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Ignacio Di Toma Mues
Septiembre 2011
Año X | Edición N° 110
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Periodico
EL BARRIO VILLA PUEYRREDON
Edicion Septiembre 2011
Con Liliana Vázquez pasa algo muy particular, es difícil encontrarla sin que esté haciendo algo: secretaria del Área Programática del hospital Tornú, directora de los “Villurqueros”, coordinadora del grupo de payasos hospitalarios esTORNUdos y “activadora” de todo tipo de acciones barriales y comunitarias.
Por Ignacio Di Toma Mues
Callejeando…
Su gran amor es el teatro, el callejero, el que cuenta “nuestras propias historias” a decir de Liliana Vázquez.
Dejó el teatro de sala (el de caja lo define ella) y pasó al afuera, ese que interactúa con los espectadores hasta que estos mismos pasan a ser parte de lo que se cuenta.
“Me gané el odio de algunos compañeros que creían que traicionaba lo mejor del arte para irme en pos de una locura callejera” asegura Lily la villurquera.
Vila Urquiza tiene una particularidad muy especial con respecto al teatro callejero: éste se desarrolla casi por completo en los barrios situados de Av. Rivadavia al sur, podemos decir que los Villurqueros son la excepción.
Liliana empezó a estudiar teatro en un año complicado para estos menesteres: 1976.
“Recuerdo que fuimos con quien hoy es mi marido (Oscar Sakkal, integrante de los Villurqueros) nos íbamos a anotar en la escuela de teatro municipal y uno de nuestros compañeros nos dijo que había mucha censura, muchos problemas, los mejores profesores estaban silenciados o exiliados y que se había anotado en la escuela de Teatro del Centro de Manuel Iedvabni (uno de los más destacados directores de teatro de la argentina) donde estaba un grupo de gente muy talentosa. Nosotros también nos anotamos”.
Liliana formó parte de la apertura del Galpón del Sur, ubicado en Humberto Primo y Entre Ríos. “Esto fue en los años ’80, ahí estaba la gente de Manolo Iedvabni. Cuando volvió del exilio Norma Briski hizo su vuelta triunfal ahí, fue su primera actuación en la ciudad… nosotros estábamos ahí formando parte de la movida del teatro popular, de Teatro Abierto y de la resistencia de la cultura”.
La movida del teatro callejero comienza con el fin de la dictadura.
“El grupo de teatro callejero, Para la libertad, hace Juan Moreyra y todas esas obras que tenían que ver con lo que nosotros pensábamos… esta gente marca el afuera” nos cuenta Lily, y agrega “mis compañeros eran de teatro de sala, era muy difícil convencerlos, estaba mal visto que te gustara el teatro callejero, era considerado de otro nivel, no era serio”.
El teatro serio, asevera, era lo que había estado recibiendo hasta ese entonces: “trabajábamos con memoria emotiva, la acción física, Grotowski y mucho Berthol Brecht… a mí me encantaba, pero me gustaba el teatro popular” y afirma: “el teatro de sala pequeño burguesa, con cuatro espectadores, no me gustaba y empecé a buscar otras alternativas”.
Esa otra alternativa los fue a buscar a ellos a la escuela de teatro donde estaban formándose, era el grupo de López Vidal: “... una melange de teatro de caja y popular, más callejero y me fui con él. Me gané el odio de algunos compañeros que creían que traicionaba lo mejor del arte para irme en pos de una locura callejera”.
El teatro callejero es el equivalente al trovador o juglar de la edad media, que iban cantando y contando historias, llevando historias de pueblo en pueblo.
“Ese es el origen del teatro, nace en el afuera, el de la corte del rey es el teatro del rey, haces el teatro que quiere el rey”.
El del afuera, ese que le gusta a Liliana, es el que se burlaba del rey: “... se burlaba del orden establecido, de la religión… el actor estaba mal visto en esos tiempos y no era enterrado junto a la gente decente, llevaba el castigo de ser actor, el saltimbanqui era castigado, era un hereje”.
