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Ignacio Di Toma Mues
Mayo 2009
Año VIII | Edición N° 82
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Mayo 2009
La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se propone nuevamente como "el gran evento cultural del año." Sin embargo, no son pocos los lectores que discrepan con esta noción de cultura en la que se enmarca al libro.
Por Hernán Diez
Cada lector tiene para sí mismo una especie de mapa mental en el que se puede seguir el recorrido que ha realizado hasta llegar a un libro. En un artículo de Cortázar, "Algunos aspectos sobre el cuento", se la menciona a Katherine Mansfield. Tiempo después, alguien nos habla de la autora en un bar, en un aula, en una librería, en un cruce de calles cualquiera.
Cierta vez, damos con un libro de Mansfield en una librería o en una biblioteca. Este recorrido que sigue un lector –al que podrían añadirse infinidad de variantes y detalles- es parte de una lectura y de un viaje. Acaso la Feria Internacional del Libro sea una agencia internacional de turismo o un shopping. Para adentrarnos en este tema entrevistamos al escritor, editor y librero, Héctor Álvarez Castillo.
(Héctor Álvarez Castillo): La Feria del Libro es, ante todo, un enorme supermercado, donde cada año se ven más puestos de saldos y stands de libros comunes que de libros difíciles, raros, distintos. Lo que se les ofrece a los lectores en el predio de la Rural no dista demasiado de lo que éstos pueden hallar cualquier día de la semana por la Avenida Corrientes, desde el Obelisco hasta el dos mil. La diferencia está en la parafernalia y en la experiencia de cruzarse con algún escritor por los pasillos, en un stand o en una sala, con motivo de una conferencia o una presentación. No debe dejarse de lado que en esas tres semanas, las editoriales tienen la oportunidad de limpiar stock. Y por cierto que algunas lo aprovechan muy bien. Lo positivo es que para mucha gente, como salida social, se da la oportunidad de hacer del libro una experiencia intensa durante ese día o en las horas que dure la visita. Y eso puede ser disparador a posteriori de otra relación más perdurable, constante. Nunca se sabe cuándo y cómo nace un lector. Y entre libros siempre hay más posibilidades que se dé esa comunión única que es la relación del ser humano con el libro.
- Desde hace algunos años, pequeñas editoriales y diferentes grupos vinculados al mundo del libro organizan ferias independientes. ¿Qué alternativas te parece que ofrecen estas experiencias con respecto a la Feria del libro oficial?
(HAC): Las ferias independientes no dejan de ser dependientes de dos cuestiones esenciales que hacen al espectáculo denominado feria del libro: exhibir y comercializar el catálogo. Lo que uno lleva hacia esos movimientos, que tienen una disposición al menos no tan comercial, es cierta idealización acerca de la propuesta. Y creo que esta idealización es correcta cuando abren un espacio –sesgado en la Gran Feria– a autores y géneros que no aprecian los grupos editoriales dominantes. Recordemos que estos grupos son puntas de icebergs de capitales extranjeros que bien pueden manejar una editorial, un supermercado o una automotriz. Al editor que convive con esa visión del libro se lo percibe –desde el armado de colecciones hasta la fabricación de autores a la carta– más preocupado por hacer circular lo que la masa de lectores consume fácilmente, que por atreverse a provocar a ese mercado domesticado. Lo terrible es que esa mediocre demanda de escribidores, que van desde la novela rosa hasta los textos de autoayuda, es la que pasa, finalmente, a determinar el criterio que conforma el catálogo editorial.
Lo que las pequeñas editoriales, las ferias no-oficiales, los recitales de poesía, las lecturas de cuentos, todo este tipo de expresiones, tienen como primera función, es oxigenar el ambiente adocenado por los suplementos culturales, que viven de la publicidad de las grandes editoriales. No hay que ser muy sagaz para descubrir cómo estas editoriales manejan el mercado desde las vidrieras de las principales librerías de nuevo, hasta las tapas de esos suplementos y sus principales contenidos. Cada fin de semana nos sorprendemos ante la evidencia de que al mismo tiempo coincidieron en dar con el escritor que está llamado a convertirse en el nuevo clásico. Cuando las operaciones de prensa son tan alevosas, sobran las palabras y los juicios.
- Sin duda, la literatura infantil es uno de los segmentos que más vende en la Feria. El libro infantil está dirigido al niño y al mismo tiempo a los padres. ¿A qué factores te parece que responde la oferta de literatura infantil?
(AHC): El libro mantiene –algo mágico hay en esto– un prestigio social alto. Y como al niño se lo tiene como privilegiado, regalarle un libro, acercarle un libro para su divertimento y lectura, está bien visto, en primera instancia por aquel que lo hace. El libro parece que opera brindándole un futuro distinto al adulto que ese chico, que ahora depende de nosotros, algún día será. Y nosotros queremos ser cómplices en esa gesta.
Al mercado esto no se le pasa por alto y evalúa estrategias, toma decisiones, abre colecciones, promociona tanto a autores como a personajes. No deja pasar la oportunidad. Y crea clásicos, digamos nacionales, contemporáneos, para las nuevas generaciones de lectores. Algunos con más talento y originalidad que otros; la mayoría presos de clichés y lugares comunes que me hacen dudar de que por esa vía surjan lectores futuros que vean en el libro, en la literatura –que es lo que amo- la puerta para una vida más rica y profunda.
En lo que hace a literatura infantil lo que más me molesta es esa costumbre actual de pautar todas las colecciones. Estos libros son para el nene de siete, éste es para el de ocho, éste es para nenas, éste para varones. Y lo más triste es cuando los propios padres, los abuelos, los tíos, caen bajo el embrujo de ese criterio mezquino. En mi librería me cuesta buen trabajo explicarle a muchos compradores que las niñas también pueden leer La isla del tesoro, de Louis Stevenson. Y por cierto que no creo que la saga de Harry Potter sea lo más aconsejable a la hora de regalarle un libro a un niño, aunque –dada la fama alcanzada– tampoco se debe perder la oportunidad de que ésa sea la llave que abra la puerta de entrada al maravilloso mundo de la literatura.
Es escritor, editor y librero (Dickens Libros, calle Cuenca, muy cerca de Álvarez Jonte, en Villa del Parque).
Entre sus principales obras, se cuentan: "El faro de la tempestad y otros poemas" (poesía, 1991), "El prisionero. Historias para una puesta teatral" (teatro, 2003), "Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges y otros textos sobre literatura" (ensayo, 2004), y las colecciones de cuentos: "Metamorfosis" (2005), y "Gerstrauss o el Amor" (2009). Recientemente, ha prologado y compilado el volumen de ensayos y narraciones sobre vampirismo: "Los Vampiros no nos dejan dormir" (2009) y el volumen: "Cuentos de la noche" (2009). En el año 2008, la compañía teatral Los Cazadores del Arte Perdido, bajo la dirección de Charly Palermo, estrenó en el Teatro Macondo de San Telmo su obra: "El prisionero. Una tragedia en soledad". Ha colaborado en las décadas del ochenta y noventa con los suplementos culturales de los diarios La Prensa y La Nación, de la Ciudad de Buenos Aires, y con la revista "Proa", entre otros medios.
También ha escrito una serie de trabajos sobre distintos aspectos del campo editorial. Los mismos pueden consultarse en:
www.barcoebrio.com.ar
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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