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Mayo 2012

Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Agosto 2010
Año IX | Edición N° 97

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Agosto 2010

Edicion Agosto 2010


La Página de El Colectivo: Artistas y espectadores

Una vuelta por la historia de las
artes plásticas en el espacio público

Natalia March es historiadora del arte, profesora e investigadora en la UBA. Vive en Villa Urquiza, participa en congresos nacionales y, hace un par de meses, fue invitada a Rennes (Francia) al Congreso “Arte y Memoria” para presentar su investigación sobre dos acciones artísticas en espacio público que tuvieron lugar en plazas de Buenos Aires en los años ’70. Realizó esta investigación por interés personal. Reconstruyó con un trabajo de hormiga una partecita de la historia del arte en nuestro país que parecía borrada de la bibliografía. Lo cuenta con pasión y lo comparte con nosotros, para que conozcamos nuestra historia mejor que los franceses. Para que la acompañemos también en esta reflexión, que nunca termina, sobre las funciones del arte y su relación con la sociedad.

set el colectivo

- Contános un poco cómo surgió tu investigación sobre el tema…

En el instituto Payró, que funciona dentro de la UBA, hubo una convocatoria sobre el tema “Arte Público”. Yo había escuchado hablar de dos acciones artísticas que se hicieron en la década del ’70 en dos plazas de Buenos Aires y sobre las que no había bibliografía precisa y decidí investigar un poco más. Terminó siendo un trabajo casi detectivesco, que me llevó a conectarme con varios de los artistas que participaron de esa movida, porque la documentación que había era realmente muy escasa e incompleta. Lo que me interesaba particularmente era que se trataba de una de las primeras acciones de muestras de arte plástico en el espacio público, acá y en el mundo. No hay muchos antecedentes previos.

- ¿Y el movimiento muralista mexicano no fue anterior?

Sí, claro. Pero en este caso no se trataba de murales, sino de acciones organizadas por los artistas en un espacio público. Además, el muralismo en México fue apoyado por la revolución para contar la historia de la revolución y de los pueblos indígenas. Tenía un apoyo del Estado. Si te ponés a pensar, es algo similar a lo que ocurre con las obras escultóricas que vemos en los espacios públicos, los monumentos en las plazas, etc. En nuestro país, a partir de fines del siglo XIX empezó a pensarse el papel de las artes en la construcción de la historia y la memoria nacionales. Pero esos monumentos que se realizan y exponen en el espacio público los encarga el gobierno, y por lo tanto decide su temática, su estilo, etc. Y esa es una diferencia fundamental con estas acciones en las plazas que se organizaron en los años ’70.

- ¿Quién organizó esas intervenciones?

Las organizó el CAyC (Centro de Arte y Comunicación), que fue una de las organizaciones culturales más importantes de la década del ’70/80, después de que cerrara el Instituto Di Tella. Estaba dirigida por Jorge Glusberg. Yo empecé investigando la muestra que se realizó en 1972 en tres sedes paralelas: la plaza Roberto Arlt, el Museo de Arte Moderno y la sede del CAyC. Ese año la exposición se llamó “Arte e ideología”, y la muestra en la plaza terminó siendo clausurada por la censura. Cuando empecé a investigar me enteré de que había habido una acción anterior, en 1970, en la plaza Rubén Darío. Esa muestra se llamó “Escultura, follaje y ruido”, y no tuvo el tinte ideológico que después tendría la plaza del ’72. De la plaza del ’70 sólo encontré una nota en un diario sobre el cierre de la exposición…es un evento del que prácticamente no habla nadie en los libros.

- ¿Y cómo es la historia que pudiste reconstruir a partir de los testimonios y los documentos?¿Qué buscaban estos artistas saliendo a la calle, interviniendo en el espacio público?

En el contexto de esa época, estas acciones eran multitudinarias, no sólo porque convocaban mucha gente sino también porque participaban muchísimos artistas. Lo que cuestionaban los artistas en ese momento era el lugar del espectador, la relación del espectador con la obra. Y lo que proponían, con sus acciones públicas, era generar un espectador que no sólo contemplara un cuadro y dijera me gusta o no me gusta, sino que se convirtiera en un espectador activo, que usara la cabeza, que asociara y sacara sus propias conclusiones. Esta es una corriente que venía ya de principios del siglo XX. Cuando Duchamp, en Francia, compró un inodoro y lo puso en una exposición, evidentemente no era para que la gente dijera si le gustaba o no, sino para generar una reacción y un proceso de reflexión a partir de ese schock.

