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Ignacio Di Toma Mues
Abril 2010
Año IX | Edición N° 93
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Abril 2010
Siempre tuve la sospecha de que la verdad estaba un tanto sobrevaluada; sobre todo por las candidatas a Miss Universo. Es que el concepto, al ubicárselo en las antípodas de la mentira, adquiere un valor de bien absoluto que a mi entender le queda demasiado grande. La verdad puede ser tan dañina o más que la mentira, con el agravante de que no se la puede rebatir.
Por Aldo Barberis Rusca
La cámara de televisión sigue a un policía por entre los vericuetos del laberinto de un barrio marginal del Gran Buenos Aires. Las fuerzas del orden están respondiendo a un llamado que denuncia un robo, o una pelea familiar, o la presencia de personas de dudosa catadura en alguna calle perdida de La Matanza.
Los protagonistas son, por un lado, un grupo de policías cumpliendo con su misión y, por el otro, el conurbano con sus casas precarias, sus calles abandonadas, sus perros hambrientos y su población condenada a una marginalidad que no buscaron ni merecen.
Lo que podría ser un episodio de una serie es en realidad un capítulo más de “Policías en Acción”; un envío semanal que documenta el accionar de las fuerzas de seguridad en su diaria lucha para combatir al mal.
Semana a semana una cámara imparcial y aséptica sigue las andanzas de los uniformados logrando mediciones de audiencia que serían la envidia de mas de un productor.
“Policías en Acción” no necesita de guionistas ya que el guión es la vida misma de quienes aparecen en pantalla y si hay algo que se puede catalogar de verdadero son las acciones espontáneas de cualquier ser humano.
El envío nos muestra la cruda realidad que se vive en las orillas de la marginalidad: hambre, violencia, alcohol, drogas y degradación moral son las constantes contra la que los policías luchan a diario.
Pero la verdadera dimensión del fenómeno se adquiere cuando vemos quienes son los que consumen este programa, cuál es el público seguidor de esta feria de los milagros Nacional y Popular. El segmento que sigue con mayor fidelidad Policías en Acción es el más alejado de los lugares donde la acción transcurre, el segmento ABC1 de la población argentina.
Para este sector las villas miseria, los barrios marginales y las calles intransitables del conurbano son el repositorio de todo aquello que ellos no son, de aquello que desprecian y temen, de lo que es tan absolutamente distinto a ellos.
¿Podemos negar la verdad de lo que las cámaras de televisión nos entregan? De ninguna manera. Y sin embargo esta verdad oculta más de lo que muestra.
En principio el programa no muestra las causas de la marginalidad y por lo tanto nos deja con una verdad vacía; indiscutible, pero vacía.
Por otro lado se centra en una verdad parcial que, por ser la única que se muestra, se convierte en verdad absoluta.
El objeto de mostrar una verdad segmentada o parcial es el de construir en nuestras mente un mapa de la realidad, es decir un marco cuyo cuadro es una visión parcial de un todo. Y ese todo es la realidad.
El General Perón dijo alguna vez y para siempre que “la única verdad es la realidad” (aunque parece que la frase es originalmente de Aristóteles), y lo hizo en un contexto en el que se discutían los logros de su gobierno.
Sin embargo la frase excede en mucho las pretensiones de validación de su obra.
Trataremos de no caer en la tentación de sumergirnos en una discusión filosófica acerca de la posibilidad o no de conocer la verdad. Eso se lo dejamos a gente más preparada.
Si aceptamos el precepto de que “la única verdad es la realidad”, tenemos que concluir en que una parte de la realidad es, por lo tanto, una parte de la verdad y que, una parte de la verdad, no es la verdad.
Mostrar un asesinato, un robo o un transa haciendo negocios de drogas en una esquina es un recorte de la realidad que aunque sea cierto no es la verdad.
Y mientras que por un lado tenemos a quienes pretenden hacer de una parte de la realidad la realidad toda; por otro están aquellos que buscan con una verdad ocultar otra.
En los poderosos medios de comunicación de hoy en día resulta muy común motorizar ciertas noticias con el objeto de obtener beneficios de algún tipo.
Así el destape de un escándalo de corrupción o una ola de inseguridad puede ocultar el fracaso de una negociación entre el grupo económico que maneja el medio con el gobierno por alguna obra o por un aumento de pauta publicitaria.
Cuando se desata una catarata de determinados delitos es necesario tratar de mirar por debajo a ver que ocultan.
Desde hace unos años viene creciendo la ola de sacerdotes católicos violadores y corruptores de menores. Cada país tiene su propio grupo de curas depravados y el nuestro no es una excepción.
Evidentemente los casos denunciados deben ser verdaderos aunque no deben ser todos los casos. Pero la prensa parece centrarse en los depravados católicos con exclusividad.
Pero si uno hace un ejercicio de retrospección se dará cuenta que desde hace ya mucho tiempo se viene gestando un clima propicio a la identificación de catolicismo con desviación sexual.
Hace ya varios años que las películas norteamericanas están creando el arquetipo del “católico degenerado”.
Quien haya visto “Río místico” tal vez recuerde que quien secuestra y viola a uno de los protagonistas siendo un niño luce un anillo con una cruz, detalle que el director se encarga de recalcar con un plano corto de la mano del personaje que, aunque no lo explicite se nota que es un sacerdote.
Lo más curioso es que la filiación religiosa del violador no tiene demasiada importancia en el desarrollo de la trama. En realidad daba lo mismo que profesara cualquier religión o ejerciera cualquier trabajo.
Seguramente todos hemos visto escenas donde desviados sexuales tienen altares con iconografía marcadamente católica (crucifijos, vírgenes, santos, velas, etc.)
Lo que resulta curioso es que esta ola provenga precisamente de un país con una tradición muy fuerte en contre de los “papistas”; tradición heredada de los reformistas ingleses desde tiempos de Enrique VIII.
Sin embargo los que en el siglo XV atacaban a la iglesia y al papa por ser el poder y por manejar la economía del mundo, son los que hoy imponen el sistema económico más injusto y corrupto de la historia de la humanidad. Y es desde la fe católica que surgen algunas de las pocas voces que se alzan en contra.
Y es aquí donde nos debemos preguntar qué verdad quieren ocultar bajo la exhibición morbosa de curas y obispos depravados.
La respuesta tal vez la encontremos en los asesinatos del Padre Carlos Mujica, de Monseñor Angelelli, de los Padres Palotinos, de las monjas francesas. De Monseñor Romero en El Salvador junto a los sacerdotes Ernesto Abrego, Marcial Serrano y Octavio Ortiz (quien fuera acribillado para luego destrozar su cuerpo pasándole por encima con una tanqueta) entre tantos otros.
Podemos también buscar en chile a los curas torturados hasta la muerte Joan Alsina, Miguel Woodward, André Jarlan, Antonio Llidó y Juan Poblete.
Y si no queremos irnos tan lejos en la historia podemos buscar entre los 37 agentes pastorales muertos violentamente en el mundo solamente en 2009, de los cuales 23 fueron asesinados en Latinoamérica.
También podemos buscar la verdad que se oculta en las palabras de Ernesto Cardenal, Frey Betto o Leonardo Boff.
Si buscamos tan solo durante un rato encontraremos muchos más sacerdotes asesinados por defender al pueblo y muchas más voces críticas al sistema dentro de la Iglesia que violadores.
Pero para esto no debemos permitir que la verdad nos oculte a la realidad.
Y sobre todo tenemos que tener en cuenta que una verdad no tiene el mismo valor en todas las bocas. Y que no todas las voces la honran.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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