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Ignacio Di Toma Mues
Agosto 2011
Año X | Edición N° 109
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Agosto 2011
“Donde la música nacerá de cosas raras y cosas raras nacerán de la música”, anticipa la publicidad de Desconchertados. Suena como un cuento o una leyenda, donde todo puede suceder y todo puede ser contado. A través de la música, con humor, y ayudados con instrumentos no convencionales, dos personajes inician esta aventura. En el mundo real, la historia de Andrés de la Cruz y Luis Sticco también comenzó con una aventura y merece ser contada.
Juan Diana (asistente de escenario) y los "desconchertados" Luis Sticco y Andrés de la Cruz
Por Natalia Saavedra
A plena luz del día, con un mate de por medio, ambos intentan encontrar una definición para su espectáculo y porqué no, para ellos mismos. Con una formación musical, Andrés es percusionista y baterista y Luis es licenciado en composición de la Universidad de Quilmes, cuentan que son amigos desde los 14 años. “El primer grupo de rock lo armamos juntos, nos compramos los instrumentos juntos”, rememora Andrés. Además de ser músicos, poseen también formación actoral que según ellos mismos definen “tiene que ver con el estilo del clown pero sin la nariz. Esta nueva tendencia de sacarte la nariz, utilizar la técnica, hacer cómplice al público pero sin la nariz”.
Luis comenta que “es la esencia del clown sin nariz. Vos al payaso se la sacás y el tipo de trabajo que hace es muy similar al nuestro. La técnica es la misma, nosotros estudiamos clown, es algo más moderno, más contemporáneo. La nariz lo que hace es concentrar todo justamente en el centro de la cara, es todo gestual y el cuerpo se neutraliza. El payaso es muy cara y alguna acción pero el clown más contemporáneo es físico, es un clown muy físico, tiene que ver con una cuestión más universal de quebrar el lenguaje, que también es un poco lo que hacemos nosotros, no exponer el lenguaje… todo pasa por acciones humanas”.
Ambos coinciden en que su humor no pasa por contar chistes “es contar una pequeña acción o historia desde el cuerpo. El público es el que completa”.
El dúo, que viene trabajando incesantemente desde hace siete años, cuenta que Desconchertados nació de la crisis de otro grupo. “Fuimos creciendo, estudiando, dejamos la banda y paralelamente empezamos a trabajar con un productor artístico que nos enseñó a trabajar metódicamente. Él nos hizo profesionales desde chicos”, explica Andrés.
El fin de la banda se convirtió en un desafío para ambos. “El desafío era pensar qué podíamos hacer nosotros dos solos. Era una imagen de desolación, de no saber qué hacer”, dice Luis.
“Estábamos en un hotel con Luis, en Córdoba, y nos pidieron que tocáramos ya que éramos músicos. Nos armaron una especie de auditorio y ahí salimos. Nos dimos cuenta delante del público que podíamos ser un dúo y funcionar como tal”, rememora Andrés.
A medida que avanzan en su relato y en sus ideas, las risas y los gestos de ambos acompañan sus recuerdos. De a poco el tiempo que parece lejano se va haciendo palpable, se vuelve aire. La complicidad da paso a las definiciones, a la búsqueda.
“Desconchertados es estar desconcertados en absolutamente todo. No sabemos ni que estilo somos, si hacemos teatro o hacemos música, no sabemos nada. Lo que al principio era como una cosa negativa logramos maximizarla y hacerla positiva”, dicen.
Luis explica que en los 7 años de carrera hubo idas y venidas sobre el espectáculo. “En un momento que planteamos la dramaturgia del espectáculo, pasamos por caminos muy sinuosos. Quique Federman, en esa época de crisis, nos dio una pauta para pensar qué es estar desconcertado, qué es un concierto, qué es desconcierto. Fuimos al diccionario y las definiciones que tiraba eran totalmente distintas a lo que nosotros pensábamos. Estábamos hasta desconcertados de lo que significaba estar desconcertados”, puntualiza.
