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Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Enero 2011
Año X | Edición N° 102

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Enero 2011

Edicion Enero 2011


La crisis por las ocupaciones ilegales

¿El infierno son los otros?

bandera argentina en carpa en parque indioamericano

La violencia y las muertes en la toma del Parque Indoamericano mostraron una Buenos Aires en constante erupción social, por las malas políticas y la ausencia del Estado. Y también lo peor de nuestra dirigencia y nuestra sociedad: la xenofobia y la discriminación hacia el más necesitado.

Por Fernando Casasco

Como afirma el periodista Eduardo Blaustein, “las villas miseria capitalinas han sabido sobrevivir a todo porque son parte inherente de una historia económica y social dinámica, imposible de aislar y aniquilar en laboratorio. Son también parte de la vida de la ciudad, parte de su fuerza laboral. Aún cuando la ciudad quiera verse blanca, bonita, pulida, moderna y eficiente y aún cuando pretenda quitarse de encima ‘el problema de las villas’” (1). De ellas salen el vendedor ambulante, pero también la trabajadora doméstica; el pibe que pide monedas en el semáforo, pero también el costurero en un taller textil; el que le roba las zapatillas a algún desprevenido, pero también el albañil que trabaja en obras pequeñas o en la gran construcción; el transa que se llena los bolsillos a costa de la salud de otros pobres, pero también el que junta y recicla cartón y ayuda así a mejorar nuestro medio ambiente.

Claro que muchos de los habitantes de las villas son inmigrantes. Y gran parte de ellos vienen de Bolivia. Bolivia es un país ubicado al norte de la Argentina – nuestras vecinas de Barrio Norte deberían tener en cuenta que viven al sur de Bolivia-. Si estudiamos un poco de historia sabremos que los levantamientos de Túpac Amaru II y Túpac Katari y, luego, las sublevaciones de Chuquisaca y La Paz de 1809 fueron el punto de arranque de las guerras de independencia hispanoamericanas. El presidente de nuestra Primera Junta de Gobierno, Cornelio Saavedra, nació en Otuyo, Corregimiento de Potosí, en la actual Bolivia. Mariano Moreno, secretario de la Junta, y uno de los principales ideólogos de nuestra Revolución, estudió en la Universidad de Chuquisaca. Y al Congreso de Tucumán, que declaró nuestra independencia, enviaron representantes provincias ubicadas en el actual territorio boliviano. ¿Sabrán los elegantes vecinos de Palermo que la calle Serrano homenajea a José Mariano Serrano, diputado por Charcas? ¿O los de Villa Urquiza conocerán la historia de Pedro Ignacio Rivera, representante de Mizque, en el actual departamento de Cochabamba?

Y hablando de calles, aquí cerquita tenemos a la calle Bolivia. La ciudad de Buenos Aires le da ese nombre a una importante arteria, que se extiende unas 60 cuadras entre los barrios de Flores y Villa Pueyrredón. No es para menos. Hoy se calcula que viven en la Argentina entre 1 millón y medio y 2 millones de bolivianos. Muchas de las prendas que vestimos o la fruta que comemos pasan día a día por sus manos. Si de un día para el otro desaparecieran todos, nuestras vidas, tal como las conocemos, cambiarían.

Las declaraciones del jefe de gobierno porteño alegando un problema originado por la “política inmigratoria descontrolada” en los sucesos del Parque Indoamericano; o las del jefe de gabinete de la ciudad, señalando que la ciudad no podía hacerse cargo del déficit habitacional del Mercosur, podrían no haber sonado tan fuera de lugar en los países de Europa occidental o en Estados Unidos. Allí, avanzan los movimientos de extrema derecha y neonazis, que complican discursiva y electoralmente a los partidos de la derecha más tradicional y democrática. La persecución de latinos en estados como Arizona y el auge del Tea Party en Estados Unidos; las leyes de expulsión de gitanos en la Francia de Sarkozy; o la aprobación de normativas anti-musulmanas en varios países de Europa son sólo ejemplos de esta ola mundial de racismo y xenofobia. Los que aplaudieron las declaraciones discriminatorias de Macri, ¿se horrorizarán cada vez que los diarios nos informan sobre los argentinos deportados desde España por no contar con un papelito entre toda la documentación exigida?

