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Ignacio Di Toma Mues
Diciembre 2011
Año X | Edición N° 113
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Diciembre 2011
“Cantando me he de morir, cantando me han de enterrar, y cantando he de llegar al pie del eterno padre; desde el vientre de mi madre, vine a este mundo a cantar”, recita Nelly Omar al inicio de cada uno de sus conciertos como si aseverara su destino. En aquellas palabras de José Hernández que toma prestadas, se refleja una historia de canciones, de tango, de gloria, de recuerdos y también de exilio.
Por Natalia Saavedra
Oriunda de Guaminí, Provincia de Buenos Aires, y con un siglo bajo el poncho, aún conserva la voz aguda y precisa como siempre, como si el tiempo la hubiera encantado para continuar deleitando a su pueblo. Al rememorar su carrera, la historia se irá impregnando de nombres de la talla de Carlos Gardel, a quien conoció de niña por ser amigo de su padre, Agustín Magaldi, Horacio Corsini, con quién debutó y de las grandes cancionistas como Ada Falcón, Libertad Lamarque, Tita Merello y Azucena Maizani. Nilda Elvira Vattuone, su nombre original, siempre quiso ser aviadora, pero a partir de su debut en la radio en 1932 el canto se transformó en su vida. Un canto que lleva el mote de nacional porque no sólo incluyó en su repertorio al tango sino también la cifra, el valsecito, la milonga y otras expresiones tangueras. En su voz, lo criollo se vuelve palpable. Las guitarras, un sello indiscutido de su estilo, acompañan su andar en clásicos del repertorio popular como “Tu vuelta”, “Rosas de Otoño” o “Amar y Callar”.
Inevitable es pensar cuántos recuerdos albergará, cuántos testimonios de aquellos tiempos de gominas y faso. Muchos de ellos la deleitan al recordarlos en las distintas entrevistas que brinda, otros, la ponen triste y le recuerdan su soledad. “De la cabeza estoy perfecta, lo que tengo es una enorme tristeza. No sé, estoy deprimida, no me gustan las cosas que pasan en el país… En fin. A mi edad una se va quedando sola, con los recuerdos...”, declaró en una entrevista. Pese a su tristeza, Nelly continùa su camino y dice que le gustaría volver a enamorarse. Justamente al amor, al que tanto le ha cantado, es lo que la unió con uno de los mayores exponentes del tango, Homero Manzi. Se dice que el poeta estaba locamente enamorado de ella y que habría sido su musa en los tangos “Malena”, “Sur” y “Ninguna”.
La vida de Nelly es larga e intensa. Su amistado con Evita y su adhesión al peronismo, la alejó de los escenarios y tuvo que sufrir el exilio en la época de la proscripción peronista en el país. Nada pudo detener ni su voz ni su destino; en 1969 volvió al ruedo vestida con un poncho “para ocultar mi vestuario humilde”, aclara ella. Poncho que se convirtió en un símbolo de su arte. Volvió una noche de la mano del guitarrista José Canet y comenzó a crecer el mito.
Parece mentira
Es 2011 y acompañada por su poncho, el público espera ansioso su llegada. Una ronda de payadores ameniza la velada, que concluye con la actuación del ballet de Juan Carlos Copes. Un Luna Park repleto la espera, a ella, a su cantora. Las luces se ocultan, se asoman las guitarras y Nelly Omar, con su sonrisa, ilumina el escenario. Se emociona. “Yo soy la de siempre, yo nunca cambié”, entona, y sólo pasan segundos para que el lugar estalle en gritos y cantos. Con algunos problemas de sonido mediante, con algún que otro olvido en las letras, el show deleitó con todos sus clásicos, esos que la gente pedía desde sus butacas. “Tu Vuelta”, “Me besó y se fue”, “A Don Jacinto Chiclana”, “Sur”, uno a uno fueron pasando. Recordó a Ignacio Corsini, su amigo, y a Francisco Canaro, quien supo confiar en ella en sus inicios. Aunque pidió disculpas por un incipiente resfrío, su voz estaba alta y firme. Se dejaba llevar por la emoción y su rostro se iluminaba cuando evocaba a su madre en el valsecito “Corazón de Oro” o al susurrarle en el “El Adiós de Gabino Ezeiza” a su Ciudad de Buenos Aires que no la olvide. “Buenos Aires de mi amor, oh Ciudad donde nací, no me arrojes al olvido, yo, que he sido tu cantor”, canta y las guitarras, a cargo de Carlos Juárez, la acompañan en cada momento. La cantora recibió una torta gigante y todo el estadio le cantó el feliz cumpleaños. A lo largo del show, demostró su felicidad al reencontrarse con su voz, con su esencia, y con el público que tanto la alentaba y aclamaba. “Amar y Callar” junto al ya clásico “La Descamisada”, llevaron al fin su show. Un público feliz y admirado se despidió de esta cantora que ya es un mito. Una cantora que transita los escenarios y los ilumina. Una voz joven y bella, única y melodiosa. Una artista que continúa siendo referente de nuestro género, de un tango que se renueva y que crece, una maestra, una madre. Nelly Omar, la cantora que Buenos Aires, la Ciudad donde nació, jamás va a olvidar.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
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y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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