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Ignacio Di Toma Mues
Marzo 2011
Año X | Edición N° 104
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Marzo 2011

El Centro de Salud y de Acción Comunitaria de Villa Pueyrredón tiene el honor de llevar el nombre del Dr. Ramón Carrillo, padre de la salud pública nacional, y, lamentablemente, olvidado e ignorado. Su mayor pecado fue haber sido el primer ministro de salud de la República Argentina desde el año 1945 hasta 1954. Murió en 1956, a los 50 años de edad, pobre y desterrado.
Por Ignacio Di Toma Mues
“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas” decía Carrillo y afirmaba que “las tareas de los higienistas no rendirán frutos si previamente no se consolidan las leyes obreras destinadas a dignificar la tarea en fábricas y oficinas, a mejorar sueldos y salarios y lograr los beneficios de jubilaciones y pensiones”.
“Cuentan los mitos que el peor castigo que los dioses podían infligir a un hombre no era la muerte, o el suplicio eterno. El castigo que estaba reservado a quien cometiera una falta en verdad grave era a no existir y, peor aún, a no haber existido nunca. De esta forma el condenado era literalmente borrado del futuro y también del pasado, es decir, la peor condena era el olvido” escribía Aldo Barberis Rusca en la introducción de su nota homenaje al Dr. Carrillo, publicada en nuestro periódico en su edición de septiembre de 2005.
“Ramón Carrillo habiendo nacido en el seno de una familia tradicional santiagueña, había llegado a ser un neurocirujano reconocido en el mundo entero” relataba Aldo y destacaba que “formado en la Universidad de Buenos Aires se perfeccionó en Europa y regresó al país para aplicar lo aprendido entre sus compatriotas. Como neurocirujano fue creador de la radiografía contrastada, un método de diagnóstico utilizado hasta nuestros días, y descubridor de estructuras cerebrales que llevan su nombre. También llevó su ciencia a los más pobres, conciente de que la salud es siempre un derecho y nunca un privilegio. Tal vez esto sea lo que llevó a decir a cierto médico radical que Carrillo no era neurocirujano sino ‘negro cirujano’. En la década del 30 participó de una envidiable mesa de café cuyos contertulios eran Homero Manzi, Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche entre otros. De esta mesa surgió la mítica agrupación FORJA.”
Perón, al llegar a la presidencia de la república, crea el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de la Nación y le dice a Carrillo “me parece increíble que tengamos un Ministerio de Ganadería que se ocupe de cuidar a las vacas y no haya un organismo de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente”.
En esos momentos la salud pública se encontraba en un estado calamitoso: falta de camas y hospitales, poco personal técnico, bajos sueldos, déficit de abastecimiento en rubros elementales, ausencia de sistema administrativo, inexistencia de seguros sociales, entre otras cosas. A todo esto había que sumarle los altos índices de mortalidad infantil, la tuberculosis que diezmaba a las poblaciones rurales y el paludismo, la fiebre amarilla y el mal de Chagas que afectaba a numerosas provincias argentinas.
Como primera medida, al asumir el cargo de Ministro, el Dr. Carrillo realizó un estudio integral de los problemas de salud en la República Argentina, que dio origen al Plan Analítico de Salud Pública.
El Plan establecía dos principios fundamentales de planificación:
La centralización normativa y la descentralización ejecutiva, la cual dio lugar a la participación directa, tanto de grandes Hospitales como de modestas Postas Sanitarias, cada uno dentro de su radio de acción, en tareas concretas de defensa de la salud popular. Para ello, Carrillo dividió el país en grandes áreas geográficas, delegando gradualmente funciones y atribuciones técnicas y administrativas en distintos niveles, lo que le permitió multiplicar los organismos de ejecución del Plan.
En dicho Plan estaba inserta la Teoría del Hospital, compendio doctrinario de los principios orgánicos sobre la conformación arquitectónica, técnica y administrativa del Hospital moderno. Pero Carrillo sostenía principalmente que ‘‘los hospitales no se organizaban a base de libros, ni a conocimientos estrictamente técnico-médicos, sino principalmente al conocimiento de la problemática social de la población que el establecimiento va a servir, y de la política sanitaria que se ha trazado un gobierno’’.