Lejos de encontrarse desconcertados, Andrés y Luis son constantes en su trabajo, en su búsqueda y saben exactamente adónde quieren llegar. Su obra, plagada de humor, de juego y de frescura, invita a sumarse sin límites, sin prejuicios. Cada domingo, en el Teatro Beckett, demuestran esa sensibilidad y suman al público a un juego donde todo es posible.
La obra cuenta la historia de dos músicos que brindan un concierto. Todo aparenta estar bien pero nada parece salirle como desean. Entre imprevistos, luchas de egos y ejecuciones con instrumentos no convencionales, van sumando al público a este juego delirante y fresco que no deja de sorprender. Junto a ellos está el asistente de escenario, Juan Diana, personaje fundamental en la obra que se encarga desde llevar y traer los instrumentos hasta ordenar a cada uno de los protagonistas. La obra, que no deja de sorprender y de jugar con el público, ofrece una prolijidad milimétrica y es allí donde el espectador puede vislumbrar el trabajo y la búsqueda que lleva hace años este dúo.
¿Cómo llega Walter Velásquez a convertirse en el director de la obra?
Luis: Nosotros cuando empezamos con estos ir y venir del espectáculo, en un momento, nos hacen entender desde afuera que necesitábamos un director. Un director que nos enfoque más hacia el lado de lo teatral. Ahí nos cae la ficha de plantear esto más como un grupo de teatro que como uno de música. Necesitábamos ayuda y, entre lo que nos decían nuestros amigos y colegas, y lo que nosotros veníamos sintiendo, pensamos en armar un equipo. Ahí fue que incorporamos un director; pasaron 3 o 4 directores que no le enganchan la onda. Todos los directores que se sumaban, al principio, querían de alguna manera cambiarlo. Era una tarea difícil para el director. Walter, a diferencia de los otros directores, vino con otro perfil, se metió y empezó con la dramaturgia, él fue quien propuso quitar la palabra. Era el paso que no nos animábamos a dar, él nos ayudó.
Andrés: Cuando se sumó Walter y se armó el equipo, el barco empezó a andar solo. Él toma la posta de la dirección y para nosotros fue el paso primero y más acertado de esta nueva etapa de delegar. Nos dimos cuenta que para que funcione teníamos que seguir delegando. Incorporamos un coreógrafo (Cristian de Castro), necesitábamos que nos coreografíen partes del espectáculo, porque no sólo la coreografía es el baile sino la acción física, editar movimientos, ser ordenados. Habíamos quitado la palabra y teníamos que seguir dándole forma.
¿Hay lugar para la improvisación en la obra o todo está calculado?
Andrés: Hay momentos donde estamos encontrando los espacios. Si bien hay rutinas viejas, el armado es nuevo, entonces para nosotros es como conocer esos lugares donde podemos encontrar la improvisación, una cara nueva. Lo que sucede con el clown es que trabaja directamente con el público, la reacción del público tiene que ver con lo que vas a hacer.
Luis: Hay un juego que tiene que estar, uno piensa que el humor es sólo eso, que es solo la improvisación. El humor es milimétrico, si vos no lo planteás con un timing humorístico se cae. Es un timing exacto, sino no te reís. A veces nos pasa que nos adelantamos y no funciona. Después analizando nos damos cuenta de eso.
Andrés: Lo que sí sucede, es que uno empieza a transitar el espacio mejor.
Luis: La risa toca un lugar que es sensorial… en una risa te das cuenta cuando es falso o no.
En el momento de la obra donde se trabaja con el juego de las palmas, se quiebra el juego entre los protagonistas para sumar al público…
Luis: Para nosotros es importante ese momento, el público ya está en código. Se trata de capturar al otro, de reírse de uno mismo también. Después del juego de palmas… es un momento clave en cuanto al espectador, no en cuanto al espectáculo, es funcional hacia el espectador, genera un quiebre físico. Sale de la butaca, lo estás quebrando. Es justo en la mitad del espectáculo. Levanta la energía.
La gente se suma y las carcajadas contagian. Los instrumentos no convencionales también generan el asombro del público, ¿cómo es la elección de estos instrumentos?
