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MAYO 2013

Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Enero 2011
Año X | Edición N° 89

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Enero 2011

Edicion Enero 2011


Balance

Indefectiblemente al llegar el fin de año caemos nuevamente en la necesidad de realizar un balance; de evaluar si hemos conseguido alcanzar las metas que nos habíamos propuesto, de analizar si el año que acaba de transcurrir ha sido mejor o peor que el anterior.

El fin de año llega a Buenos Aires con aroma de jazmines, agua de azahar y chancho al horno; y cuando esto sucede se dispara en nuestra mente la sensación de que estamos llegando a una meta y que, a pesar de estar ya muy cercana, pareciera ser que alcanzarla se va a hacer muy difícil.

El cansancio acumulado de un año, el calor agobiante de diciembre y los problemas derivados de la organización de las fiestas, pone a enero como un remanso al que debemos arribar después de cruzar por el último tramo enloquecedor. Y llegar a las vacaciones.

Pero antes de llegar a enero hace falta cumplir con el mandato que desde todos lados nos llega; hacer el balance.

El balance de fin de año es una espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas y amenaza con arruinar los festejos de quienes ceden a realizarlo.

Parece ser que al bueno de Damocles le pasó algo parecido cuando Dioniso, tirano de Sicilia, lo invitó a reemplazarlo en su trono durante un banquete, habida cuenta de lo mucho que parecía envidiar la buena fortuna del mandatario al poder vivir rodeado de lujos, manjares y placeres.

Al llegar al trono lo primero que vio fueron las fuentes repletas de delicias, los lujosos manteles, las vajillas de oro y plata, los brocados bordados de los muelles almohadones y las sensuales cortesanas medio en bolas que se desvivían por complacerlo.

Pero inmediatamente después de esto se percató de que sobre el trono, y pendiendo de un solo pelo de crin de caballo, colgaba una pesada y puntiaguda espada que le impidió al envidioso disfrutar de la comida, la bebida y las mujeres que se le ofrecían. La amenaza de la espada pendiente neutralizó todo disfrute.

No sabemos si el banquete al que fuera invitado Damocles correspondía a alguna fiesta de fin de año, pero para muchos de nosotros la angustia de un balance nos agua toda la fiesta.

Ya se que no es solamente el balance, también están los hermanos/as, cuñados/as, padres, madres y todo tipo de parientes que parecieran corporizarse el quince de diciembre como los fantasmas de las navidades presentes, pasadas y futuras, con el solo objeto de cagarnos la existencia.

Claro que en el “Cuento de Navidad” de Charles Dickens estos fantasmas se le aparecen al avaro Ebenezer Scrooge a fin de mostrarle lo que era, fue y sería la vida de sus allegados a causa de su avaricia y su corazón frío y duro como el hielo; mientras que a nosotros nos acosan con el recuerdo de los piononos, los vitel thoné y los lechones que hicieron, hacen y harán.

El primer balance de fin de año radica en evaluar si vale la pena padecer a la prima segunda de la cuñada y su infaltable ensalada de frutas y, en caso de que la presencia sea inevitable, que fue lo que se hizo mal durante todo un año para llegar al final en el mismo punto de año anterior.

El fin de año son quince días que se calcan de un año a otro, es como si Dios o el destino agarraran el mouse y en la inmensa computadora de la vida hiciera copiar y pegar en la última quincena de diciembre, y esta se repitiera año tras año; año tras año, año tras año, año tras año, año tras año, año tras año, año tras año.

Llegado el último mes comienzan las repeticiones, la lucha por el lugar de los festejos, la abuela que no quiere festejar, la cuñada/o que quiere festejar pero no con el hermano o la hermana de su cónyuge, el tío que alega que es un día como cualquier otro, la prima que no quiere comer la ensalada rusa de la madre de la cuñada. Y así ad infinitum.

Y uno se pregunta por qué estamos condenados a repetir siempre lo mismo, las mismas charlas, las mismas peleas y los mismos pecetos.

Y sobre todo cuando todos repetimos lo mismo y todos odiamos que esto suceda.

El primer balance y propuesta de fin de año suele ser entonces: el año que viene la pasamos solos. O, el año que viene nos vamos a Claromecó. O cualquier otra cosa que, sabemos, no vamos a cumplir, porque prometer cambiar la forma de festejar fin de año es otra de las cosas que repetimos año tras año, año tras año, año tras año, año tras año.

Un balance debe estar basado en hechos concretos y objetivos. Pero la vida es un cúmulo de cosas y su percepción y valoración es algo meramente subjetivo.

Sentarnos en el sillón del living a evaluar el año transcurrido suele terminar en una siesta más que en un balance. Y esto se debe a que es muy difícil saber que es lo bueno y lo malo y cual es el resultado; salvo que haya pegado el braguetazo o haya vivido una tragedia irreparable. La vida en general transcurre en un término medio difícil de evaluar.

Y es por esto que desde las grandes usinas de ideas ha llegado el método infalible para poder hacer su balance con la seguridad y asertividad que su vida merece: La Fijación de Objetivos.

Ya no alcanza con hacer el balance sino que es necesario fijar objetivos para el año siguiente, anotarlos y guardarlos para que, llegado el treinta y uno a la noche evaluar si hemos sido capaces de lograrlos o si por el contrario nos debemos meter un balazo en la boca frente a los niños y bajo el árbol de navidad.

La fijación de objetivos sigue un modelo básico: “El año que viene voy a…”, y a continuación aquello que uno se propone lograr.

Los objetivos comunes suelen ser de índole material (cambiar el auto, mudarme a una casa mejor, etc.) y se mezclan con otros más personales, como comenzar a hacer actividad física o bajar de peso, e incluso con algunos francamente inclasificables, entre los que figuran ser mas tolerante, tomar las cosas con mas calma, etc.

La moda de fijarse objetivos parte de la premisa de que todo en la vida debe ser tomado como si fuera una empresa; un país, una familia o un individuo y que como tal debe tener un gerente de marketing que le indique cuales son los objetivos, que metas se alcanzaron y cuales no y si es apto o no para un ascenso.

Esto que en una empresa es una actividad habitual en una persona puede derivar en un descenso rápido desde la terraza del edificio a la vereda.

Los que no se privan de hacer cada diciembre un balance son los medios de comunicación.

Días pasados un colaborador de este medio me decía “hice una nota con el balance del año y antes de publicarla ya estaba vieja”. Es que la realidad suele escribirse mas rápido que lo que la mejor dactilógrafa egresada de las Academias Pitman puede hacerlo.

Por todo esto he decidido cambiar la tradición y en este mes de enero, en este 2011 que comienza, voy a hacer el balance del año por venir.

Estamos en enero, hasta marzo no pasa nada. En marzo/abril, está semana santa; nada.

Nos acomodamos un poco en mayo pero en junio ya se nos vienen las vacaciones de invierno encima, así que hay que pasar julio (ya se sabe que julio los prepara y agosto se los lleva y que agosto enferma a los sanos y mata a los enfermos)

Septiembre y octubre hay campaña electoral. Ya es noviembre y se nos viene diciembre y el fin de año encima otra vez.

Así que como balance de este 2011 que comienza podemos decir, sin temor a equivocarnos, este año ya esta perdido.

Les deseo a todos un 2012 mucho mejor.



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