A fines del 2001 el pueblo más que burlarse del rey salió a pedir que se vayan todos y en ese escenario se produce el parto de “Los Villurqueros”.
Liliana recuerda que “ese año estaba dirigiendo teatro por pedido de unos compañeros que querían hacer una obra de teatro de caja y realmente me pesaba mucho, empecé contenta y terminé cansada… le dije a mi marido ‘voy a hacer solo lo que quiera hacer’ y dejé el teatro. Vinieron las asambleas, los cacerolazos y nos encontramos con gente más loca en la calle, más interesante”.
Participa de la comisión de cultura en la asamblea de Villa Urquiza pero, nos dice, no arrancaba ni para atrás ni para adelante. Un día, a fines de 2002, se plantó y dijo “basta para mi” y se puso a hacer teatro con Oscar (su marido): “... el que tenía ganas de hacer y me siguieron dos o tres locos, que siempre hay, no teníamos ni lugar para ensayar”. Nacen así los Villurqueros.
Eran tiempos de la lucha por la recuperación del Teatro 25 de Mayo.
“Empezamos a hacer las postales Villurqueras, reclamar por el cine y nos dimos cuenta que la gente nos respondía”.
Durante el año 2003 y 2004 estrenan varias obras: “Esperando a Gardel”, “María y Luigi un amore per tuta la vida”, “Avanti las mujeres de la villurca” (cuenta la historia de la huelga de las obreras de la fábrica Avanti), “La fiesta de la Antonieta” y “Romance del Polaco”.
Sus presentaciones son acompañadas con la participación de los vecinos: “... la gente se nos mezclaba y terminaba opinando, pasaba a formar parte del teatro, eso es lo más lindo, éste es el teatro que quiero, que el otro deje de ser espectador, que se meta con vos en la historia, es lo más difícil y sin embargo el teatro comunitario lo logra”.
Los Villurqueros, a diferencia de otras compañías que hacen teatro popular y callejero, se define como comunitario.
“Tomemos el caso de (Héctor) Alvarellos (La Runfla, en Parque Avellaneda). Él hace teatro popular y callejero, pero es de actores, nosotros, sacando los que conducimos que tenemos formación, somos de vecinos (hay sólo dos actores en el grupo) que se van formando contando su propia historia. El teatro popular y callejero utiliza una obra de teatro y la recrea y la hace en la calle, nosotros no, nosotros contamos nuestra historia. El vecino que viene le agrega esa parte a la obra que va construyendo el grupo, el grupo va contando lo que quiere contar”.
Desde el mes de agosto están haciendo en el Teatro 25 de Mayo la obra “Avanti la Villurca”. Don Pancho y Don José, el tano y el gallego, sacan sus sillas a la vereda y la historia del barrio comienza a tomar vuelo: la llegada del tren, los remates de tierras, la huelga de las mujeres de Avanti, el cine teatro 25 de Mayo, la fábrica Grafa.
“Vamos a estar hasta diciembre, nos permitieron hacer 5 funciones, una por mes, nos quedan cuatro. (4/09, 16/10, 11/11 y 4/12 a las 18.30 horas).
Alejandro Casavalle, director del 25 de Mayo, se impresionó con la participación de la gente: “...cuando termina la obra hablamos con la gente, ‘mi mamá trabajó en Avanti y eso era lo que me contaba’, nos dijo una señora y otra nos pedía ‘cuenten lo del tren de los lecheros’… y sí, el tren de los lecheros está, hay una partecita mínima, pero está, la obra se va transformando porque cada vez que alguien opina algo o cuenta algo hace que después sea diferente”.
Contando la historia de Grafa…
“Ya tenemos la primera escena, estamos trabajando en eso y tenemos muchas discusiones y eso es lo bueno. Discusiones sobre si Grafa era buena porque daba mucho trabajo, si eran abusadores porque se abusaban de los obreros… se dan esas cosas”.