Los trabajos, que se llevaron a cabo por intermedio del entonces Ministerio de Obras Públicas, por la Subsecretaría de Construcciones del Ministerio de Salud y por la Fundación Eva Perón, darían como saldo la creación de 4.229 establecimientos sanitarios con mas130 mil camas. Esta extraordinaria labor tuvo como pilares a los dos brazos de la antiburocracia: Eva Perón y Ramón Carrillo.
Una de las grandes luchas sanitarias emprendidas por Carrillo fue la de disputarle palmo a palmo y casa por casa el terreno que había invadido el ‘‘Anopheles seudo puncti penni’’.
La campaña contra el Paludismo, que fue dirigida por el doctor Carlos Alberto Alvarado, fue uno de los mayores emprendimientos sanitarios realizados en el mundo hasta entonces, debido a la cantidad de técnicos, vehículos y equipos que se movilizaron; a la enorme superficie abarcada; a la coordinación; y sobre todo al espectacular resultado alcanzado: disminución de casos nuevos, de 300 mil en 1946 a sólo 137 en 1950.
Redujo drásticamente las afecciones por enfermedades venéreas, el índice de mortalidad por tuberculosis (de 130 por 100 mil a 36 por 100 mil) y la mortalidad infantil (de 90 por mil a 56 por mil). Además terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis.
Otro de sus grandes logros, superando las presiones de las multinacionales, fue la creación de EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos dedicada a abastecer a todos los establecimientos públicos del país.
La muerte de Evita, marcó el principio de su final como gran hacedor de la salud pública argentina. Así nos lo contaba Aldo en la nota anteriormente mencionada:
“Pero Carrillo no hubiera podido hacer nada de lo que hizo de no haber contado con el aval, la amistad y la colaboración de Evita. Todos los proyectos que salían del Ministerio eran tomados y llevados a cabo por la Fundación Eva Perón, juntos poblaron la nación de salud pública, gratuita e indiscriminada.
La muerte de Evita lo puso en manos de los sindicatos, aquellos que quisieron quedarse, y se quedaron, con el negocio de la salud a través de las obras sociales. Carrillo no quiso ser cómplice y dejó el gobierno (1954). Tal vez viera en el futuro lo que es hoy la salud pública en la Argentina.
Perón solo le otorgó al viejo amigo; de quien, junto con Evita, fuera padrino de boda, un cargo de compromiso en Estados Unidos; lejos de las intrigas, las envidias y, sobre todo, de los intereses con los que Carrillo no transaría jamás. La revolución del 55 lo encuentra trabajando para una empresa minera norteamericana en Brasil.
Solo, enfermo, abandonado; pero no olvidado, atiende gratis en el destartalado hospital de «Belén do Para» en un consultorio improvisado debajo de una escalera, y viaja por río al centro del Matto Grosso para atender al personal de la mina.
Las autoridades militares no lo olvidan, ni le perdonan haberle dado salud a millones de descastados. Ensucian su memoria, roban sus bienes y pretenden del gobierno brasileño una deportación que no logran.
Carrillo muere de un ataque de presión en su humilde casa del nordeste brasileño y, entonces si, al destierro se le suma el olvido, para cerrar el lazo de la peor ignominia que a un hombre se le puede hacer.
Afortunadamente los criminales no son nunca gobernantes legítimos, nunca logran que sus deseos se cumplan totalmente.
A pesar del olvido, del plan de ‘desperonización’ y de las calumnias, los grandes hombres viven en sus obras y guardados en algún remoto cajón de la memoria del pueblo al que pertenecen.
Ramón Carrillo hoy se sienta a la mesa de un café con sus viejos compañeros y los nuevos: Manuel Ugarte, el Cura Mujica y sus compañeros del Tercer Mundo, Castelli y los jacobinos de 1810, John William Cooke y todos los que hicieron de la militancia política un compromiso intelectual”.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra";
y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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