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Mayo 2012

Director Propietario & Editor Responsable

Ignacio Di Toma Mues


Junio 2011
Año X | Edición N° 107

Estación Villa Pueyrredón

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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON

Tapa Periódico Junio 2011

Edicion Junio 2011


Toda la cultura en un grano de cebada

Cuando el hombre por primera vez guardó una semilla para sembrarla al año siguiente con el objeto de asegurarse la provisión de grano en un lugar cercano y no tener que andar revisando toda la pradera a merced de los animales salvajes, estableció la primera creación humana: la cultura. Todo lo que vino después, desde la religión hasta el rock, surgen de este primer hecho casi insignificante que dio origen a la revolución agrícola.

Pareja de Tango en la cebada

Por Aldo Barberis Rusca

Tener una semilla (o una tinaja, un cuenco o una bolsa de semillas) de cebada, no equivale a tener en un tiempo más o menos breve una planta de cebada que, a su vez, brindará mas grano para preparar la polenta primordial.

Tempranamente el humano se percató de que no siempre que se sembraba una semilla germinaba, que no siempre que germinaba prosperaba y que no siempre que prosperaba daba frutos. Todo dependía de una gran cantidad de factores y que sobre algunos de ellos se podía tener ingerencia y sobre otros no.

El primer factor era el momento. Si se sembraba demasiado temprano o demasiado tarde la plantita recién nacida podría tener demasiado sol, o demasiado frío o, sencillamente, no germinar.

Llegado este momento es importante aclarar que si a alguien se le debe el origen de la civilización y de la cultura es a las mujeres; ya que si por los hombres hubiera sido nuestros antepasados hubieran seguido alimentándose del fruto de su caza y de la recolección.

Fueron las mujeres seguramente las primeras en comprender que hay un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar, y en mirar la luna y las estrellas y en relacionar sus evoluciones cíclicas y su relación con los períodos agrícolas.

La agricultura fue el origen de la primera creación cultural de la humanidad: la religión.

La magia y la religión fueron los primeros intentos de explicar los fenómenos naturales y, aunque parezca una locura, no estaban tan lejos de nuestra manera de hacerlo.

Cuando nuestros antepasados observaron que una planta necesitaba agua para crecer y que el agua provenía de la lluvia y que la lluvia venía precedida de un trueno, supusieron que el trueno era el causante de la lluvia; por lo tanto para hacer llover había que hacer ruido. Los primeros intentos de incidir en la naturaleza consistieron en golpear fuertemente un tronco hueco o sacudir piedras dentro de una calabaza lo cual constituye el primer esbozo de pensamiento científico (principio de causa y efecto: si la causa de la lluvia es el ruido del trueno, al hacer un ruido similar obtendré un efecto similar) y el primer esbozo de música.

Pero no todo era llover, el grano encerraba en sí un misterio mucho más profundo, como lo era su muerte y su resurrección.

Si los hombres, o las mujeres, primitivos enterraban un grano de cebada (que se supone fue el primer cultivo) al poco tiempo el grano ya no estaba y en su lugar aparecía una planta que daría mas granos. Había muerto para resucitar y multiplicarse.

Este misterio es el que dio origen a todas las religiones.

El simple hecho de enterrar una semilla en la tierra es lo que dio origen a toda la cultura humana, tanto es así que el propio termino “cultura” está relacionado con el cuidado de los campos. Diez mil años después la cultura ha adquirido un significado mucho más amplio.

Según la UNESCO “en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias… Que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.” (UNESCO, 1982, Declaración de México)

Es decir que la cultura es lo que somos, lo que nos identifica como humanos y a su vez lo que nos diferencia entre nosotros. La cultura es nuestra identidad.

Generalmente tendemos a creer que la cultura está relacionada con el arte y, específicamente, con cierto tipo de arte. Un arte académico y convenientemente alejado de lo popular. Y lo popular se lo asimila, convenientemente también, a lo chabacano y al mal gusto.

Días pasados me quejaba yo amargamente del cierre de una sala de cine sobre la avenida Rivadavia en un foro de Internet.

El cine en cuestión era lo que quedaba del viejo Cine Moreno de Caballito y se componía de dos pequeñas salas donde se proyectaban películas del llamado “cine arte” y algunas que no tenían salida por los circuitos comerciales.

Mi queja se centraba en el incumplimiento, por parte del Gobierno de la Ciudad, del artículo 32 de la Constitución porteña que dice:

“La Ciudad distingue y promueve todas las actividades creadoras. Garantiza la democracia cultural; asegura la libre expresión artística y prohíbe toda censura; facilita el acceso a los bienes culturales; fomenta el desarrollo de las industrias culturales del país; propicia el intercambio; ejerce la defensa activa del idioma nacional; crea y preserva espacios; propicia la superación de las barreras comunicacionales; impulsa la formación artística y artesanal; promueve la capacitación profesional de los agentes culturales; procura la calidad y jerarquía de las producciones artísticas e incentiva la actividad de los artistas nacionales; protege y difunde las manifestaciones de la cultura popular; contempla la participación de los creadores y trabajadores y sus entidades, en el diseño y la evaluación de las políticas; protege y difunde su identidad pluralista y multiétnica y sus tradiciones.

Esta Constitución garantiza la preservación, recuperación y difusión del patrimonio cultural, cualquiera sea su régimen jurídico y titularidad, la memoria y la historia de la ciudad y sus barrios.”

Ante esto un participante del foro alegaba que si los vecinos de Caballito prefieren el cine “popcorn” al cine de arte, no es un problema del gobierno.

Esta transferencia de la lógica de mercado a la cultura es mucho más habitual de lo que se piensa y es la responsable de que hoy la mayor parte de los espectáculos estén destinados a la captación de público sin medir la calidad de lo que se le ofrece.

El gobierno, sea municipal, provincial o nacional; tiene la obligación de instrumentar los medios para que todas las expresiones culturales estén a disposición de los ciudadanos, así no sean rentables en términos económicos. Y, sobre todo, debe asegurar que los argentinos tengan acceso a la cultura que les es propia.

Lejos estoy de proponer que se cercene la libertad de elección o de que se privilegie lo “nacional” por sobre lo extranjero; mucho menos propongo se impida o limite la difusión de cualquier forma cultural.

Pero es fundamental que el estado, cumpliendo con el mandato constitucional asegure que toda expresión cultural tenga canales de difusión eficientes e idóneos.

Contrariamente a esto el Gobierno de la Ciudad ha fomentado una cultura porteña “for export”, orientada al turismo, alineada con el Ministro de Cultura, Hernán Lombardi, que es empresario turístico y nada tiene que ver con la cultura, al menos con la porteña.

Mientras tanto cierran cines, espacios para hacer música, no hay fomento al desarrollo cultural y una sobreactuación en hechos de una frivolidad apabullante.

La cultura es la identidad, y la identidad es lo más valioso de una sociedad, lo que la distingue de otras, lo que la hace única. Y es por eso que se la debe defender desde todos los ámbitos.

La cultura es la identidad, repetimos, y nos preguntamos cuál es la identidad de quienes hoy están gobernando esta vapuleada Ciudad de Buenos Aires.



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