Porque si hay una sociedad en la cual la inmigración no puede ser tratada como una cuestión problemática o como una nueva amenaza del mundo globalizado es la Argentina. Muchos argentinos, aún hoy, se enorgullecen de ser “hijos o nietos de los barcos”. Según el primer censo habitacional de nuestro país, en 1869, vivían en el territorio nacional menos de 2 millones de personas. En 1914, la población saltó a casi 8 millones de habitantes, gracias a la inmigración. Muchos de los que hoy llaman a linchar inmigrantes y aseguran que a ellos “nunca les regalaron nada”, tuvieron antecesores que se hacinaron en inmundos conventillos, hasta que salieron de ellos. En parte, gracias a su propio esfuerzo; pero también debido a las luchas sociales y políticas de su época y a la planificación estatal.

El giro al estilo Le Pen de Macri, sumado a los mensajes de algunos medios – una periodista llegó a hablar de “inmigración de baja calidad” -, formaron el caldo de cultivo que acabó con la violencia y al menos una de las tres muertes en Soldati; pero también provocaron los enfrentamientos en el pequeño predio de Albariño, en Villa Lugano. A ello se sumó el accionar de barras bravas y grupos armados, ligados a punteros políticos de la zona. El estigmatizar a determinado grupo social siempre le sirvió al poder para no enfrentar los verdaderos problemas ni sus flagrantes falencias.

Y el problema de fondo es el profundo déficit habitacional que sufre la ciudad de Buenos Aires y la falta de intervención estatal en el desarrollo inmobiliario. Esta problemática, que se arrastra desde hace décadas en la Capital Federal, se agravó aún más con la gestión de Mauricio Macri. En el tercer trimestre de 2010, el gobierno porteño sólo ejecutó un 26,5% del gasto originalmente asignado a Vivienda en el presupuesto de este año. Según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera, esa ejecución significa una caída de un 39,8% respecto a 2009. Además la cifra dedicada por la administración macrista a la crisis habitacional en la ciudad bajó un 16,91% entre 2009 y 2010.

La “presencia del Estado” que reclama nuestro jefe de Gobierno, sin hacerse cargo que él también representa al Estado, no es solamente presencia policial o represión a sangre y fuego de la protesta social. Es, fundamentalmente, el armado de una trama que combine políticas sociales, educativas, sanitarias y habitacionales, junto a incentivos crediticios, para hacer frente a las demandas que presenta la sociedad. Que los planes de vivienda se realicen contemplando las necesidades e incluso la propia mano de obra de los habitantes de villas y asentamientos (2). Que haya también créditos hipotecarios para la clase media baja. Y que la política social sea conducida por el Estado y no esté “tercerizada” en manos de ONGs.

En ese sentido, es necesaria la concurrencia del Estado nacional, y no precisamente a través de la presencia de la Policía Federal. El Gobierno de Cristina Kirchner debe hacerse cargo de que – junto al de su antecesor – levantaron el piso para las demandas sociales: antes los reclamos de los más necesitados pasaban fundamentalmente por alimentos, planes sociales, puestos de trabajo, jubilaciones universales. Obtenidos por una gran mayoría esos derechos, las necesidades ahora pasan por salud y educación de mayor calidad, vivienda digna, trabajo en blanco, mejoras en el transporte, etc. Hacerse cargo de estas nuevas demandas no significa desconocer el punto de partida, sino aguzar el ingenio y demostrar la capacidad política de conducir este nuevo tiempo. Ojalá que el acuerdo alcanzado tras los tristes episodios del Parque Indoamericano sean un punto de inflexión en la necesidad de articular políticas conjuntas para mejorar la calidad de vida de todos.

Planificación, presencia del Estado, participación popular, gestión política: todos términos que hace unos años parecían desterrados pero que hoy se vuelven imprescindibles.

(1) Eduardo Blaustein, Prohibido Vivir aquí. Una historia de los planes de erradicación de villas de la última dictadura para la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV) GCBA – 2001

(2) Para más información sobre barrios obreros o populares en la ciudad de Buenos Aires, recomiendo el sitio “La Teja. El blog de la vivienda popular”, de Ignacio Minaverry, Alejandro Cohen Arazi y Mario Rodríguez. (http://lateja.wordpress.com)



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