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Ignacio Di Toma Mues
Agosto 2011
Año X | Edición N° 109
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Agosto 2011
Llega la noche. Las motitos de los delivery van y vienen, surcan las calles de la inmensa ciudad. Algún vecino pasea a su perro, una joven familia se despide de la abuela, una parejita se besa en las penumbras. Parece un domingo más. Para colmo, sin fútbol. Pero hace apenas unas horas los porteños acaban de votar a su jefe de gobierno por otros cuatro años: Mauricio Macri ha sido reelecto por más del 64% de los votos en segunda vuelta y festeja con sus seguidores entre globos y pasos de cumbia.
Por Fernando Casasco
En la calle no hay bocinazos, no hay gente festejando, ningún tipo de desborde emocional. Las rutinas electorales no conocen de jornadas épicas en la gran metrópoli argentina. Tal vez sea el signo de los tiempos: hace 20 o 25 años atrás, hasta la interna del partido con menor cantidad de afiliados, era motivo de algaradas por los barrios. Hoy, el clima es más frío, cada elección se ha transformado en un trámite que la gran mayoría sabe que tiene que cumplir, pero en el que no pone demasiado entusiasmo.
Y si la vida democrática de la ciudad se ha convertido en un mero trámite, como ir al banco, a renovar la licencia de conducir o el pasaporte, no parece prudente para el ciudadano involucrarse en sesudos debates ideológicos o la discusión de paradigmas que sobrepasan claramente lo local. Así lo entendió el PRO: un partido con un discurso meramente localista, con referencias a los “vecinos” por sobre los “ciudadanos” o el “pueblo”; con una gestión estrictamente “municipal” (obras contra inundaciones, bacheo, arreglo de veredas y plazas, bicisendas); y con el liderazgo atractivo de un hombre modelado por el mensaje de los grandes medios de comunicación y convertido más en un “rock-star” que en un dirigente político tradicional.
¿Qué ciudad votó a Macri? Una ciudad en la que sólo la mitad de los niños y adolescentes que estudian concurren a establecimientos estatales. Una en la que menos de un cuarto de su población debe recurrir a los hospitales públicos por no poseer cobertura de salud. Una en la que los problemas del transporte público parecen insolubles –al menos desde la gestión del gobierno porteño- y en la que el tránsito es cada vez mas caótico por la expansión del parque automotor particular. Esa ciudad, sostenida en valores referidos al esfuerzo individual más que en referencias a lo colectivo, se muestra refractaria a mensajes que pasen por la defensa de lo público y por la construcción social de un tiempo distinto.
Una ciudad en la que, sin recaer en definiciones ideológicas por derecha o por izquierda, la mayoría piensa en conservar la posición más o menos privilegiada que ostenta: el de clase media alta o alta, porque cree que una política inclusiva va contra sus propios intereses; el de clase media porque pretende continuar viviendo en barrios confortables, sin torres y sin cartoneros; el de clase media baja o baja porque pretende que otros pobres no le usurpen el baldío o la canchita de enfrente. Seguir disfrutando de espectáculos teatrales de gran nivel como en Broadway, en un extremo; o, en el otro, evitar que quienes vengan del Conurbano o de otras provincias le quiten el lugar en las guardias de los hospitales.
Además, y esto se ha evidenciado en líneas generales en las distintas elecciones locales transcurridas en 2011, la bonanza económica general contribuye al triunfo de los oficialismos. Si bien hay un componente de fuerte oposición al gobierno nacional y al peronismo en general en el voto al PRO, las cosas podrían ser diferentes esta vez. Así, muchos analistas coinciden en que no sería raro observar en las elecciones presidenciales, que muchos votantes de Macri en la elección local se inclinen por Cristina Fernández de Kirchner en octubre. “Si las cosas van bien, que sigan los que están”, sería el razonamiento utilitario de ese voto.
