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Ignacio Di Toma Mues
Mayo 2010
Año IX | Edición N° 94
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Mayo 2010
Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió...(André Malraux)
Por Fernando Casasco
1810
La ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Ayres fue fundada por segunda y definitiva vez por don Juan de Garay en 1580. Recién en 1776, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, esa pequeña aldea se convirtió en el centro político y social más destacado del cono sur. El crecimiento de aquella pequeña y remota aldea fue exponencial: de los 22 mil habitantes de 1770 pasó a unos 70 mil en 1806, cuando se produjo la primera invasión inglesa.
Según datos de 1778, el 75% de los habitantes de la ciudad eran “españoles” (nacidos en la península y americanos); el 22% eran negros o mulatos, la mayoría de ellos esclavos; y sólo un 3% lo componían mestizos e indios. La “clase principal” ya no era integrada por los descendientes de los “vecinos”, los viejos fundadores: desde principios del siglo XVIII, inmigrantes acaudalados de origen español o portugués hicieron su agosto con el contrabando de cueros o de esclavos. (1)
La gran burguesía se alió con otra más pequeña, ligada a las actividades profesionales, al empleo público, el bajo clero o la oficialidad militar para llevar a cabo la Revolución de Mayo. No fue aquel un movimiento que – tal como nos enseñó la historia oficial mitrista – se hizo para obtener solamente el libre comercio (que, por otra parte, ya había sido otorgado por el virrey Cisneros en 1809). Por el contrario, se trataba de la lucha por formas más democráticas de concebir el poder, orientadas por los fundamentos de la Revolución Francesa, pero con un fuerte contenido popular, en paralelo con lo que ocurría en la metrópoli en la insurrección contra el imperialismo napoleónico.
La Revolución, orientada por el pensamiento de Moreno, buscó expandir y hacer nacional y continental el movimiento de la ciudad: envió misiones militares al Alto Perú y al Paraguay; y comenzó a implementar un plan que incluía expropiar riquezas a los altos funcionarios virreinales y hacendados realistas; fomentar la minería; dividir la tierra en pequeñas parcelas para el desarrollo de la agricultura; imponer gravámenes a las mercaderías importadas, sobre todo a las lujosas, para promover el crecimiento de la industria nacional; e incentivar la educación. La Revolución todavía estaba por hacerse. El genio estratégico de San Martín así lo entendió y llevó esos ideales a nivel continental.
Pero el influjo del pensamiento de Mayo duró poco y sus protagonistas tuvieron un triste final. La alta burguesía de la ciudad-puerto no tardó demasiado en clausurar el periodo revolucionario, considerando que la formación de un gobierno autónomo y la posterior independencia sólo debían servir para asegurar el libre comercio y la relación de subordinación con el capital inglés, con el puerto de Buenos Aires como principal beneficiario. Dice Galasso: “(…) el liberalismo oligárquico sustenta un proyecto elitista, secesionista, porteñista, antilatinoamericano. Para Mitre, la patria será Buenos Aires. Para José Hernández la Argentina será apenas una “sección americana” de la Patria Grande a construir”. El enfrentamiento entre esas dos cosmovisiones se extendería por casi siete décadas de luchas intestinas. (2)
1910
Llegados al Centenario, la República Argentina se ha organizado tras décadas de guerras civiles: ha adoptado una Constitución federal, aunque en los hechos Buenos Aires es la que manda. La clase terrateniente, aliada al gran comercio y dependiente del capital británico transformó al país en “el granero del mundo”. Argentina era el primer exportador mundial de trigo y carne, y el segundo de lana y carne congelada. Eso sí: un granero en el que no todos comían. Necesitada de mano de obra para llevar a cabo su idea de nación ligada al comercio internacional, la clase dominante favoreció la inmigración europea. Enormes contingentes llegaron al país en busca de la tierra prometida. La mayoría se estableció en las grandes ciudades del litoral y pasaron a formar parte de la mano de obra industrial y de servicios que requería la concentración urbana.
