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Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Septiembre 2010
Año IX | Edición N° 98

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Septiembre 2010

Edicion Septiembre 2010


De que hablamos cuando hablamos de…

Lumpen


Por Aldo Barberis Rusca

En el año 1799 Napoleón Bonaparte se encontraba en el pináculo de su prestigio militar luego de la exitosa campaña de Egipto, lo que le dio el aire suficiente como para sumar al apoyo incondicional del ejército francés el de las clases populares para así dar un golpe de estado contra el débil Directorio gobernante. Esta maniobra, que lo llevaría en pocos años a ser nombrado Emperador de Toda Francia, se conoció como el 18 de Brumario (debido a la fecha en el calendario de la revolución y que se corresponde con el 9 de noviembre) y este término pasó a ser sinónimo de golpe de estado.

Algunos años más tarde un sobrino de Napoleón, Carlos Luis Napoleón Bonaparte, se convierte nuevamente en el emperador Napoleón III de Francia a partir de otro golpe de estado dado mientras ejercía la presidencia de la segunda república.

Sin entrar en detalles acerca del imperio de Napoleón III, a los fines de este artículo diremos que tal vez su mayor logro fue que Karl Marx le dedicara uno de sus escritos fundamentales; “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”.

Desde el título se ve que Marx intenta trazar un paralelismo entre aquel 18 brumario, el de Napoleón y el golpe de estado que llevó a su sobrino desde la presidencia de la segunda república al segundo imperio.

Este paralelismo, sin embargo, es para Marx como un espejo distorsionado que lo obliga a dar una de las grandes definiciones de la historia. Parafraseando a Hegel dice que “los grandes hechos y personajes de la historia se dan dos veces” pero, agrega, “una vez como tragedia y otra como farsa”

Nada es mas cierto en el imperio de Napoleón III, basta con mirar el ridículo paso de comedia que fue el sostenimiento contra natura de Maximiliano de Austria al frente del Imperio Mexicano.

Pero a los fines de este análisis nos centraremos en un pasaje del artículo de Marx que acuña para siempre una palabra: lumpen.

En el capítulo V de “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” dice acerca del movimiento que llevó de la Segunda República al Segundo Imperio

“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre.”

Es en este párrafo donde aparece por primera vez el termino lumpemproletariado (en alemán lumpenproletariat, traducido a veces como subproletariado) ligado a una clase social que está por debajo de la línea del proletariado, la “corte de los milagros” de Víctor Hugo o la bohemia de Henri Murger; aunque ya lo había usado en “La ideología alemana” de 1948. El término lo toma Marx de “lumpen” que en alemán significa harapos y, por extensión, mendigo.

Para el Marxismo este lumpen ha sido asociado tradicionalmente como una amenaza hacia los cambios y como un grupo retardatario debido a que carece tanto de conciencia política como de clase, lo cual lo hace susceptible a servir de punto de apoyo de la burguesía.

Esto he sido así durante una buena parte de la historia y el siglo XX nos brinda excelentes ejemplos.

El lumpen, o en su versión criolla de lumpenaje, dio sustento a los grandes movimientos conservadores de la primera mitad del siglo fundamentalmente en España, Italia y Alemania.

En efecto, tanto la Falange española como el Fascismo y el Nazismo, se nutrieron de estos sectores descastados y marginales para formar el grueso de su fuerza en la toma del poder.

Un excelente relato de este proceso, visto desde la óptica marxista, se presenta en la película “Novecento” de Bernardo Bertolucci donde se muestra el acenso del fascismo ideado, apoyado y sostenido por los grandes capitales, sobre todo por los grandes terratenientes, para combatir al comunismo que florecía de la mano de la conciencia del proletariado explotado.

El lumpen siempre ha sido despreciado. Desde la burguesía, que lo genera, es utilizado para sus tareas sucias y luego nuevamente es enterrado en las cloacas mas lejanas; y desde la izquierda se lo estigmatiza como un sector aliado a la burguesía y, por lo tanto, enemigo de las reformas.

