*, George Smiley, es un hombre pequeño, sin ningún tipo de encanto personal. Incluso por la calle cualquiera se lo podría confundir con un pobre tipo, quizás un oficinista, entrando en la ancianidad. Es lógico: los hombres que dedican su vida a espiar a otros, a buscar información confidencial para el gobierno o para una fuerza de seguridad, deben tratar de pasar desapercibidos. Que nadie se fije en ellos, para no despertar sospechas. Sin embargo, siempre hay alguno que termina expuesto a la Justicia o a la luz pública. Y su tarea, sus objetivos y sus procedimientos, terminan cayéndose como un castillo de naipes.

Ciro Gerardo James era uno de ellos hasta el día en que fue detenido por orden del juez Norberto Oyarbide. Alguien le había avisado a Sergio Burstein, miembro de los Familiares de víctimas del atentado a la AMIA, que su teléfono estaba siendo “pinchado” por orden de Jorge “El Fino” Palacios. El ex comisario era el hombre al que el jefe de gobierno Mauricio Macri había designado como jefe de la flamante Policía Metropolitana. Pero presionado, Palacios renunció: pocos días después la Justicia lo procesó por encubrimiento de la causa por la voladura de la mutual judía. Fue Palacios quien le informó al empresario de origen sirio Kanoore Edul, que su domicilio estaba por ser allanado. Por ello era cuestionado por los familiares de las víctimas.

En la indagatoria ante el juez Oyarbide, James reconoció que estaba por ingresar a la Policía Metropolitana, recomendado por el “Fino” Palacios. Las escuchas a Burstein y al empresario de medios Carlos Ávila estaban avaladas por la Justicia de Misiones en una causa por homicidio, por pistas falsas que James junto a otros policías habían “plantado”. Cuando estaba a cargo de la Unidad Antiterro­rista de la Policía Federal, Palacios viajaba frecuentemente a la provincia litoraleña, donde comandaba una delegación encargada de la vigilancia de las actividades en la Triple Frontera. El mismo James tiene varias salidas del país a través de Puerto Iguazú.

En la causa se comprobó que James en persona era el encargado de pasar a retirar las cintas de las escuchas por la SIDE, el único organismo autorizado por ley para hacer inteligencia interna. También se conoció que el agente realizó cientos de llamados a teléfonos de Palacios y de su sucesor en la Metropolitana, Osvaldo Chamorro. Algunos de ellos incluso se habrían realizado desde oficinas del edificio del Ministerio de Justicia y Seguridad. Cuando la Justicia ordenó el allanamiento del domicilio del ex policía federal encontró tres maletines que sirven para hacer filmaciones ocultas, “pinchar” teléfonos y analizar líneas telefónicas. Pero también descubrió que James estaba contratado como abogado en el Ministerio de Educación de la ciudad.

A partir de todos estos datos, la oposición salió a denunciar que el Gobierno de la Ciudad estaba organizando un área de inteligencia, dependiente de la Policía Metropolitana, destinada a espiar a opositores. Incluso los gremios docentes alertaron que James se dedicaba también a espiar a los maestros, uno de los sectores más conflictivos durante la gestión de Macri. Unos y otros reclamaron al unísono la renuncia del ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, y del de Educación, Mariano Narodowski.

El topo

En la jerga del espionaje se conoce como “topo” al agente infiltrado en los servicios de inteligencia del enemigo. Por lo general, se tarda mucho tiempo para lograr reclutar un topo, alistarlo, lograr infiltrarlo en la burocracia rival, y esperar que el agente, a través de su carrera ascendente, reporte a sus reales contro­lantes información de un valor cada vez mayor. Cuando un topo es descubierto, se destruye una red muy importante a través de la cual circula información hacia el bando enemigo.

Al principio de esta historia, la respuesta oficial del Gobierno de la Ciudad fue titubeante. Monte­negro dijo que James era uno más entre tantos policías federales que quieren pasarse de fuerza. Pero en una entrevista con el diario La Nación fue el propio Palacios el que confesó que recomendó a James para la Metropolitana. Por su parte, el ministro Narodowski alegó que el espía no había incluido en su currículo que era Policía Federal y que el Gobierno de la Ciudad no tiene manera de detectar ese dato. Toda una confesión acerca de la declamada y nunca confirmada eficiencia ma­crista. También señaló que trabajaba como asesor en el área de auditoría (cobrando $6.000 por mes), pero no pudo exhibir ni un solo informe firmado por James.

La bola de nieve fue creciendo de tamaño hasta que tuvo que ser el propio Macri quien saliera a denunciar un complot contra su gobierno: todo se debía a una gran operación montada por el gobierno nacional y la Policía Federal destinada a sabotear la implementación de la Policía metropolitana. Ergo, James era un infiltrado, un “topo”. “El gobierno nacional no ha parado de boicotear a la Metropolitana, pero no imaginamos que iban a venir con algo tan sórdido y organizado”, se victimizó el jefe de gobierno. Y anunció que presentaría una denuncia penal contra el gobierno de Cristina Kirchner y la Federal por la supuesta conspiración. La denuncia presentada por el procurador Pablo Tonelli no aportó datos esclarecedores.

La denuncia de Macri fue abonada por la inefable Elisa Carrió. “Quizás es una operación de Aníbal Fernández y de la Federal”, dijo la líder de la Coalición Cívica. Las declaraciones deslizaban sospechas sobre la actitud del juez Oyarbide, ex integrante de la famosa servilleta de Corach, quien en pleno mene­mismo fue salvado de un juicio político: se lo acusaba de proteger una red de prostitución, en connivencia con la policía. Si bien no puede descartarse una mano negra desde la Federal, el histriónico magistrado dio muestras de cierta independencia en su accionar. Sin ir más lejos, es el mismo que investiga la mafia de los medicamentos, que tiene en la mira a funcionarios kirch­ne­ristas y a sindicalistas aliados del oficialismo nacional.

Lo cierto es que la trama de espías sólo vino a complicar aún más la pantanosa gestión que en materia de seguridad lleva adelante el macrismo. No hay que olvidar que Palacios, cuestionado también por sus conexiones con la represión del 20 de diciembre de 2001 y con uno de los implicados en la causa por el asesinato de Axel Blum­berg, fue defendido a rajatabla por Macri hasta su renuncia. Ahora se abre una nueva polémica con el nombramiento de un civil, el diputado Eugenio Burza­co, como jefe de la Policía Metropolitana. Varios ya comenzaron a recordar sus antecedentes como asesor en seguridad del ex gobernador neuquino Jorge Sobisch, cuando en las rutas de la provincia patagónica la policía asesinó al maestro Carlos Fuentealba.

La cabeza de Montenegro por ahora parece mantenerse en su sitio. Aunque habrá que ver qué nuevas revelaciones depara la causa judicial. La trama secreta del caso Ciro James aún parece lejos de cerrarse.

*John Le Carré: “El Topo”, “El Honorable Colegial”, “La gente de Smiley”, publicados entre 1974 y 1979.



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