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Ignacio Di Toma Mues
Diciembre 2010
Año IX | Edición N° 101
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Diciembre 2010
Por Aldo Barberis-Rusca
La noche pintaba fea, mucho viento fresco y amenaza de lluvia. Sin embargo la esquina de la cuádruple frontera (Urquiza, Pueyrredón, Agronomía y Parque Chas) se empezaba a poblar de gente.
La calle La Pampa estaba cortada por un pequeño escenario improvisado con cajones de cerveza y tablones al que unas bombitas de colores le hacían marco aunque el viento impiadoso amenazó con transformarlas en cometas en más de una ocasión. Un hormiguero de gente cargaba mesas, sillas y luces mientras, de paso, afinaban sus instrumentos o ensayaban resguardados del viento detrás de una camioneta.
Es que un viejo amigo volvía al barrio y todos lo querían venir a recibir. Porque como son estas cosas, humildemente, pero sin pedir permiso; el tango vuelve al barrio.
Después de varios meses de ostracismo obligado, por los vericuetos burocráticos de una política cultural que no es política ni cultural, Cucuza Castiello traía al tango nuevamente al Bar El Faro, un bar declarado notable pero al que se le niega la posibilidad ser un ámbito de cultura para el barrio y la ciudad.
Y como no hay permiso para que El Faro tenga música adentro, la solución fue sacar el bar a la calle, las mesas, las sillas, la gente, la música y la magia que se da cuando una pueblo festeja su propia identidad.
Contar lo que pasó la noche del 17 de diciembre en la esquina de La Pampa y Av. de los Constituyentes podría llevarnos varias horas, habría que contar lo que cantó cada cantor, lo que tocó cada músico, lo que se dijo, lo que se bailó, pero también lo que se sintió, cada cara de emoción y de felicidad. Habría que contar la inmensa felicidad que vibraba en el aire cargado de malos presagios climáticos pero con la certeza de que si don Arturo Jauretche tenía razón y los pueblos tristes no triunfan, este pueblo tiene todas las de ganar.
Y cuando las amenazas se cumplieron se armo el candombe, como en aquel legendario Woodstock llegaron los tambores y la gente salió a bailar y a cantar bajo la lluvia mientras se desarmaba el sonido y las luces y entre todos le recomponían el animo a Cucuza.
Pero algo estaba en claro, cuando un pueblo canta unido Dios escucha. Y si bien la lluvia no paró, el ingenio y las ganas pudieron más y la fiesta se hizo dejando mucho mas en claro el absurdo de una prohibición.
Los músicos desde la vereda le cantaron a su gente; amontonados, íntimos, en una unión esencial de espíritus bajo un toldo que resguardaba precariamente de una lluvia que no llegó al vendaval que se esperaba.
¿Los Músicos? Aparte de Cucuza Castiello y su inseparable escudero Moscato Luna, alma mater y factotum de “El Tango Vuelve al Barrio”, un montón; baste solo con nombrar algunos cantores que, de haber sido solamente ellos, hubiera alcanzado para conformar una noche única: Osvaldo Peredo, Luis Filipelli, Ariel Ardit; Alejandro Guyot, Rita Cortese, una marquesina de lujo que se vio enriquecida por nuevos cantores y grandes músicos.
La noche se hizo larga, como siempre, en una recalada feroz que este cronista no tuvo el aguante de compartir.
En la esquina de "Pampa y Constituyentes" el Tango se preguntaba...
... ¿Quién dijo que me fui? Si siempre estoy volviendo.
Fotos que ilustran la nota: Perfil de El Tango Vuelve al Barrio en Facebook
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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