En estas circunstancias, Mauricio Macri, desfiló sin mayores complicaciones hacia un nuevo triunfo. Sin tener que responder por las severas deficiencias de su gestión, ni sobre los hechos ilícitos que lo tienen involucrado, como su procesamiento por espionaje. A su favor tuvo también la ineficacia de sus opositores para instalar temas en la agenda pública. Y hasta contó con la ayuda invalorable de artistas “populares” que manifestaron su “asco” por los porteños que lo votaron.
2011 y después
Los que se ilusionan por demás con el triunfo de Mauricio Macri y sus efectos a nivel nacional parecen no estar viendo la película completa. Hace apenas unos meses, el jefe de gobierno era pre-candidato a Presidente y el candidato del PRO en la ciudad iba a salir de la interna entre Gabriela Michetti y Horacio Rodríguez Larreta. Era cuando el empresario se ilusionaba con “tirara a Kirchner por la ventana”. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces.
Pese a todo, Macri sigue siendo un protagonista en la política nacional, ya sea por su presencia o por su ausencia. Eso lo demostraron los candidatos presidenciales Ricardo Alfonsín, Elisa Carrió y Eduardo Duhalde, tratando de enancarse en el triunfo del jefe de gobierno, horas después de que sus propios candidatos obtuvieran desempeños paupérrimos en primera vuelta. Incluso lo muestra la felicitación telefónica que le hiciera Cristina a Mauricio, en la noche de su reelección. Esa figura de líder nacional es la que quiso mostrar también el propio ingeniero al sumarse a los festejos por el segundo puesto de su candidato Miguel Del Sel en Santa Fe; y al hablar de temas como la pobreza o la inclusión social en el discurso tras su victoria en el ballotage.
Pero una cosa es tratar de ejercer ese liderazgo y otra muy distinta lograrlo. Y el jefe de gobierno se ha acostumbrado a esquivarle el cuerpo a las definiciones, cada vez que la situación política se lo imponía. En ese sentido, una confirmación acerca de a quien apoyará en las presidenciales es algo que suena a quimera en el futuro inmediato.
Por lo pronto, tras pedir el voto a Federico Pinedo como diputado nacional en las primarias del 14 de agosto, partió de vacaciones. Y como se sabe: cuando el gato no está, los ratones se divierten. Mientras el propio Pinedo y Gabriela Michetti viajaban a Córdoba a darle su apoyo al radical Oscar Aguad, un sector importante de dirigentes del PRO, encabezados por Cristian Ritondo y Diego Santilli, hizo público su apoyo a Eduardo Duhalde para las presidenciales. Mucho se habló de un respaldo orgánico al hombre de Lomas de Zamora, pero el jefe de gobierno no suelta prenda por ahora.
La disyuntiva para Macri pasa por dos andariveles: por un lado, a su propia imagen no le conviene mostrarse demasiado pegado a un candidato presidencial con un alto desgaste como Duhalde; por otro, la conveniencia personal de que no surja otro liderazgo opositor al kirchnerismo, de cara a la que parece ser (esta vez sí) la mayor chance del jefe de gobierno: la elección presidencial de 2015.
Pero el camino sigue mostrándose escarpado. Armar un partido a nivel nacional no pasa solo por “dar bien en cámara” y repetir libretos de los consultores de imagen. Hacen falta estructuras, bloques legislativos, intendentes, concejales, dirigentes, militantes, y hasta los siempre denostados “punteros”. Una presencia territorial que hasta ahora el PRO no ha tenido, más allá de ejemplos aislados en algunos municipios del Conurbano y las provincias de la pampa sojera.
Como aquel anciano protagonista de la película animada Up, Macri persigue con constancia y con prudencia su sueño mayor. Aspira a que esa nube de globos multicolores que adornaron su festejo, lo remonte por el cielo y lo deposite alguna vez en la senda de la Presidencia de la Nación. Mientras tanto, junta experiencia, triunfos y frustraciones, al frente de la mayor ciudad del país. Una ciudad, que al día siguiente de su triunfo, amaneció igual que el día anterior.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
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