Director Propietario & Editor Responsable
Ignacio Di Toma Mues
Junio 2010
Año IX | Edición N° 95
Zamudio 5031 | Ciudad de Buenos Aires
redaccion@elbarriopueyrredon.com.ar
Reg. Prop. Intelectual 802.024 / Ley 11.723
Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Junio 2010
Cuando en 1998 el Dr. Martin Seligman asumió como presidente de la Asociación Psicológica Americana puso sobre el tapete un dato que llamó inmediatamente la atención de los estudiosos de la conducta humana: mientras las publicaciones científicas incluían 10.553 artículos acerca de la depresión, solamente 2.215 trataban sobre la felicidad.
Por Aldo Barberis Rusca
Los estudiosos, en general psicólogos, psiquiatras y neurólogos están más interesados en paliar el sufrimiento que deviene de la depresión, la tristeza y la melancolía que de descular cómo se llega al estado de bienestar al que llamamos felicidad.
Hoy, después de esto, la felicidad parece haberse puesto de moda, aunque los 26.000 artículos publicados en los últimos años sigan siendo superados por los más de 53.000 que ha generado la depresión. Pero al menos es un comienzo.
No siempre la felicidad contó con tan poca consideración en el pensamiento de los que se ocupaban de las cosas del mundo; de hecho los filósofos griegos le han dedicado gran parte de sus cavilaciones y de sus escritos.
Los griegos, como era su costumbre no se ponían de acuerdo acerca de cuales eran los medios para llegar a la felicidad. Aristóteles (384-322 a.C.), por ejemplo, insistía en que para ser felices, para alcanzar la eudemonía (buen espíritu), era necesario alcanzar la virtud que deviene de lograr un equilibrio entre los extremos del comportamiento animal irracional, el racional y el social.
Según esta doctrina, conocida como eudemonismo, la prudencia, el justo medio es la meta la que los seres humanos debemos aspirar y el objeto de la autorrealización que conduce a la felicidad.
Mientras que la mirada aristotélica, como se ve, propendía a una adecuación del hombre a la sociedad; otros consideraban a la sociedad el origen del mal y la insatisfacción del hombre y proponían una vuelta a la naturaleza.
Diógenes (412-323 a.C.), aquel conocido por el amor profesado hacia su perro, lo cual dio nombre origen al cinismo (cinos=perro);el que deambulaba por Atenas, con un farol en la mano buscando hombres honestos, sumido en la más extrema de las pobrezas a la que había convertido en su mayor virtud y que tenía por casa un tonel donde guardaba sus pocas pertenencias, consideraba que la felicidad se alcanzaba a través del desapego de los bienes materiales, la liberación de los deseos y la reducción al máximo de las necesidades. Como vemos la intelectualización de la actitud es la que hace la diferencia entre un hippie y un linyera.
Si para los aristotélicos la felicidad se logra por la autosatisfacción, para los cínicos se llega a través de la autosuficiencia.
En otro lugar se ubican los hedonistas para quienes el placer es el camino a la felicidad.
Sin embargo entre ellos hay que diferenciar a los epicúreos de la escuela cirenaica ya que, si para los últimos los placeres corporales eran superiores a los mentales y no consideraban necesario posponer su gratificación inmediata, para los discípulos de Epicuro (341-270 a.C.) el placer estaba más relacionado a una vida buena y feliz, libre del miedo a los dioses y a la muerte, sin sufrimiento y practicando la amistad, la estética y el conocimiento.
Demás está decir que la iglesia católica consideró ambas corrientes como la quintaesencia del mal en el mundo, tal vez por la ambición de los hombres en tener amigos epicúreos y amigas cirenaicas.
Bastante alineados con los hedonistas están los utilitaristas ingleses de los siglos XVIII y XIX Jeremy Bentham y si discípulo James Mill.
Benthman se basa en Hume y en su postulado acerca de que “la moral es el camino hacia la felicidad y el gozo de vivir del mayor número posible de hombres” para proclamar que es necesario obtener “el máximo bienestar para el máximo posible de hombres”.