Liliana cuenta que esta obra empiezan contándola desde un lugar poético: “... tiene que ver con el relato de uno de los obreros de Grafa que vino del Chaco y hace el traspaso de hachero a obrero, es muy fuerte. Nosotros tomamos eso, años ‘30 o ‘40, cuando el trabajador rural viene a la ciudad, porque hay hambre y abuso en el campo, la mujer viene a trabajar de sirvienta a la gran ciudad… la primera escena es ese traspaso: del campo a la ciudad, del peón rural a obrero, y la mujer de sirvienta a obrera, es un homenaje a nuestros viejos”.
Son tiempos, relata Lily, donde la mujer cambia sus costumbres: “empieza a haber peluquerías, la mujer comienza a vestirse de otra manera, a imitar ciertos modelos… queremos contar que era trabajar más allá de la Grafa”.
Estarán las luchas obreras, las distintas etapas que atravesó el país, los dos primeros gobiernos peronistas (del ’45 al ’55) y lo que vino después, la desindustrialización del país cuando este ícono que fue la Grafa, que llegó a dar trabajo a más de 5 mil trabajadores, terminó convirtiéndose en un hipermercado.
“Es una parábola terrible, esto genera discusiones, generan bajas también, hay gente que decidió no trabajar con nosotros porque no soporta, por ejemplo, el tema de los desaparecidos (14 delegados de Grafa están en esa condición) que nosotros vamos a tocar… porque se habla de teatro comunitario como algo comprometido pero divertido, entonces parece que lo divertido tiene que tapar lo comprometido y nosotros decimos ‘no sé como lo vamos a tratar con humor’ porque no hay humor posible para trabajar, pero es un desafío y lo vamos a trabajar”.
La obra abordará también las luchas contra los sindicalistas corruptos: “porque no nos olvidamos que los (delegados) desaparecidos que tiene Grafa son todos de la lista opositora a Casildo Herrera (gremialista textil, en ese entonces Secretario General de la CGT)”.
A los esTORNUdos…
Como expresamos al iniciar esta nota, Liliana tiene distintas facetas que finalmente construyen una sola. Como promotora de salud y secretaria del área programática del Hospital Tornú, departamento bajo la jefatura del Dr. Jorge Fontenla, armó y coordina la juegoteca en salud.
“Trabajamos con todo lo que tenga que ver con arte y recreación pero para hablar de ‘cuidados’ tanto en el adulto mayor - hablamos de alimentación, de violencia – como con adolescentes y chicos. Tenemos distintos grupos, trabajamos mucho con niñez en riesgo’’
Liliana, igual remarca que sus acciones principalmente se desarrollan en la sala de espera, hablando con la gente sobre los derechos a la salud y acota que “acá se hace todo lo que es salud escolar, prevención, se trabaja mucho con el afuera, con la comunidad”.
El grupo esTORNUdos nace de los Villurqueros, es un grupo de payasos hospitalarios integrado por pacientes, enfermeros, médicos y Liliana es su mentora. “Hacemos intervenciones locas, por ejemplo, hablamos de integración y hacemos una escena donde ponemos la discriminación en la atención de la salud, a veces ridiculizamos la mala atención, pero con tanta propiedad lo hacemos, ya que somos nosotros mismos, que genera reflexión. Lo llevamos por distintos lugares, armamos debates, tanto con pacientes como con los que quieran participar. Nos han invitado de otros hospitales”.
Trabajan donde hay gente internada, pero mucho más en la sala de espera y en distintos lugares donde se necesita abordar una problemática puntual. “Con el tema del dengue fuimos al playón de Chacarita (un asentamiento donde viven cerca de 800 familias) y armamos una campaña de una manera divertida, estaba vestida de mosquito y a la enfermera de clown”.
Por último, ya terminando la charla, Liliana sentencia “todo lo que entra a través de lo artístico tiene más chance de sobrevivir, de llegar con un mensaje más claro”.
Mural reivindicativo de la lucha de las MADRES DE PLAZA DE MAYO
Salón de actos del establecimiento que en Villa Urquiza alberga al Liceo Nº 11 "Cornelio Saavedra";
y a los Colegios Nº 12 "Reconquista" y Nº 16 "Guillermo Rawson"
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