Sin embargo algo ha cambiado por estos rumbos que ha puesto al “lumpenaje” en otras caras.

La década de los noventa, la del sueño del primer mundo, ha dejado en América Latina una estela de pobreza y marginación nunca antes vista.

El ámbito rural ha expulsado a millones de personas que rápidamente han pasado a engrosar los barrios marginales de las ciudades ya superpoblados por los expulsados de las industrias cerradas. Este proceso dio como resultado una masa de potenciales lumpen que, sin embargo, se resistieron a ubicarse en ese lugar.

Los nuevos sectores marginales provienen de una clase proletaria devenida en desocupados, subocupados, cuentapropistas, cartoneros y toda una serie de etcéteras que traen en su subconsciente “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, de haber pertenecido a una clase obrera o a una incipiente clase media, el recuerdo de un hogar con un padre trabajador y una madre ama de casa, son hombres y mujeres educados en la escuela pública, algunos hasta con estudios terciarios, a los cuales el sistema expulsó, marginó y pretendió olvidar.

Pero ellos no se olvidaron.

Los nuevos marginales se organizaron, constituyeron grupos numerosos que reclamaron por sus derechos, marcharon, piquetearon y, finalmente, conformaron organizaciones que los contienen y asisten. Los nuevos marginales luchan por dejar de ser invisibles, tienen conciencia de quienes son y de por qué están donde están. Saben quienes los pusieron donde se encuentran y saben que nunca más van a ser su servidumbre.

Pero para la burguesía, para los ganadores del sistema, no hay mayor pecado que puedan cometer los marginales que organizarse.

Y es por eso que deben ser criminalizados, para que no se atrevan a reclamar por sus derechos y para que su ejemplo no se disemine como una mancha de aceite imparable.

Uno de los ejemplos más notables de cómo la organización de los marginales es criminalizada desde los sectores del poder, desde la política tradicional y desde los medios de comunicación, es el del Movimiento Tupac Amaru y su líder Milagro Sala. Ella y su movimiento han sido acusados de violentos y en cada acusación se ha visto la cara del poder que los odia y les teme.

Ante cada logro del movimiento, cada inauguración de una obra, de un barrio, cada comedor abierto, cada nuevo centro comunitario inaugurado, se alzan mil voces de desprecio pretendiendo desacreditar una obra, una idea y un camino.

Como el Tupac Amaru hay centenares de organizaciones de marginados y descastados que luchan por una vida mejor y por un futuro para sus hijos. Y hay millares de dirigentes como Milagro Sala organizando y siendo acusados de violentos y corruptos.

Afortunadamente para los dueños del mundo, para los opresores, para los que “juegan a primero yo, y después a también yo, y a las migas para mi”, nunca les faltan aliados.

En el año 1972 el economista y sociólogo alemán André Gunder Frank acuñó el término “lumpenburguesía” para definir a sector medio y alto de la sociedad, formada por empleados, comerciantes y profesionales que comparten la mentalidad del lumpemproletariado marxista y son fácilmente manipulables por el poder para apoyar sus reclamos de mayores beneficios.

Nuestro país, gracias a Dios, cuenta con una cantera casi inagotable de lumpenburgueses. Se los ha visto marchando junto a la oligarquía campestre rechazando las retenciones, junto a la iglesia oponiéndose al matrimonio igualitario y junto a los medios concentrados de comunicación rechazando la Ley de Servicios Audiovisuales y ahora apoyando la continuidad en Papel Prensa.

Como se ve, a pesar de que aquellos de los que hablaba Marx hoy ya han tomado conciencia de quienes son y hacia donde deben ir, los lumpen no han muerto, siguen vivos y esperando órdenes de sus amos, siempre dispuestos a combatir al pueblo y a sus logros.

En la Argentina a estos nuevos lumpen los conocemos hace mucho y los llamamos gorilas.



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