Las religiones, por otra parte se han centrado la unión a dios como camino a la felicidad y la ciencia ha tratado de explicarla a través de la mayor o menor concentración de neurotransmisores.
Después de este superficial, y seguramente plagado de errores, repaso de las diferentes formas y caminos hacia la felicidad nos queda una certeza: nadie sabe a ciencia cierta cual es la forma infalible de ser feliz.
Hoy los científicos del mundo se han puesto a estudiar la forma en que la gente logra estados de mayor o menor felicidad llegando a algunas conclusiones que, aunque valiosas no aclaran demasiado el tema.
Por empezar parece ser que se genera más felicidad en la juventud y en la vejez que en la madurez, que las mujeres son más felices que los hombres y que los occidentales son más felices que los asiáticos.
También parece ser cierto eso de que “la plata no hace a la felicidad”.
Según algunos informes produce más felicidad dormir bien que comprarse un auto nuevo y que son más felices aquellos que hacen tareas comunitarias y altruistas que los que viven según sus propios intereses.
Además se relaciona a la felicidad con el éxito en el matrimonio, la mayor cantidad de amigos, el soporte social, la creatividad y la productividad, aunque en estos casos no queda muy en claro las causas y las consecuencias. Es decir, si la felicidad hace duradero al matrimonio o si es exactamente al revés.
Pero lo que si queda claro es que el ser humano tiene la posibilidad de ser feliz, la necesidad de serlo y la obligación de permitirle a los demás lograr su propia felicidad.
Y si esto es así, la felicidad debería ser tema y razón fundamental de cualquier política y cuestión de estado para cualquier gobierno.
Está bastante claro que esto no es así de ningún modo y que los capitostes y craneotecas de la política, la comunicación y el pensamiento se preocupan más de poner caras de traste, de aparecer serios y responsables, de establecer un sistema de premios y castigos y de determinar quienes son los ganadores y los perdedores que de ver como se logra un pueblo con más gente feliz y menos desgraciados.
Aquellos que se llenan la boca hablando en los medios de comunicación acerca de cómo se debe hacer política y cómo hacer grande a nuestro país, deberían leer las palabras de Eva Perón pronunciadas hace más de medio siglo pero que aun parece que no fueron escuchadas: “No hay grandeza de la patria a base del dolor del pueblo sino a base de la felicidad del pueblo trabajador”.
Lamentablemente creemos que, si bien es posible propender a “la felicidad del pueblo”, no está en las posibilidades de gobierno alguno, ni iglesia ni grupo de gente con buena voluntad hacer feliz cada una de las personas individualmente.
La felicidad de cada hombre depende de su individualidad; de sus gustos, sus pareceres, sus preferencias, su historia y miles de factores más que hacen de cada ser humano una persona. Y no hay ley, ni decreto ni norma administrativa que le asegure la felicidad.
Si embargo si desde el poder, desde las instituciones, por cuestiones de moralinas anacrónicas o por intereses mezquinos se dictan normas que cercenan libertades, se coartan derechos o se invalidan garantías, entonces sí se puede asegurar la infelicidad, el dolor y la angustia de muchos seres humanos.
Hoy estamos ante la posibilidad de dictar una norma que les de la posibilidad a muchas personas de intentar ser felices, ya sea al modo aristotélico de la autorrealización, o venciendo el miedo a la soledad, al futuro o al desamparo a la manera de Epicuro. Hoy podemos cumplir con el ideal de llevar “el máximo bienestar para el máximo posible de hombres”.
Si ser feliz de la forma que uno quiera o pueda es una amenaza para alguien, ese alguien es una amenaza, no sólo para la nación sino para la humanidad entera. Quien basa su satisfacción, su seguridad o sus derechos en la infelicidad de sus semejantes no debería ser merecedor de ser llamado ser humano.
El derecho a la felicidad debe ser considerado un derecho humano y su cercenamiento un delito de lesa humanidad.
Así como el derecho a la salud no asegura la salud, el derecho a la felicidad no asegura que seamos felices. Lo sabemos pero igual nos lo merecemos; todos.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
© Todos Los derechos Reservados 2011 ~ Rei-Elk ~