Aquí, en esa plaza de 1970, había artistas con distintas ideas sobre el tema. Algunos decían que no había que modificar el espacio público sino señalarlo, para que la gente viviera a través de ese hecho artístico su cotidianeidad de otra forma. Entonces, por ejemplo, pusieron sogas en la plaza para que la gente, acostumbrada a pasar siempre por el mismo lugar sin mirar realmente la plaza, tuviera que cambiar de recorrido y observar más el entorno. Hay un artista que le pone a los árboles la palabra “Árbol”. Ése sería el sentido de señalar para invitar a sentir o pensar. Otros artistas creían que había que modificar el espacio, intervenirlo. También hubo acciones conceptuales (Vigo, por ejemplo, invitaba a la gente a hacer un giro de 360º), otras acciones más lúdicas (participar, tocar, modificar). Frente a este tipo de propuestas, la gente puede tomarlo como una diversión o detenerse un poco a tratar de entender la intención que está detrás. Eso queda a elección de cada uno. Pero los artistas proponían que el público fuera co-autor de las obras, que terminara de darles sentido por su propia cabeza.

- ¿Y la plaza de 1972 tenía las mismas características?¿por qué fue clausurada?

Sí, la plaza del 72 también tuvo esa intención de llevar el arte a lo cotidiano de distintas formas pero, como te decía antes, tuvo un tinte más político, no sólo por el título sino porque hubo allí 4 ó 5 obras que, de manera explícita o implícita, hablaban de la masacre de Trelew, que había tenido lugar un mes antes. La muestra funcionó con mucha participación sábado y domingo, y el lunes por la mañana fue clausurada por el gobierno de Lanuse, so pretexto de que había artefactos explosivos y que lo que se mostraba allí no era arte. Al parecer, lo que fue explosivo fue un globo de helio que formaba parte de la exposición y que un policía tuvo la insensata idea de reventar con un cigarrillo cuando estaban clausurando la muestra (no pensó que era de helio, claro)… En realidad, no es que la muestra fuera pensada como una manifestación política, sino que se dieron cosas, incluso espontáneamente, que reflejaban la realidad violenta de esos años. Algo muy singular, por ejemplo, es que al llegar a la plaza los artistas encontraron un pozo muy grande que había quedado allí de alguna obra municipal sin terminar. Un grupo de artistas decidió entonces hacer una obra con ese agujero. La llamaron “La realidad subterránea”. Escribieron eso en la pared y dibujaron 16 cruces, que eran los 16 muertos de Trelew. Luego instalaron una escalerita para que la gente pudiera bajar y abajo colgaron fotos de campos de concentración. Por eso los catálogos de la muestra están incompletos también, porque había cosas que surgían espontáneamente. Otra obra de esa plaza fue “La gran orquesta”, de Mederico Faivre. Este artista puso un colectivo arriba de la plaza y en cada asiento instaló un atril con diarios con noticias de la época. Cuentan que la gente subía, leía los diarios, o los cambiaba de lugar, o aprovechaban para besarse en el asiento de atrás… La idea era claramente poner la historia en el presente. En un colectivo, que es algo cotidiano, pero en un lugar extraño, con el colectivo parado y lleno de noticias… Ante esa propuesta uno puede pasar e irse, pensando que los artistas están locos, o que fue divertido, o pensar un poco más qué es lo que está pasando ahí.

- ¿Eran militantes los artistas que participaron?

No, no todos. Creo que tenían como denominador común la idea de que el arte es un medio para transformar a la sociedad, a las personas. Que las obras no son sólo para que uno diga “qué lindo” sino para que reflexione, transforme su vida cotidiana. Fijáte que no es lo mismo pintar una villa miseria que tomar chapas o cartones para hacer una obra abstracta. El mensaje es el mismo, pero es literal o implícito, y la participación activa del espectador no es la misma.

- A veces es difícil llegar a la gente con esas obras ¿no?¿cómo ven ese proceso los artistas?

Hay distintas posturas. Depende de los artistas. Hay algunos que explican, otros que te llevan a intervenir independientemente de lo que sepas, otros que ponen la obra y no te explican nada…

- ¿Tuvo continuidad este movimiento de arte en el espacio público?

En la época de la dictadura hubo obviamente un repliegue a los talleres. O quedaron expresiones clandestinas (el “siluetazo” que acompañó a las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, fue previo al 83). Esos espacios se fueron perdiendo. Volvieron después del ’83 con mucha fuerza. Ahí hubo miles de acciones colectivas.

- ¿Les interesa ahora a los artistas ese desafío de salir a la calle?

Yo creo que sí. Lo del espectador activo ya no es algo novedoso, pero hay muchos grupos de arte de intervenciones callejeras, como el GAC por ejemplo (Grupo de Arte Callejero). Hubo otro gran boom en el 2001, con muchos artistas que hicieron intervenciones en manifestaciones. Me parece que el acercamiento con la gente es mucho más vital que en una galería o un museo, aun cuando la gente se pelee a veces con la propuesta. Y el hecho de señalar los espacios que uno atraviesa y no ve me parece también una función interesante para el arte. Creo que estas acciones, sutilmente, van llegando a la gente.



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Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO

Mural Madres Plaza de Mayo

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