Buenos Aires, la pequeña aldea de principios del siglo XIX, se había convertido en una gran ciudad. Con la ley de federalización de 1880, se había anexado los vecinos partidos de Belgrano y de San José de Flores. La federalización también llevó aparejada la creación de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, que se dedicó al engrandecimiento edilicio de la urbe. De 337.617 habitantes en 1880, la ciudad pasó a tener más de 1 millón y medio en el censo de 1914, convirtiéndose en la duodécima ciudad más grande del mundo. El 46% de sus habitantes era extranjero, mayoritariamente italianos y españoles.
De todos modos, el apogeo conservador que se pretendía expresar en la monumentalidad de la ciudad, el lujo económico de las clases altas y el boato con que se celebró el primer Centenario de la Revolución, no tenía bases sólidas. Desde hace más de 20 años, la Unión Cívica Radical había encabezado varias insurrecciones contra el fraude electoral, en reclamo de la participación política de las mayorías populares. Algo que se conseguiría pocos años después, con la Ley Sáenz Peña. Por otra parte, crecía el descontento social por los salarios miserables y las pésimas condiciones de vida de la clase trabajadora. En la semana de mayo de 1910, la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de tendencia anarquista, lanzó una huelga general. El gobierno del presidente Figueroa Alcorta decretó el estado de sitio y el Congreso sancionó la ley «de Defensa Social», que incluía la pena de muerte para los activistas sindicales. Los festejos continuaron, pero con 2.000 trabajadores detenidos, solo en la Capital Federal. (3)
2010
A 200 años de la Revolución de Mayo, la Argentina y la ciudad de Buenos Aires aún buscan su destino. La población porteña se duplicó: en el último censo nacional, en la Ciudad de Buenos Aires se contabilizaron 2.776.138 habitantes, pero según proyecciones ese número asciende ya a más de 3 millones. De ellos, más de un 10% está compuesto por extranjeros. La ciudad fue declarada autónoma en 1994, y elige a su jefe de gobierno por voto directo desde 1996. El próximo año además se realizará la primera elección de juntas comunales.
La sociedad se diversificó, se hizo más compleja. A partir del ascenso del radicalismo y luego del peronismo, los sectores migrantes externos e internos en ascenso constituyeron una amplia clase media. Del granero colonial se pasó a un país que pretendió ser industrial y desarrollado. Pero en las últimas 3 décadas y media se generaron fracturas sociales severas entre esos sectores medios y medios-altos, y amplios sectores bajos que mayoritariamente ocuparon villas y barrios pobres de la ciudad y del conurbano bonaerense. Ese amplio conglomerado (de más de 12 millones de habitantes) es hoy inescindible entre sí: millones de habitantes del Gran Buenos Aires viajan cada día a la ciudad autónoma a trabajar en sus empresas, gastar dinero en sus comercios, educarse en sus escuelas o curarse en sus hospitales. A la recíproca, la ciudad envía sus residuos a compactarse en rellenos sanitarios ubicados en los municipios adyacentes a la atestada ciudad.
En vísperas del Bicentenario, sería bueno reflexionar sobre el modelo de ciudad (y de país) que pretendemos. Uno en el que sólo algunos pocos puedan disfrutar de las delicias de la vida urbana, con una ciudad que le da la espalda al país profundo, donde se criminaliza la pobreza y la protesta social, se beneficia a empresarios amigos o se vacía al estado. O uno en el que la ciudad marche integrada con las demás provincias en la búsqueda del desarrollo nacional y la integración latinoamericana; donde haya derecho al progreso económico, el trabajo, la educación, la salud, la vivienda, el medio ambiente, para todos. Para que –parafraseando un film español – no nos pasemos otros 200 años hablando de estos 200 años.
1. Jauretche, Arturo: “El medio pelo en la sociedad argentina”. Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 2002.
2. Galasso, Norberto: “La Revolución de Mayo (el pueblo quiere saber de qué se trató)”. Centro Cultural Enrique S. Discepolo, “Cuadernos para la Otra Historia”, Bs. As., 2004.
3. Pigna, Felipe. “Aquel primer centenario…”. Nota en diario Clarín, 21/10/200
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra"; y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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