Andrés: El primer instrumento que apareció fue el casú, en un verano apareció un violín toba. Nosotros tomamos el prototipo del violín, de un violín toba.
Luis: Nosotros no usábamos violín en el espectáculo pero estando en San Marcos Sierra, en el medio de la nada, de repente ascendiendo el río y nos cruzamos con dos flacos que nos ofrecieron unos instrumentos. Sacaron esos violines, compramos uno cada uno y fue el desencadenante de todo lo que vino después.
Andrés: A mí se me cae el instrumento y se parte, y lo arreglo. Es el que está en el espectáculo, está tal cual como fue hecho la primera vez. A partir de ahí empezaron a surgir los instrumentos no convencionales. El desafío primero era construir un instrumento afinado en 440 (tono patrón estándar) porque yo necesito afinar con un piano, una guitarra, etc., porque sino es un cotidiáfono (instrumentos sonoros realizados con objetos y materiales de uso cotidianos). Empezás a informarte sobre los cotidiáfonos, por ejemplo, un vasito de yogur con un globo, lo pellizcás y es un pellizcófono… con el tiempo vas dándote cuenta rápidamente adonde va.
Luis: La oreja de músico ayuda mucho para eso. Nosotros somos grandes basureros. Vas por la calle y decís: ¡mira lo que encontré!
(Inmediatamente Luis desaparece. Cuando regresa, lo hace con una pequeña percha. Explica que va a ser un arco de violín y que la encontró en un armario de la casa donde se fue de vacaciones)
¿Les resulta difícil mantener el vínculo de ser amigos y a la vez, trabajar juntos?
Luis: tuvimos que hacer mucha teoría interna, mucha charla para poder sostener todo esto.
Andrés: Aprendimos con el tiempo a separar las cosas, el trabajo de ser amigos. Lo que hacemos nos gusta tanto que la única persona que tenemos para compartir lo que nos gusta somos nosotros dos.
Luis: La gente piensa que el artista se rasca pero nosotros estamos veinticuatro horas pensando en esto, armando, construyendo, componiendo… hay un punto donde a veces el artista tiene inconvenientes porque es una persona dedicada full time a lo que hace y muchas veces se obsesiona. Cuanto más profesional te haces, más te obsesionás. Es inevitable resignar cosas.
Aunque juegan con el desconcierto, tanto Andrés como Luis, saben hacia donde quieren ir y hacia allí van, sumando esfuerzo, generando cada vez más ideas. Hasta fines de septiembre se puede disfrutar de este desopilante dúo en el Teatro Beckett (domingos 19 horas, Guardia Vieja 3556). Imposible es no contagiarse con sus ideas, con su risa, con sus anécdotas. Todavía queda en el aire una frase que describe mucho de lo que hace este dúo, de lo que busca: “lo que importan son las ideas, la idea rompe cualquier otra cosa”. Creatividad, juego, ideas, frescura; ingredientes indispensables para pasar una noche con los desconchertados.
En el año 2007, el grupo Les Luthiers los elige ganadores como "Mejor grupo de música y humor" y son invitados a participar de la "Expo Les Luthiers" en el Centro Cultural Recoleta. A partir de dicha mención, según cuentan los Desconchertados, la gente comenzó a ir a verlos pensando que se iban a encontrar con lo mismo que en los espectáculos de Les Luthiers. Si bien mencionan al legendario grupo dentro de sus influencias, ambos coinciden en que si bien trabajan con instrumentos no convencionales y con el humor, se diferencian, entre otras cosas, porque en su espectáculo no se utiliza la palabra.
"Nosotros vemos, dentro de la cartera porteña, que hay grupos que se asemejan en esa línea de música y humor a Les Luthiers, aunque el escalón más alto lo dan ellos", explica Andrés.
"Somos músicos que no nos pueden programar en la cartelera musical, no somos un grupo de teatro porque también hacemos música, estamos haciendo un estilo que no existe. Todavía estamos desconcertados de qué género somos, dónde podemos encasillarnos", concluyen
www.desconchertados.com.ar
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra";
y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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